El Evangelio Hoy: Cristo ama a los pobres tiernamente

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Cristo ama a los pobres y los prefiere por su gran desprendimiento de la riqueza y su capacidad de acoger a Dios.

Morelia, Michoacán, 11 de noviembre de 2018.- En tu vida. María, ancianita, tenía su cuarto de cartón en el bordo del Río, me regaló una moneda de plata, todo lo que tenía.

Asistía a los retiros con jóvenes y personas estudiadas, tenía una sabiduría increíble, transmitía un gran paz.

Dios habla. Jesucristo, cuando se cumple el tiempo señalado por Dios, “Cristo entra en el cielo mismo para estar ahora en la presencia de Dios intercediendo por nosotros”. Como leemos en la carta a los Hebreos.

Pero antes funda el pueblo nuevo, su Iglesia.

Deja normas muy prácticas. De normas muy prácticas para quienes sirven en la comunidad, en la Iglesia, que dan su tiempo y prestan servicios.

Les aconseja que no se luzcan en el presbiterio y en el templo, con las ropas de su ministerio. Que no busquen estar enfrente donde los vean, en los lugares de adelante. Que no den servicios y aprovechen para agarrar dinero para sí mismos. Que no se sientan más que los hermanos que asisten a la notaría.

La sagrada Escritura muestra ejemplos de una sencillez y de una calidad moral conmovedoras. Muestra a dos viudas, en su pobreza extrema, son mujeres creyentes y se mueven por su fe.

La viuda de Sarepta comparte con el profeta Elías todo lo que tenía para vivir. La viuda del Evangelio deposita en la alcancía una monedita que era todo su tesoro.

Sublime desprendimiento, dan todo lo que tienen para vivir, pero apoyadas en su fe, en una total confianza en Dios que no falta a nadie con su poder y su bondad.

Quien confía en las cosas materiales pierde su libertad para abandonarse en Dios, se cierra y no deje espacio para acoger la fe y la vida nueva que nos trae. Por eso los pobres son los privilegiados del Reino.

A lo largo de todo el Evangelio Jesús se dirige a los pobres. Le da un sentido a la pobreza en la vida nueva y el mundo de Dios, que es la realidad definitiva. “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”.

La figura del mundo es pasajera y sin embargo la gente pone ahí todo desconfianza, orienta su vida a ganar riquezas. El mundo de hoy es materialista y vive sin Dios. Es una realidad que no le interesa, vive tranquilamente al margen de Dios, de espaldas a Dios.

Este ateísmo práctico lo deja indefenso ante los problemas, no les haya sentido ni a la vida. Le amputan los valores morales, todo es pragmatismo, conveniencia para hacerse rico, poderoso, famoso. Personas así no entrarán en el reino de los cielos.

El salmo canta un Dios siempre fiel a su palabra, virtud que no tienen los poderosos de la tierra. “El Señor hace justicia al oprimido… Da pan a los hambrientos”. Cura todos los males de sus pobres que no son atendidos en los hospitales que no tienen dinero ni voz… Trastorna los planes de los soberbios, prepotentes, autoritarios.

Porque es misericordioso y explicamos en la oración: “aparta de nosotros todos los males… Para que podamos cumplir lo que te gusta”.

Los creyentes necesitamos desprendernos de los bienes materiales poniendo en Dios toda nuestra confianza, es la realidad que no traiciona, con gran libertad entraremos en el reino de Dios estaremos seguros eternamente.

Vive intensamente. Haz tu opción: suelta los bienes de la tierra, deja de correr tras ellos. Apóyate en Dios y serás feliz.

Cristo está con nosotros. Cristo está aquí, con su infinita sabiduría y poder. Nos alimenta y con su cuerpo y su sangre.

En familia. No enseñes a tus hijos a vivir sin ley, se pierden. Despierta en ellos la conciencia moral, que cumplan la ley.