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El Evangelio Hoy: El llamado sagrado de Dios

En la vida hay que escuchar el llamado de Dios, es el que te guía en todos los pasos y te lleva a la meta definitiva.

Morelia, Michoacán, 30 de junio de 2019.- En tu vida. Vivimos clavados en los bienes, diversiones y placeres mundanos, es difícil que escuchemos el llamado de Dios a los bienes definitivos.

Dios Habla. El hombre es un ser divino caído en el mundo, necesita un llamado celeste que tarde o temprano resuena en su vida y la dirige como la estrella de los Magos. El que no lo escucha se pierde en el mundanal ruido y lleva una vida vana y sin rumbo.

¿Ya has escuchado esa voz profunda y misteriosa, irresistible en tu camino?

Dios tiene un llamado para todos, no sólo para los sacerdotes y las monjas, la vida es la historia de un llamado, vocación. Tienes que llegar a la meta final, escuchar primeramente el llamado, es un momento de teofanía, de misterio y fascinación, en que Dios se hace presente en la vida de cada hombre.

La vida debe estar abierta a Dios, como una dimensión magnífica e indispensable. Entonces los hombres viven en un ambiente sagrado, hacen presente a Dios. Elías es un hombre de Dios en un pueblo creyente. El ha escuchado el llamado y debe transmitirlo ahora a Eliseo. Éste es una persona que obedece, su gesto es extraordinario, deja todo para seguir a Dios.

Se fue Eliseo, se llevó los dos bueyes de la yunta, los sacrificó, asó la carne… La repartió a su gente para que se la comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio”.

Cristo mismo sigue el llamado de Dios en los caminos del mundo y tiene la unción para transmitir al llamado a sus hermanos.

Hay que poner toda la confianza en Dios y desprenderse de bienes y ventajas mundanas, “el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. El Mesías mismo hace el último viaje a Jerusalén donde entregará todo, hasta su vida.

El llamado es incondicional, “sígueme”, no hay excusas que valgan. Hay que dejar todo inmediatamente.

No se vale comprometerse con Cristo en algún ministerio y abandonar fácilmente, por cualquier interés mundano. “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el reino de Dios”.

Hay que renunciar a los bienes de esta vida mundana, mortal, traicionera, pues no dan la felicidad definitiva, soñada.

El premio por seguir a Dios son los bienes verdaderos, se cumplen los deseos más puros del corazón de una manera plena y definitiva. Es la vida inmortal, la plenitud, el Bien que calma la sed de amor y felicidad.

Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonará a la muerte… Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti”.

El premio es soñado, infinitamente más grande, impensable. Decimos a Dios en la oración: “quisiste que fuéramos hijos de la luz… Que permanezcamos siempre vigilantes en el esplendor de la verdad”.

Vale la pena dejar el mugrero del mundo por los bienes eternos. 

Vive intensamente. Hay que renunciar a las seducciones y placeres del mundo para alcanzar los bienes verdaderos.

Cristo está aquí. El único bien es Cristo a quien nos unimos recibiendo su cuerpo y su sangre.

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