Elegir Diálogo: Luz en la noche vacía de amor

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Necesitamos una visión de la realidad, por encima de la política, para entender lo que verdaderamente nos hace falta a todos, amor.

Morelia, Michoacán, 23 de diciembre de 2017.- Navidad debe ser un oasis protegido de la agitación de los políticos. Hagamos un paréntesis y pongámonos al abrigo de millones de mensajes amañados, interesados.

Gratuitamente, sin buscar nada a cambio, aportemos, en este espacio una lucecita a las tinieblas terribles de nuestro mundo de confusión y ceguera.

En la visión sabia de Dios que se nos ha revelado en la historia santa, patrimonio de los católicos y de quien opte por la verdad, encontramos el sentido de la vida y de las cosas

El Padre Dios ha visto las conductas aberrantes, asesinas, egoístas e injustas De los hombres y ha decidido sacarlos de la noche tormentosa, triste y dolorosa de la corrupción, Impunidad, sangre derramada de su pueblo, de todos los hombres.

En su proyecto, en que pone todo su amor y todo su poder envía  a su propio Hijo a liberar a los hombres y a ponerlos en camino de su bien verdadero.

Esperamos al único Mesías que viene a nuestro trajín, a nuestra vida y sociedad en la noche de su nacimiento. Él  nos conoce y viene a nosotros por amor, es decir sin palabras seductoras y falsas, sin la intención de aprovecharse de los pobres, de explotarlos para fines facciosos y egoístas. Él no es convenenciero y traidor.

Se cumple La profecía de Cristo: han venido muchos falsos mesías, dice el Mesías, no les haga caso.

Vienen proclamando que ellos son los verdaderos salvadores del  México horroroso que han dejado sus adversarios, los otros partidos políticos. En cambio, ellos  todo lo hacen bien, son santos, no tienen ningún error y ningún crimen. Es un maniqueísmo recalcitrante.

Se presentan como seres excepcionales, en el grado supremo de virtud. Son absolutamente admirables porque se desviven por los demás, viven desprendidos de la ambición del poder y de las riquezas materiales. Es conmovedor, en su afirmación, que no buscan nada para sí mismos, se gastan por el bien de los demás. Pero queda aparte su comida en los mejores restoranes, su físico rollizo, en nada hambriento y demacrado y su voracidad y perversión por el dinero.

Ya conocemos esa raza, por generaciones y generaciones se han dado a conocer en los hechos, en los frutos.

Quienes tienen edad, memoria histórica y juicio saben lo que verdaderamente los mueve, se buscan a sí mismos y todos los bienes para ellos. Desafortunadamente, son sólo los bienes materiales, mundanos, mezquinos.

No debemos olvidar su astucia diabólica, traen un lenguaje seductor muy dulce para envolver sobre todo en las campañas. En el fondo no les importa la persona del hermano y pasar sobre ella hasta aplastar y matar.

Es la noche de la mentira donde se agazapan las bajas pasiones, la maldad, la mentira, los crímenes que explotan al hermano hasta derramar su sangre.

La vida del ser humano tiene una dimensión más allá de la vida corporal y la materia. En esa parte de su ser se encuentra Cristo que nos enseña: sólo Dios es bueno.

Es la dimensión de la fe en la que abrimos nuevos espacios y encontramos nuevas posibilidades para salir de la corrupción y tantos vicios y elevarnos de la materia, del cuerpo con sus bajas pasiones, corrupción e injusticia.

Hay que elevarse Del estruendo y fragor del mundo de producción y de consumo, de su ajetreo y estrés. Hay que resistir a la tentación de comprar compulsivamente, de darse a los placeres absorbentes y tiránicos, excesivos e irracionales.

Hay que buscar a Dios, esperar el nacimiento de la vida nueva y de la luz en una dimensión diferente del hombre, en un ambiente diferente, divino de la fe.

El encanto más alto y más puro se encuentra en la experiencia de fe que abarca cuerpo y alma, en valores que el mundo no aprecia: la sencillez, el silencio, el recogimiento.

En la comunidad de fe, en la parroquia, a través de los signos sagrados se vive en esa dimensión y se hace presente La ternura de Dios y su amor En el nacimiento de Belén.

Es la experiencia pura y profunda del diálogo con Dios en medio de la comunidad hermanos.

Hay se encuentra la fuente secreta que el hombre anda buscando. Allí el pobre experimenta el amor fiel, desinteresado. Ahí lo busca El único mesías, Dios hecho hombre, en la condición humana de pobreza y búsqueda.

Vale la pena arrodillarse ante el pesebre. Ahí el humilde se siente amado. No hay que pagar.