El Evangelio hoy / ¡La gente tiene hambre!

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

La gente tiene mucha hambre en el mundo, en la dimensión material y espiritual del hombre. Jesucristo la cura.

Morelia, Michoacán, 07 de agosto de 2017.- En tu vida. Crisis, corrupción, desempleo y todos los males llevan al hambre. En las ciudades vemos a la gente buscar en los basureros porque tienen hambre.

Lupita vive en la inseguridad del trabajo. Se ve angustiada porque no tiene  seguro el gasto diario y sus hijos van a pasar hambre. Las mayorías tienen hambre.

Dios habla. Los males del hombre, como el hambre, recorren la historia. El que puede dar de comer es Dios. Los hombres acaparan los alimentos, los aseguran injustamente para engordarse y desperdiciar, tirar. Las riquezas  y los alimentos Dios los crea y los destina para todos. El crea un mundo ordenado y honesto.                                                                                                                                                                               Siempre Dios transmite al hombre su sabiduría.

El hombre es pecador, egoísta y perverso. Concentra la riqueza y retiene los alimentos. Hay unos cuantos que comen de más y tiran. Las multitudes no tienen dinero y están muy lejos de comer como los privilegiados. Es un pecado muy grave.

El que puede restablecer el orden es Dios que interviene por Cristo. Cuando llegan los tiempos señalados en su designio eterno, envía a su Hijo. Tenemos hambre pero la podemos vencer “fácilmente por aquel que nos ha amado. … por el amor de Dios que se ha manifestado en Cristo Jesús, Señor Nuestro”. Así lo explica Pablo en la Carta a los Romanos.

Es maravillosa y reconfortante la figura de Jesús, su ternura y servicio en medio de las multitudes pobres. Es divina, conmovedora la imagen del Mesías. Por tierra y por mar recorre el país, la gente lo busca con empeño.

“La gente lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar Jesús vio el gentío sintió compasión, curó a los enfermos”.

Por la tarde se preocupa porque tienen hambre y va a hacer un milagro espectacular por ellos. Multiplica los panes y los pescados. Comen hasta saciarse. Se dan los gestos y los signos de la eucaristía.

Jesús atiende también el hambre de alma. El hombre tiene hambre de estima, amor, atención, presencia amable. Un día Cristo va a multiplicar los panes de la eucaristía para saciar el hambre de Dios que hay en los fieles.

Las almas tienen hambre de Dios que se sacia con la presencia de Cristo. A él lo encontramos en la misa, en el sagrario donde nos espera para la conversación de amigos, con el más grande amor.  Es una búsqueda apasionante, de toda la vida. Hay que renunciar a las tonterías y vanidades del mundo.

Cristo es el Mesías que inaugura un mundo nuevo entre nosotros, sin pecado de egoísmo e injusticias. Hay que dejar a los hombres ingratos para acercarnos a él, no nomás confiar en el dinero y los bienes materiales para que Cristo nos alimente y nos salve.

Cristo te espera, dando cumplimiento a la profecía de Isaías: “Oigan sedientos todos, acudan por agua también los que no tienen dinero. Vengan, compren pan y tortillas. Coman sin pagar vino y leche gratis…. Escúchenme atentos y comerán bien…. Inclinen el oído, vengan a mí. Escúchenme y vivirán.

Dios se compromete y cumple sus promesas en Cristo: “sellaré con ustedes una alianza perpetua”-

¿Qué tenemos que hacer? No vivas sin Cristo, creyéndote la gran cosa y queriendo hacer la vida sin él, apoyado en ti y en los hombres. Entra en el plan de Dios, vive la alianza de amor con él. Con él construirás el mundo de lo alto donde no haya hambre. Búscalo afanosamente como los pobres judíos.

Viven intensamente.  Acércate a Cristo, que él te guíe con su sabiduría para orientarte en la vida. Hay que transforme a fondo por él, en él.

Platica con tu familia. ¿De qué tiene hambre la familia, que se droga y se suicida y vive en la angustia, sin Dios?