El Evangelio Hoy: La muerte y el amor

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Con su ejemplo entregando su vida por los demás, Cristo nos da una luz magnífica para darle sentido a nuestra muerte

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Morelia, Michoacán, 18 de marzo de 2018.- En tu vida. En una experiencia de Dios de su comunidad. Lupita encontró a Cristo que la tocó, y la dejó fascinada por el amor divino.

Se le ve radiante de alegría, generosa, con un impulso celeste para entregarse a Cristo en la comunidad, sirviendo a los hermanos.

Dios habla. La historia de la salvación llega a su plenitud, a su momento decisivo en Cristo. La vida misma de Cristo llega a su momento culmen en el misterio pascual de su muerte y resurrección.

Yo les aseguro, ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”.

Esta glorificación tiene un sentido muy especial para Jesús, es algo dramático y terrible pero tiene un sentido trascendente. “Si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero sí muere da mucho fruto”.

Jesucristo, por ser fiel a su misión, por desafiar los poderes del mal, a la clase dirigente corrupta de su pueblo es llevado a la muerte.

Él, a pesar del pavor de la hora y del miedo, fue siempre adelante, con una valentía intacta, la abrazó. ¡qué nobleza de alma y grandeza, que ejemplo divino de entrega heroica.

Él lo había previsto con toda claridad y lo anunció. “Cuando yo sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mi” No puede uno dejar de mirar al ajusticiado colgando de una cruz.

Cuando el sacerdote levanta la hostia en la consagración tiene como telón de fondo la muerte de Cristo en la cruz y el camino hacia ella y la tragedia del Viernes Santo.

Jesús cumple las profecías, como proclama la carta a los hebreos: “a pesar de que era el Hijo aprendió a obedecer padeciendo.”

La hora suprema de la vida redentora de Cristo y de la historia de la salvación es la glorificación, el paso por la pasión y la muerte y el triunfo de la resurrección. Cristo, hombre Dios es exaltado en la gloria infinita, divina, inmortal.

Llamado a esa gloria, el hombre debe renunciar a los bienes limitados y perecederos, engañosos del mundo. “El que se ama a sí mismo se pierde”.

Va a contracorriente del mundo que invita a darle placer al cuerpo sin negarle nada, a satisfacer irracionalmente las bajas pasiones, de pecado.

Como el grano de trigo hay que vivir la experiencia de la muerte, asumir la propia muerte natural y morir a los gustos y negocios terrenos, egoístas, pervertidos, Hay que aceptar amar a Cristo, cumplir su santa ley y gastarse por la salvación de los hermanos.

Cristo siendo hijo de Dios, inocente entregó su vida para rescatar al género humano. El Sella la alianza nueva entre y Dios los hombres.

Anuncia Jeremías: “esta será la alianza nueva y definitiva que hago con la casa de Israel. Voy a poner mi ley en el fondo de sus corazones… Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo… Todos me van a conocer… Cuando yo les perdone… Y olvide para siempre sus pecados”.

La invitación es tremenda y fascinante, pedimos en la oración: “que avancemos animosamente al grado de amor con el que tu hijo por la salvación del mundo se entregó a la muerte”.

Esa es la medida del amor, con esa fuerza divina, que Cristo espera de sus seguidores para entrar en la gesta de la salvación. Esta continúa por nuestra entrega, es la hora de los seguidores de Cristo, es la grandeza de alma que debemos mostrar los católicos.

Vive intensamente. Sincérate, ¿vas a vivir esta semana Santa, con fe y entrega a la medida de Cristo, entregándote como é?

Cristo con nosotros. Aquí está Cristo, modelo de amor hasta la muerte, te alimenta con su cuerpo y su sangre

Para platicar en familia. ¿Familia, tienes fe y valor para acercarte esta semana Santa a Cristo, modelo de amor y amar como él?