El PAN: Cambiar o morir (Por: Diego Leal Corral)

El autor es el Dr. Diego Leal Corral, catedrático de la Universidad Contemporánea de las Américas Morelia; con estudios en Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid, así como en el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset

El autor es el Dr. Diego Leal Corral, catedrático de la Universidad Contemporánea de las Américas Morelia; con estudios en Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid, así como en el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset

El PAN, si no cambia más que de dirigente, simplemente le alcanzará para seguir con vida pero sin poder real en el México actual y eso no es conveniente para la República. México requiere una oposición responsable, acorde a las condiciones sociales que vive el país y eso implica un cambio de fondo y de forma

Morelia, Michoacán, 21 de noviembre de 2018.-Para nadie es un secreto que la debacle del PAN comenzó justo después de perder la Presidencia en 2012. En ese momento, un 25% de los electores votaron por el PAN y su proyecto de la mano de Josefina Vázquez Mota, con todo y que en el país, solo un 17%* se identificaban como panistas.

Con la salida del PAN de la Presidencia, muchos militantes salieron por no haber tenido ningún interés en pertenecer a un partido en la oposición. Lo de ellos era tomar posición con quien estuviera en la Presidencia y aunado al recorte en el padrón que realizó el entonces presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, el partido más antiguo con registro en México pasó de tener 2 millones de militantes a poco más de 285 mil, apenas lo necesario para mantener el registro.

No solo la merma en la cantidad de militantes significó una llamada de atención para los panistas, incluso en ese recorte del padrón se incluyó al primer Presidente de la República emanado del PAN, Vicente Fox, aunque si no se le “rasuraba” del padrón, seguramente iba a ser expulsado por el apoyo mostrado al hoy presidente Peña Nieto durante la campaña de 2012.

Sin embargo, el PAN no feneció. Con la presidencia de Ricardo Anaya y su frescura e inteligencia se volvió a posicionar a nivel nacional como el partido de oposición más creíble, ya que López Obrador había abandonado al PRD y estaba en ciernes de fundar su propio partido.

Para noviembre de 2016 el 13% de los mexicanos se declaraba panista, pocos, comparados con 2010 cuando el 24% de los mexicanos lo hacía, pero ese año, el PAN y sus candidatos se alzaron con la victoria en varios estados de la República. Todo apuntaba a que el rival a vencer en 2018 era el PAN, ya que el incipiente Morena tenía solo el 6% de la identificación partidista de los mexicanos.

Sin embargo, la historia ya todos la conocemos. El cerrar el partido a nuevos militantes, el “agandalle” de Ricardo Anaya para obtener la candidatura a la Presidencia de la República orillando a Margarita Zavala, quien venía liderando las encuestas dentro del partido para alcanzar la nominación presidencial, firmar la coalición con el PRD y Movimiento Ciudadano, así como sobajar a la militancia imponiendo planillas y candidatos, terminó por hacer ver al PAN, aquel partido que se jactaba de ser el más democrático de todos, como una mala copia del PRI y con ello, una caída de sus posibles votantes y hasta la renuncia de varios de sus cuadros.

Una campaña mediocre, un candidato sin alma, una andanada mediática en contra de Anaya y una profunda división en el PAN terminaron por sepultar no solo la carrera política del que era llamado “El joven maravilla” sino también la credibilidad en el PAN.

El PAN se ha quedado sin grandes referentes nacionales. Ya no son panistas los dos Presidentes de la República que abanderó el partido, los últimos ex gobernadores no han mostrado un liderazgo nacional y han sido duramente señalados, y de los liderazgos históricos, pocos sobreviven y ninguno con la fuerza necesaria para unir al partido.

A nivel local, ya no están en el PAN quienes abanderaron las últimas cuatro campañas a gobernador. Ni “Chavo” López ni “Cocoa” Calderón, quienes compitieron desde 2001 hasta 2015, ya no digamos Morelia, donde “Chavo” ha sido el único panista en presidir la capital michoacana.

Hoy, tras una elección plagada de calificativos entre los candidatos, Marko Cortés, un michoacano, toma las riendas del PAN con una profunda división y una amenaza latente: la posible y probable fundación de un nuevo partido que buscará al electorado que ha simpatizado con el PAN, de la mano del ex presidente Felipe Calderón.

El PAN, si quiere mantenerse al menos otros tres años con más de 100 diputados en San Lázaro, tendrá que hacerse un lavado de cara, perseguir, señalar y expulsar a aquellos militantes que, siendo servidores públicos, utilicen su poder para algún beneficio personal; tendrá que apostar por los jóvenes nuevamente, algo que se dejó de hacer; tendrá que acabar con el amiguismo y compadrazgo y dejar de ver en el PAN las mismas caras cada 3 años, por muy jóvenes que hayan sido; acabar con el nepotismo en los cargos públicos y sobre todo, señalar lo que consideren que está mal tanto en los gobiernos de otros partidos como en los suyos propios.

Si algo hoy exacerba y hasta con razón a los indecisos, es criticar algo cuando en los gobiernos panistas se hizo todo lo contrario. Creo que más que atacar al gobierno obradorista sin ton ni son, como el PRI lo hizo con el gobierno foxista, el PAN debe ser propositivo, hacerse de grupos de expertos que funcionen como un “gabinete sombra” del de AMLO y que señalen pero también propongan alternativas a políticas públicas que consideren puedan ir contra el desarrollo económico o democrático del país.

El PAN, si no cambia más que de dirigente, simplemente le alcanzará para seguir con vida pero sin poder real en el México actual y eso no es conveniente para la República. México requiere una oposición responsable, acorde a las condiciones sociales que vive el país y eso implica un cambio de fondo y de forma en la manera de hacer política. Si el PAN se va a dedicar a respetar cotos de poder locales y seguir monopolizando un padrón de por sí amañado, más pronto de lo que se cree, podríamos ver al PAN de Gómez Morín, de Maquío, de Fox y Calderón, solamente en los libros de historia.

*Datos obtenidos de la Encuesta “Proyecto: Partidos Políticos. Encuesta nacional Buendía & Laredo / Agosto 2017, vista en http://www.buendiaylaredo.com/publicaciones/425/B_L_UNIVERSAL_PARTIDOS_POLI__769;TICOS.pdf