El Evangelio Hoy: La crisis del amor

Pin on PinterestShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

La peor crisis es la del amor. Se toma por amor la soberbia, la ambición y el delirio del poder. Se genera el caos y el dolor de las mayorías.

–                     

En tu vida. Los candidatos proclaman que aman a la gente, los abrazan. Son hipócritas, los utilizan para sus intereses egoístas y mezquinos.

El pueblo de Dios humilde y pobre se deja envolver y se presta a abusos y humillaciones. Es un pecado que clama al cielo.

Dios habla. Dios crea al hombre por amor, le traza una historia de amor.

El hombre quiere reemplazar ese amor por sus ambiciones mezquinas y sus sueños absurdos. Corrompe el amor y en su lugar pone una realidad absurda: los bienes caducos y engañosos que satisfacen su egoísmo y los instintos del cuerpo.

Así el hombre convierte su vida y las relaciones sociales en una historia de desamor, de odio y de explotación. No hay amor, hacen de él una burla, como el líder que habla de amor y paz. El hombre vive un horrible vacío de amor, atacado por el odio y la violencia.

El paraíso inicial de amor se convierte en un infierno de egoísmo, engaño, sangre. El hombre vive lleno de odio, se deja llevar por el odio, fuerza diabólica que asesina.

En la crisis mexicana, las cosas no van a cambiar sin reformar al hombre, sanarlo del odio que se torna en destrucción.

Mientras el hombre no experimente la fuerza poderosa y pura del amor, seguirá generando corrupción, asesinatos, despojos. Las policías y la ley brillarán por su ausencia.

El punto de inflexión, la dirección nueva para salir de la crisis de mentiras y ambiciones perversas y sufrimiento de los inocentes está en Cristo.

Cuando se multiplican los mesías espurios, obsesionados por el poder, Cristo ofrece la experiencia redentora del amor.

Hace que el ser humano experimente la vida deliciosa del amor. “Como el padre me ama (amor absoluto y fiel) así los amo yo”.

Es el amor puro, sincero, confiable que el hombre sueña siempre. Con Cristo se siente finalmente amado.

El hombre debe aprovechar y entrar en la corriente fresca del amor. Hay que aceptar el camino: “si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor”.

Son los mandamientos de la sabiduría eterna, no el capricho y las pretensiones de los fariseos soberbios, buscadores de poder, que se sienten muy puros y pisan sobre la ley, se dan su propia ley, tienen su propia verdad y sus valores. Actitud demente y absurda.

Hay que acercarse Cristo que nos revela: “amémonos los unos a los otros porque el amor viene de Dios. …” El que vive sin Dios no ama sino de palabra porque Dios es amor.

Para vencer la corrupción y tantos crímenes necesitamos seguir a Cristo, alcanzaremos la sabiduría, la plenitud y el éxito verdadero. El amor nos guiará para cambiar el mundo, para quitar tanta inmundicia y pecados.

Es es el amor la palanca del cambio verdadero, el amor que es despojo de las propias ambiciones personales y libertad para entregarlo todo, hasta la vida el ejemplo es Cristo, el único mesías.

Entonces crearemos relaciones nuevas sin violencia ni inseguridad. Entraremos en el camino de la convivencia sin luchas fraternas ni descalificaciones. Encontraremos el camino del progreso material y moral y veremos la paz brillar en el horizonte, el futuro que soñamos. Es cierto que la realidad de la patria ideal es el reino de Cristo, el cielo.

Este mundo nuevo ha comenzado con la resurrección de Cristo, es algo absolutamente nuevo en relación al viejo mundo de pecado dominado por la soberbia y las bajas pasiones de los hombres.

Vive intensamente. El éxito de tu vida está en seguir a Cristo, crear el mundo nuevo con él.

Cristo con nosotros. Cristo resucitado es la fuente de la vida, síguelo, cumple los mandamientos, recíbelo en la comunión.

Para platicar en familia. La familia que ama como Cristo y no como los monos de la tele, es feliz.