Editoriales

Diálogo: Para el cambio, hombres nuevos

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Nos decimos uno democracia, y es hora de que el pueblo en cada ciudadano cumpla su deber, empezando por elegir a los que valen y rechazar a los corruptos

Morelia, Michoacán, 07 de mayo de 2018.- Es el momento de defender nuestro bien y el de los demás, con sentido común, madurez, con un criterio bien formado, apoyados en los grandes principios y valores de nuestra rica cultura humana y cristiana.

Los militantes de un partido pueden luchar por sus candidatos e intereses y votar por ellos, todos los demás debemos elegir por encima de colores, privilegios, ideologías absolutamente libres. Debemos votar por el candidato de persona probada e íntegra, poner el bien de las multitudes pobres por encima de ventajas de la casta privilegiada y de los ambiciosos del poder.

No podemos decidir por fanatismo a favor de un falso mesías o por ser ignorantes. No podemos ser un pueblo de agachados que los grandes manipulan y desprecian y luego desechan como cosa desechable. Los actores electorales en sus campañas manipulan, engañan, sacan el voto y se alzan triunfadores en una elección con vicios de origen. Otra vez comienza la historia con los mismos vicios de la clase dirigente y el mismo sufrimiento de los pobres en la descomposición social.

Tenemos más de 200 años proclamándonos una democracia, una república. Las afirmaciones no han correspondido la realidad. Hemos avanzado tal vez en la retórica hueca, en los discursos seductores, en las mañas para ganar elecciones. No hemos avanzado, en algunos aspectos hemos retrocedido. ¡Dos siglos perdidos!

No salimos de la política ficción. Todos prometen un paraíso, absurdamente se creen el creador que con su palabra hace brotar seres de la nada: “vamos acabar con la corrupción”, vamos a derramar mucho dinero acabando con las empresas que producen los bienes materiales y dan al gobierno el dinero de los impuestos.

Hay un terrible vacío, una necesidad que clama al cielo y que candidatos y partidos ignoran: ¡NECESITAMOS HOMBRES NUEVOS, SUJETOS NUEVOS. El ser humano es la célula de la sociedad, es el sujeto del cambio, de la “transformación” que alguien promete sin haberse transformado él mismo, sin reconocer en su persona la corrupción del poder, que se cree ya la nueva mafia del poder.

Con sujetos corruptos nada va a cambiar en, la descomposición social, nuestras desgracias van a ir en aumento, seguiremos en caída libre en el caos, en el vacío de ley y el imperio del crimen con las complicidades que matan y despojan.

Para el cambio, el grito del Maestro más grande de todos los tiempos sigue vigente: ¡conviértanse! Líbrense de la tiránica pasión del poder y de las grandes riquezas fáciles, llenas de inmundicia.

Exijan a los candidatos que sean personas nuevas, coherentes, honestas, que acepten sus errores y los crímenes de su partido.

Un signo es la humildad que oye las críticas y asume las faltas pasadas. Así se reconocen como hombres limitados y falibles. Es sabio quien sabe decir: me equivoqué, perdona.

Ya basta de discursos, se necesitan hechos. Los candidatos deben dar prueba de su condición nueva de hombres honestos y sinceros, no con engaños, con algunas obras de relumbrón y presentadas con un lenguaje ampuloso.

No podemos dar un cheque en blanco a un desconocido ni a reconocidos mañosos como es la clase política, necesitamos algo más que fianzas y avales dudosos. Se trata de confiar la gestión de nuestras riquezas, seguridad, bienestar y vida. Debemos ser serios y responsables en este poder precioso que tenemos en manos: poner a nuestros gobernantes.

Los candidatos hablan de transformación, pero en su proyecto no entra la transformación personal, es la misma cerrazón, autoritarismo, falta de autocrítica de siempre. Se creen y se presentan como una raza de santos, impecables, de héroes, el uno se presenta como fuente de purificación de los corruptos de abajo. La transformación empieza por uno mismo, no en las declaraciones sino en los hechos. ¡Se necesitan hechos de conversión, de vida nueva!

La transformación en hombres nuevos empieza por uno mismo, para ser honestos debemos reconocer nuestra corrupción y convertirnos al bien. Es el paso simple pero imposible para el hombre sin la ayuda de Dios.

Urgen ciudadanos transformados para que la nación cambie. México es el país más corrupto por obra de todos. Si nos volvemos honestos no toleraremos a los candidatos falsos y corruptos.

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