Editoriales

El Evangelio Hoy: La Patria de Verdad Eterna

Buscamos una patria mejor y la hacemos peor, la realidad siempre nos decepciona, la patria que soñamos es el Reino de Cristo.

Morelia, Michoacán, 20 de noviembre de 2019.- En tu vida. Hay un presidente que sueña que hace todo bien, que transforma el país. En realidad lo lleva al caos.

Muchos hombres creen que pueden hacer aquí su paraíso, la decepción es rápida y total.

Dios habla. Como régimen político en México no tenemos un reino, tenemos una patria. La patria es nuestro reino.

El mundo y el universo tienen un principio, una evolución y un final, como Dios lo revela. Su condición es ser muy pasajero, efímero, de paso.

Además, este mundo es de apariencias, lo que vemos es materia sombría que nos impide ver la realidad como en las tinieblas de la noche. Es un telón que nos impide ver el paisaje. Es una mediación destinada a desmoronarse, morir y desaparecer.

La realidad verdadera y plena es Dios y su mundo, el mundo de las ideas, de la realidad, iluminada, sin sombra delimitación, engaño, destrucción.

Este mundo es un velo, la República y toda su organización es un pasaje hacia la patria verdadera, sin crímenes ni ambiciones perversas de poder y dinero, hacia el reino de Cristo, reino de la verdad y de la vida…

El único mesías, el único presidente es Cristo en su reino, que alcanza al hombre y a toda criatura.

La vida es de calvario y de muerte, hay que subir a la cruz y de ahí pasar al Reino: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Los presidentes de los países son figuras limitadas y breves del Rey del universo, Cristo. Uno de los reyes grandes en el plan de Dios, David es sólo figura del Rey que viene.

Cristo es el rey Dios, la realidad, la verdad. “Es el cordero que fue inmolado, digno de recibir el poder y la riqueza la sabiduría, la fuerza el honor, se proclama en el Apocalipsis.

Cristo nos descubre la realidad del Reino, descorre los velos y nos hace entrar. “Demos gracias a Dios padre que nos ha hecho capaces de participar en la herencia de su pueblo santo, en el reino de la luz”.

El himno cristiano que recoge la carta de Pablo a los Colosenses nos descubre la sublime obra del Padre en el Hijo. “Nos ha liberado del poder de las tinieblas, nos ha trasladado al reino de su hijo amado por cuya sangre recibimos la redención…”

Nos describe la condición divina: “Cristo es la imagen de Dios invisible”. En él se explica y descansa la creación, “es el primogénito de toda la creación, porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas del cielo y de la tierra”. 

La carta revela el ser y la grandeza de Cristo…

Nuestra transformación y nuestra gloria es entrar en la realidad de Cristo, en su Reino. Por eso oramos: “que toda la creación, liberada de la esclavitud y del pecado sirva a tu majestad y te alabe eternamente”.

La realidad es Cristo Dios, debemos entrar en esta realidad a través de los bienes fugaces y falaces. Hay que dejar atrás las riquezas y placeres de la tierra y abrir los telones para entrar en las realidades definitivas, perfectas, del placer más exquisito, puro, celestial.

Vive intensamente. Este mundo con sus riquezas y placeres va a pasar, es figura de los bienes en el reino de Cristo.

Cristo está aquí. El nos da el acceso a los bienes definitivos, celestes. Nos da el reino en su cuerpo y su sangre.

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