El debate democrático en tiempos de la “Cuarta Transformación”

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El autor, Jorge Luis Hernández Altamirano, es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México

El autor, Jorge Luis Hernández Altamirano, es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México

Ante una oposición desagregada y ensimismada ante la cruenta derrota, urge que los ciudadanos demos batalla a la nueva hegemonía, no sólo para derrumbar sus ideas fuera de lógica, sino para obligarle a mejorar

Morelia, Michoacán, 24 de agosto de 2018.- El fin de la jornada electoral ha dejado un sabor más o menos grato entre la mayoría de la población. El triunfo incuestionable de López Obrador, sostenido entre otras cosas por el hartazgo popular ante malas administraciones que hicieron gala de los peores vicios del sistema político mexicano -corrupción, nepotismo, influyentismo, ineptitud, irresponsabilidad -, ha ganado más adeptos desde aquel 1° de julio. Las encuestas de Mitofsky y Reforma confirman el optimismo de la comunidad, “la economía, seguridad y calidad de gobierno mejorarán en uno o tres años” sentencia la vox populi.

La fortaleza de treinta millones de votos, el mandato sin contrapesos, el clima social y la camaradería de los grupos empresariales, entregan un régimen fortalecido que un día sí, y el otro también, dictan planes, prometen cambios y sueñan con grandes transformaciones. Esa misma fuerza ha visto emerger a cientos de figuras que ayer en la Academia y redes sociales, y recientemente también desde espacios en los medios de comunicación tradicionales, emprenden a veces la defensa contra las críticas al futuro gobierno, otras la pedagogía para que entendamos el calado del momento histórico que estamos viviendo.

Quienes no simpatizamos con la opción mayoritaria también nos apresuramos a entrar en el rol: derrochamos tinta, saliva y tuits para destacar porque tal o cual propuesta lesiona los derechos de libertad, cuando ni el propio equipo de gobierno tiene claro el proceso de implementación de la idea enunciada; advertimos intentos de autoritarismo y el regreso de las peores prácticas del partido hegemónico en ocurrencias que, seguramente, no sucederán en el gobierno que, por lo demás, se ha comportado muy pragmático con sus decisiones: sirva de ejemplo la “consulta” hechiza del aeropuerto.

Y es que, en ambos lados de la discusión, exageramos las virtudes o peligros de la nueva clase gobernante, considerando a todos adalides de la democracia o, por el contrario, feligreses del más rancio nacionalismo revolucionario. Algo, en el fondo, nos une: la creencia de que el Ejecutivo Federal tiene un poder cuasi divino sobre nuestras vidas, la idea de que por obra y gracia del “Señor Presidente Licenciado” el país se puede transformar en potencia mundial en un sexenio o, por otro lado, destruirlo y caer en hambrunas y catástrofes humanitarias.

Es tiempo de pensar el poder como un fenómeno complejo. En los últimos años, los mismos señalados por el credo de Morena como los de tragedia nacional por la adopción de un modelo económico neoliberal, el entramado institucional se ha fortalecido, diversificado y ofrecido nuevos canales para la concreción del principio fundamental del liberalismo político: la contención del poder frente a los ciudadanos.

En este orden de ideas, las intenciones del próximo Ejecutivo de consultar a la ciudadanía para la toma de decisiones deberían ser recibidas por propios y extraños como una buena noticia, naturalmente cuando estas cumplan con los requisitos legales que garanticen su validez. Más allá de las condiciones técnicas, números y mecánica de suelos, los ciudadanos han reclamado en las urnas que exista un sistema del que puedan sentirse parte, que las decisiones no se tomen entre unos cuantos con racionales ajenos al interés de la mayoría.

Los opositores a AMLO, debemos asumir con mucha alegría la posibilidad de emprender un debate serio y ofrecer alternativas a los proyectos oficiales que consideramos completos o desacertados. A todos beneficiará un estado de las cosas en el que el ciudadano promedio esté enterado e interesado de las grandes decisiones nacionales, nadie pierde con más democracia ni con una ciudadanía de mayor calidad.

La Cuarta transformación que ha prometido MORENA es imposible sin un amplio apoyo popular que va mucho más allá de las urnas y, en caso contrario, la destrucción de la estabilidad del país, será imposible sin la complicidad de los mexicanos.

Al alcance hay muchas herramientas: consultas populares, presupuestos participativos, derecho de petición, organismos garantes del derecho de petición, auditorias ciudadanas, organizaciones civiles y un larguísimo etcétera.

Ante una oposición desagregada y ensimismada ante la cruenta derrota, urge que los ciudadanos demos batalla a la nueva hegemonía, no sólo para derrumbar sus ideas fuera de lógica, sino para obligarle a mejorar.

Ojalá que lo entendamos de ambos lados y que, por el bien del país, prive un ánimo de respeto, un profundo respeto por las normas que nos hemos dado y una permanente apertura a entender que podemos estar equivocados.

No hay infalibles, las soluciones personales o de grupo casi siempre están incompletas. Es hora de debatir, México lo exige.

  • Jorge Luis Hernández Altamirano