Editoriales

El Evangelio Hoy: La gran lucha con El Maligno

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Jesús se mantienen fiel al Padre, al que obedece y rechaza las insinuaciones y el plan del Maligno. Nos muestra la manera.

Morelia, Michoacán, 10 de marzo de 2019.- En tu vida. Todos en la colonia de Juanito aceptan las seducciones y la autoridad de Satanás. Le obedecen servilmente.

Está en el aire: fiestas ruidosas, excesos en la comida y la bebida, pecado y desenfreno. Se olvidan de Dios, viven sin El.

DIOS HABLA. Empezamos la Cuaresma, se nos presenta con gran claridad nuestra condición humana, el enigma de la vida y de la salvación, la gran decisión que tenemos que tomar, las dos más grandes realidades en lucha: el bien y el mal, Dios y la oposición del maligno que quiere suplantarlo.

La vida del hombre, así como la historia de la humanidad es una batalla, una lucha de punta a punta.

Contemplamos un episodio: la lucha del mesías de Dios con su primer enemigo, Satanás, tiene lugar en el desierto, donde el Señor Jesús se encuentra llevado por el espíritu Santo. Es la gran batalla en el comienzo de la predicación del Mesías.

Muchos rasgos recuerdan la primera batalla con el ser humano, la embestida del Maligno con la primera pareja humana. Es el mismo tentador, las mismas mentiras y la primera caída de Eva y Adán.

El relato de las tentaciones de Jesús guarda muchos puntos de contacto con la historia del pueblo de Dios en el desierto. Los judíos rebeldes como Satán ponen a prueba a Dios que los conduce en el desierto. Las tres tentaciones hacen mención. En las tres Jesús responde citando el Deuteronomio. “No sólo de pan vive el hombre… Adorarás al señor tu Dios y a él sólo servirás… No te enteras al señor tu Dios”.

Hay detrás de las tres tentaciones, una sola tentación: darle la espalda Dios, a su proyecto y dejar de obedecerlo y aceptar un proyecto diferente, el de Satanás y obedecerlo. Hay líderes que tienen su propio proyecto de pecado, muerte, injusticia, proyectos vanos y soberbios, que generan miseria y muerte.

La gran tentación es dejar a Dios a quien hay que servir sobre todas las cosas en todo momento y en todo.

Una modalidad de la tentación es la seguridad material: tener pan, dinero, los bienes materiales que aseguran la existencia, y nada más.

Otra modalidad es la autonomía que el hombre pretende, ser el centro del universo, un dios y decidir del bien y del mal como Adán en el Paraíso.

La tercera modalidad es el poder y la gloria, no venidos de Dios sino del Enemigo. Es el poder que viene de manera tenebrosa, del poder de las tinieblas, de arreglos en logos culito.

El fondo común de la gran tentación es ponerse en competencia con Dios y sacarlo de su vida. Los hombres de hoy son ateos, su gobierno, organización social, su caminar son ateos. La marcha y el progreso suceden al margen de Dios. No están contra Dios, simplemente prescinden de Él.

Estamos en medio de esta lucha y hemos de tomar partido. Hay que vencer las seducciones de Satanás que tiene como aliados a muchos líderes de opinión, a los comerciantes, a la gente principal.

Se entrega en brazos de Satanás quien sigue las corrientes de muerte, de injusticia, de perversión moral. Ahí van los corruptos, los asesinos y sus cómplices y padrinos, todos los que han perdido la conciencia moral y cometen los crímenes y pecados.

El católico vencedor de Satanás lo vence con todos sus sicarios que matan, se enriquecen escandalosamente. Tiene como único jefe a Cristo y sigue el proyecto del padre.

La lucha es encarnizada y universal, ¿de qué partido eres, del partido de Dios o del de Satán?

Vive intensamente. Estrecha tus lazos con Cristo, vence la seducción de las bajas pasiones y del placer tiránico.

Cristo está con nosotros. Cristo está aquí, nos guía, nos protege y fortalece con su cuerpo y su sangre.

Compartir en familia. En la familia pongan en el centro Cristo y su sabiduría.

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