El huevo de la serpiente / Alejandro Vázquez Cárdenas

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El ejemplo más cercano, y doloroso, lo estamos viendo en estos meses en Michoacán, donde la autoridad definitivamente se ha visto rebasada. El Estado es rehén de la delincuencia organizada vía CNTE, “normalistas” y otros, ante la temerosa mirada de las “Autoridades” que disfrazan su cobardía como “Dialogo”.

Morelia, Michoacán, 25 de octubre de 2016.- “El huevo de la serpiente”, es un filme dirigido por Ingmar Bergman en 1977 y ambientada en el Berlín de los años veinte. La película es una metáfora sobre el largo proceso que condujo a la destrucción de la democracia alemana y su paulatina sustitución por un régimen totalitario. Para efectos demostrativos utiliza la comparación de un huevo de serpiente, la cual, cuando está en la etapa de gestación, puede ser vista a través de la cáscara transparente del huevo; y lo que se ve es un pequeño animal, en apariencia inofensivo y francamente insignificante. Por eso, nadie se preocupa ni mucho menos se le ocurre impedir su nacimiento. Pero cuando el animal sale del huevo y comienza a hacer lo suyo, el proceso ya no se detiene. Cuando por fin alguien quiere hacer algo ya es demasiado tarde.

Si bien el pueblo alemán es el que más intensamente vivió esa experiencia, no fue el único, le ha pasado a la Italia de Mussolini, la Argentina de Perón, la Venezuela de Chávez y Maduro y a la Cuba de Castro. Un rasgo común en estos procesos que condujeron a la instauración de los regímenes totalitarios es, precisamente, que, durante sus fases iniciales, los peligros fueron vistos con desdén o de plano ni los vieron. Quienes podían hacer algo oportunamente los subestimaron o actuaron con tanto temor que terminaron empedrando con sus buenas intenciones el camino al infierno. Recordemos el papel desempeñado por Neville Chamberlain y Edouard Daladier en la gestación de la Segunda Guerra Mundial.

La experiencia ha demostrado que cuando las democracias se debilitan, cuando las instituciones que la sostienen se erosionan ante la indolente mirada de una sociedad que se siente ajena al proceso, cuando se pierde la capacidad de distinguir entre lo que es realmente importante y lo superficial, entre lo verdadero y lo falso, hay un solo resultado previsible: El triunfo de quienes aspiran al poder absoluto, el triunfo de los dictadores.

En México existen lugares como Tamaulipas, Guerrero y Michoacán donde las estructuras democráticas no gozan de buena salud, sencillamente en esos lugares existen zonas donde no hay gobierno. No existe autoridad, y nadie castiga a los delincuentes.  En muchas partes de la geografía nacional no hay ley que funcione; mandan las bandas criminales, los barones del narco; para efectos de justicia y legalidad no existe el Presidente municipal ni funciona la policía local.

Pero debemos entender algo básico; en el caso mexicano no es solo el fracaso de un gobierno, sea azul, tricolor o amarillo, el fracaso es de la clase política en su conjunto, cuyos partidos, gobiernos, legisladores y líderes han sido incapaces de construir y hacer funcionar leyes y desarrollar una política que garanticen la eficacia de los gobiernos y sus instituciones. Si aunamos a lo anterior que el narcotráfico tiene una innegable y sólida base social, completaremos el desolador panorama de México.

Chihuahua y Tamaulipas, también Sinaloa, Veracruz, Michoacán y Guerrero se han convertido en la muestra más palmaria de la torpeza y miopía de la clase política, de la cobardía de sus dirigentes, de la tibia o nula respuesta de la sociedad. ¿A quién, de entre los capitostes del PRI, PAN o PRD le importa realmente el origen de la problemática?  Les importa ganar, pero para colocar a su gente en diversos puestos, para manejar presupuestos, para realizar negocios; pero para “cumplir y hacer cumplir la constitución”… para eso no están.  El ejemplo más cercano, y doloroso, lo estamos viendo en estos meses en Michoacán, donde la autoridad definitivamente se ha visto rebasada. El Estado es rehén de la delincuencia organizada vía CNTE, “normalistas” y otros, ante la temerosa mirada de las “Autoridades” que disfrazan su cobardía como “Dialogo”.

El huevo de la serpiente se incubó en México durante el reinado del PRI, hasta eclosionar, imparable, en el sexenio de De la Madrid. En Michoacán muchos lo sitúan en el sexenio de Franco Rodríguez. En su momento, por mera torpeza si no es que por criminal conveniencia no se hizo nada para evitarlo. Ahora sufrimos las consecuencias.

Alejandro Vázquez Cárdenas

drvazquez4810@yahoo.com