Editoriales

El Evangelio Hoy: No tenemos la fe de Cristo

La fe de muchos es una tradición vaga, no vive la alianza con Cristo que cambia la vida y vence los problemas del país.

Morelia, Michoacán, 06 de octubre de 2019.- En tu vida. Juan observa que sus amigos viven una fe embrionaria, pasiva. No es la gran fe de Cristo.

Algunos tienen fe adulta y siguen a Cristo y cambian a las personas y la sociedad.

Dios habla. “Si tuviéramos fe como un grano de mostaza”. La fe del Maestro Cristo significa caminar en alianza con Dios y poner toda la confianza en El.

Con Dios, vemos con claridad los problemas y encontramos la solución verdadera y justa.

Estamos viviendo una situación de crisis que se agrava profundamente. Se nos vienen todos los males materiales: inversión, producción que ya se estancó, situación de injusticia y desigualdad que golpea primero a los pobres, impunidad e inseguridad en que los hijos de Dios están a merced de los criminales que delinquen delante de todos porque no hay policía, sólo averiguaciones viciadas.

No vemos la salida, al contrario la crisis se ahonda y la situación se agrava y se vuelve muy preocupante. Las medidas de la autoridad andan erradas, son insuficientes, obstinadas como en el caso de los aeropuertos. No sólo  no avanzamos sino que perdemos los pocos avances que habíamos logrado.

No hay soluciones de parte del gobierno, se ha visto que no pueden con la crisis, ocupados en el culto y servicio al poder, en la búsqueda de la fama y de las ventajas del dinero.

No confiamos en ellos por todas las razones posibles. Hay muchas personas que no tienen la preparación, llegaron ahí en la ola del Movimiento triunfador.

No quieren dar las soluciones, porque prefieren defender sus proyectos particulares, pretendidamente brillantes, nunca vistos que redimirán la suerte de los pobres. Muchos creyentes perciben un pseudo mesianismo por las pretensiones desproporcionadas de los jefes y el despropósito de creer que su palabra lo arregla todo.

No podemos esperar nada de ellos que construyen castillos en el aire, castillos de grandeza en el aire de la demagogia. 

En los discursos, todo está perfecto, pero los discursos no conectan con la realidad.

El pueblo católico de los mexicanos vive sin fe que le permita entender la situación, desafiarla y encontrar un camino hacia el progreso y paz.

Por eso los mexicanos vamos en la ola de la corrupción y no cambiamos nada, estamos con los brazos cruzados, como ausentes.

Sólo la fe nos salvará, la fe que ningunean muchos “liberados”. Si tuviéramos fe como una semilla de trigo daríamos órdenes al oleaje de la violencia y nos obedecería.

La fe nos enseña, como el profeta Habacuc, que en esta situación sangrienta, dolorosa, desesperanzada mucho tiene que ver el pecado, los crímenes, el ignorar a Dios.

Es todo el dolor, la vejación, los sufrimientos del pueblo humilde de Dios. Es el hambre, la falta de atención médica, la desigualdad en la distribución de la riqueza nacional, todos los sufrimientos desgarradores un producto del pecado. En el mundo trabaja desde las sombras el misterio de Iniquidad.

Pero la promesa de Dios no falla, aunque algunos mesías y ciudadanos se sientan por encima del bien y del mal. Se cumplirán la profecía: “si se tarda espéralo. El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivida por su fe.”

Vive intensamente. Tú que recibiste la fe en el bautismo, reanímala. Déjate alcanzar por Dios, haz alianza con Él.

Cristo está aquí. La misa es encuentro de fe. Cristo la supone y la fortalece con su cuerpo y su sangre.

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