Diálogo: El SIDA del cuerpo social

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Los seres humanos andan acelerados, erráticos, sin el control de la razón y la voluntad. Se guían por el capricho y el impulso, capaces de conductas brutales.

Morelia, Michoacán, 11 de febrero de 2018.- El ser humano se muestra desatado, agresivo, irracional: no respeta las normas, invade el derecho de los demás, agrede, no acepta correcciones.

Se acabaron las barreras y señalamientos que normaban la conducta humana y permitían una convivencia social armoniosa.

La sociedad se convierte en jungla, priva la ley del más fuerte, la arbitrariedad y la crueldad refinada, hasta límites insufribles.

El cuerpo social está invadido de virus y bacterias y ha agotado sus reservas. Los médicos andan jugando en la carrera de los huesos, totalmente distraídos.

Es alarmante cómo se comete la maldad, sin brizna de vergüenza, con descaro y cinismo. Impunemente se pisotean las leyes, los principios. Se perdió la sindéresis, la rectitud en la conciencia colectiva, se pisotea la ley sin el  menor escrúpulo. Es la barbarie. El cuerpo no se defiende, ha perdido todas sus defensas.

Es escalofriante la frivolidad, los motivos por los que se mata, hasta por $1000 y la crueldad absurda inexplicable con que descuartizan y mutilan a los hermanos.

Es muy triste y desgarrador, para llorar como por un ser querido totalmente infectado, sin defensas, sin médicos responsables ni medicamentos. Surge un sentimiento de desconsuelo por la pérdida de valores preciosos.

Las manifestaciones están por todos lados: el año pasado los asesinatos cobraron más de 29,000 vidas…

Las causas: los hombres se han soltado de Dios, se han perdido los valores, los principios, las leyes que fundamentan el orden, la seguridad, la tranquilidad., Estamos en un Estado fallido.

El hombre pierde su calidad humana, no se guía por su inteligencia y su voluntad para hacer el bien y evitar el mal.

El panorama es desolador, la corrupción y la perversión parecen dominar todo, todos parecen permitirse hacer el mal. Ha desaparecido la fe y la moral en la ciudad y el campo, en toda la redondez de la tierra

Hay un sentimiento de pérdida de algo querido, más precioso que los bienes materiales y los fajos de dólares, de inseguridad.

Necesitamos recuperar los valores verdaderos dejando las modas pasajeras que deslumbran, desvían y destruyen.

Es todo el edificio de valores que debemos rescatar, el código de moral. Hay individuos y grupos que defienden grandes valores, como los ecologistas, los promotores de la justicia y la paz, los defensores de los auténticos derechos humanos, no de intereses particulares de grupos subversivos.

Aquí me detengo en un valor central, que sostiene el universo y lo conduce con sabiduría, Dios. Es un tesoro escondido para quienes siguen al Dios verdadero y no imágenes borrosas o deformadas ni caricaturas. Es una roca radiante e inconmovible.

Hay que ir en alianza con él.

Él envía a la humanidad al Mesías que sana de milagro al hombre y lo hacen nuevo. En El, en su divina revelación podemos recuperar la conciencia moral y las leyes que establecen el derecho y la justicia. Ahí recuperamos las prohibiciones, dadas en el código natural del hombre y del universo: el principio del bien y del mal, la interdicción de matar. No podemos echarle a perder su proyecto Dios por soberbia, falso sentido de la autonomía y dignidad del hombre.

El camino que lleva a Él es estrecho pero claro y seguro. El guarda todo en un orden perfecto, cosmos y en una convivencia social pacífica, armoniosa. Con el salimos de la corrupción, de los crímenes e inseguridad, de la falsedad y tiranía de las pasiones egoístas y perversas. Así rompemos el túnel de la crisis y el sufrimiento para ver cielos más limpios y claros, aires más puros, ambientes más tranquilos.

Así aparecerá el hombre sabio y exitoso, capaz de una convivencia social segura y armoniosa. Así reaparecerá el hombre de excelencia, que sabe usar su libertad cumpliendo las leyes, haciendo el bien conforme a un código de ética, amando y sirviendo a los demás en la civilización fraternal. Conocerá, amará cumplirá la ley divina y natural que el Creador grabó en el ser humano, como un instructivo.

Esa visión, hermosa como un sueño es imposible para los hombres infectados de mal, pero no para Dios. En alianza con Dios, podemos vencer la corrupción e inseguridad y alcanzar los vientos de progreso y bienestar en la paz.