El Evangelio Hoy: La Gloria Inmortal

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Cristo nos permite la visión plena de nuestra existencia: a través de las luchas y la muerte estamos destinados a la victoria final.

Morelia, Michoacán, 31 de marzo de 2018.- En tu vida. Juan goza mucho en su comunidad, juntos preparan las ceremonias y participan en ellas. Se siente una presencia misteriosa, celestial.

Hacen un ambiente fraternal, generoso, es como un anticipo de la vida del mundo de lo alto que inaugura Cristo resucitado.

Dios habla. Desde el primer momento, Dios interviene en la historia de los hombres, haciendo una obra grandiosa de amor.

Así creó el universo, pero hizo al hombre libre para que cooperara con sus planes de amor.

Pero el hombre se salió de control y quiso competir con Dios, metió la soberbia y rebeldía, el pecado en las obras de Dios e hirió la creación. El mal entró en el mundo para luchar contra el bien.

La historia de la salvación es la obra de Dios para restaurar la creación y realizar el plan original de amor.

Fue necesario que el Padre Dios enviara a su hijo único al mundo para llevar a plenitud, definitivamente el plan de salvación.

La palabra de Dios y los ritos de la Vigilia Pascual lo expresan espléndidamente: tinieblas originales, fuego nuevo del universo, y el caminar con sus hijos sobre la tierra.

Otro gran signo es el agua que da nacimiento a la vida, libera al pueblo de Dios de la persecución de sus enemigos egipcios y es fuente de la vida divina en los hijos de Dios que renacen del bautismo.

La historia se orienta a la obra central de Cristo que culmina su obra enfrentando la muerte y venciéndola, porque su Padre los resucita y le da una condición nueva, gloriosa, inmortal.

Con Cristo, libera al mundo de la corrupción, le da un dinamismo de purificación, para convertirse en el mundo sin corrupción, de lo alto.

Cristo resucitado es la primicia, la construcción del mundo de Dios y la recreación del hombre pecador ha comenzado.

El hombre, con su libertad puede entrar en el mundo de lo alto, de la resurrección, superando el pecado y la muerte.

En la fuente bautismal renace el hombre nuevo, que busca los bienes de lo alto donde está Cristo resucitado.

El hombre nuevo tiene como tarea vivir con Dios, escuchando, obedeciendo sus mandamientos y consejos, colaborando con él en la construcción de la comunidad y edificación de la paz celeste.

Para eso, debe dejarse alcanzar por Cristo resucitado que lo transforma, le da dinamismo para tender hacia las cosas más puras, nobles. Debe seguir a Cristo cumpliendo plenamente sus mandamientos, entrando en su plan siendo testigo (mártir) del mundo de lo alto, de lo definitivo.

Debe transfigurarse, cristificarse participando en la experiencia celeste del sacrificio de la misa. Ahí se actualiza la muerte y resurrección de Cristo, el hombre se transforma por la comunión del Cuerpo y Sangre del Redentor.

La celebración de la resurrección de Cristo, después de haber celebrado los pasos de la pasión y muerte es absolutamente necesaria para vivir la misa, saborearla, participar en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo.

Es necesaria para cambiar la gente que viene a misa, como extraña, indiferente y sólo por cumplir, y transformarla en la comunidad, en la familia de fe.

Siempre es necesario convertirse.

La vigilia Pascual y cada misa es este encuentro, en el mundo de Dios, con Cristo, muerto y resucitado. Hay que vivirla en infinito asombro, transformándose verdaderamente en los hijos de Dios, maduros, dóciles y generosos, santos.

Hay que entrar en el baño de la nueva vida y conocer el amor y la dicha eterna, plena que soñamos.

Vive intensamente. Goza intensamente, déjate transfigurar por Cristo, conviértete en discípulo, seguidor, persona celeste.

Cristo con nosotros. Entramos en un pedacito de cielo, Cristo resucitado está aquí tras los signos de pan y vino, para alimentarnos.

Para platicar en familia. Recibe en familia a Cristo resucitado y crea en tu casa un ambiente fraternal, feliz, celestial.