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Diálogo: Servir a los pobres e ignorantes

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Lo importante en los proyectos de gobierno no es el dinero que van a repartir y la solución de algunos problemas, es el servicio a la persona humana

Morelia, Michoacán, 01 de junio de 2018.- Vivimos un momento de trascendencia histórica, debemos hacer nuestro aporte. ¡Urge despertar a los mexicanos! Que sean conscientes de su dignidad, que no se dejen embaucar, fanatizar pueblos falsos mesías. Deben votar por el bien de todos los mexicanos, lo votar por una ideología o por un partido. ¡México es primero!

Los candidatos prometen bienes que alargan a la gente: inversión en millones de dólares, dinero gratuito en abundancia para todos, huesos suculentos para quienes se aten al carro de la victoria, sin importar que sea un tirano.

Las propuestas de los candidatos presidenciales y de todos brotan espontáneas, como ocurrencias, un forman parte de un proyecto estructurado para servir al bien común.

Se promete solución a los problemas según el medio en que se predica, según el pueblo o ciudad. Falta jerarquizar y estructurar los problemas. ¿Tienen un criterio para jerarquizar los problemas y ordenar las respuestas, ¿cuál es ese punto de referencia?

Ciertamente buscan el bien del candidato y del partido, es una motivación no confesada. O buscan hacer mucho dinero para que florezca la macroeconomía y el bien de la ínfima minoría que concentra la riqueza del país. Muchos piensan que la economía es todo, que el tener bienes en abundancia es todo. Es una visión parcial y fragmentada del hombre.

Los candidatos son pragmáticos, nuestra el vacío de un pensamiento más profundo, falta una visión integral del hombre, de la sociedad, de la Nación. Sus propuestas son muchas veces desarticuladas, aisladas, según las circunstancias, oportunistas.

Responden a los problemas inmediatos más sentidos por la gente, buscan dar respuesta a descontento y hartazgo por la gestión torpe y perversa muchas veces del gobierno. Pero no hay una respuesta integral con las acciones verdaderamente urgentes, jerarquizadas que exigen los mexicanos para salir de la corrupción y tomar el camino del progreso y la vida digna.

En un sistema de valores, el más alto está representado por la persona humana, el ser que Dios formó por sí mismo, el ser más perfecto de la creación, el único dotado de inteligencia, voluntad y afecto. A él se ordena la gestión de la cosa pública y todas las actividades sociales.

Su valor está por encima de todas las fortunas en dólares y los más grandes negocios. La persona más importante que los bienes inmediatos que prometen los populistas, vale más que las cuotas de poder y las fortunas que buscan los líderes.

Para no perdernos en el insulto número de propuestas de los candidatos, tantas veces superficiales o vanas o absurdas de los candidatos tenemos el punto de referencia de la persona humana: se debe buscar primero salvaguardar sus derechos y promover su bien íntegro, del cuerpo y del espíritu.

Cada mexicano debe evitar que se atente contra ella: engañándola, manipulándola en aras del bien de los líderes y de la clase de privilegiados.

Es por ejemplo es un atentado aprovecharse de su ignorancia en los acarreos, en la compra sus credenciales de elector en tantos delitos más contra la dignidad de la persona.

Se debe buscar su bien, en lo individual y en lo social, es el punto de referencia de todas las propuestas de los candidatos. Es uno hacen los populistas que ofrecen bienes fáciles, placenteros, inmediatistas para llevarlos a entrar en su borregada y hacerlo servir a los intereses facciosos.

Con este criterio podemos valorar las propuestas de los discursos de campaña, detectar la falsedad y las patrañas y exigir que se atiendan las verdaderas urgencias, como el cambio climático, la complicidad con los criminales, la impunidad y el vacío de ley, etc.

Los buscadores de poder, que quieren gobernarnos, deben ser sinceros y honestos, decir lo que piensan realmente y  no pronunciar palabras bonitas para envolver a los humildes y utilizarlos para sus fines mezquinos.

Hay que descifrar el lenguaje de los populistas: para decir “yo”, dicen México. Para decir “mi obsesión de poder” dicen “voy acabar con la corrupción”. La garantía del cambio la construyen sobre retórica falsa y gastada, “no les voy a fallar, pueden confiar en mí”,  ¿Cómo creerte si perteneces a la misma clase política, no ves tus defectos y quieres ser el nuevo patrón de la Mafia del Poder.

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