Editoriales

Entender el (nuevo) conflicto de Crimea / Teresa Da Cunha

Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS
Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

La pérdida de Crimea es, creo, inevitable para Ucrania. Para la Federación Rusa, ceder Sebastopol sería romper el penúltimo eslabón del poderío naval ruso. En definitiva, Crimea significa para los rusos lo que Kosovo para los serbios: un santuario de batallas heroicas pero pretéritas

Morelia, Michoacán, 03 de marzo de 2014.- La pérdida de Crimea es, creo, inevitable para Ucrania. Para la Federación Rusa, ceder Sebastopol sería romper el penúltimo -les quedaría la Flota del Báltico- eslabón del poderío naval ruso. Perder esta plaza, alquilada a los ucranianos hasta 2042, implicaría admitir un nuevo revés en la lucha por la hegemonía en Oriente Próximo. Para allá del conflicto económico y energético con la Unión Europea en juego el rol de superpotencia militar de Rusia.

Y, está en juego la propia identidad rusa. En el imaginario colectivo, la ciudad y el puerto de Sebastopol representan un bastión nacionalista. En definitiva, Crimea significa para los rusos lo que Kosovo para los serbios: un santuario de batallas heroicas pero pretéritas.

Por otro lado, seamos concretos, en la cuestión de Crimea, los Estados Unidos no tienen interés estratégico, o como se suele decir en inglés «they don»t have a dog in the fight». Y, también no tienen la opción de una operación militar limitada. Sin embargo, la escalada rusa es más un ejercicio interno de Putin, frente a la derecha nacionalista y una maniobra de seducción de las cúpulas militares rusas que una real re-construcción del imperio soviético.

Contrariamente a la opinión generalizada en los titulares periodísticos, la Rusia de Putin no tiene las manos completamente libre.

La OTAN, sí tiene el músculo necesario para frenar la penetración rusa en dirección de Occidente y la UE y EUA tienen la capacidad económica de paralizar la economía rusa. Y, si bien en la reunión de este domingo 2 de marzo en Bruselas, nadie pidió la activación del Artículo IV de la Carta de la Otan, tal puede ser hecho en cualquier momento. Y lo deben hacer, ya que, a todas las luces del Derecho Internacional, esta intervención es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y no respecta las cláusulas del memorando de Varsovia sobre Ucrania

140303-crimea-ucrania-630x320-atiempo.mxEl referendo en Crimea anunciado por Konstantinov, para mayo sólo tendrá dos opciones: 1)independencia, que será declarada de forma unilateral y transformará a Crimea en un protectorado ; 2) unión a la Federación Rusa .

La primera solución, es políticamente la más viable, en particular si va adicionada de un paquete de autonomía institucional para la minoría Tártara.

Crimea siempre ha sido un bocado apetecible para Rusia y, ha pertenecido a Rusia desde Catalina II. La península de Crimea ha sido un cruce de caminos para los pueblos europeos, desde armenios a griegos.

Durante tres siglos se asentó un kanato tártaro descendiente de Gengis Khan que contó con la protección del Imperio Otomano hasta que Catalina II anexionó el territorio a golpe de fusil y cañón.

Stalin deportó a los Tártaros en masa a las repúblicas de Asia Central por su presunto colaboracionismo con los nazis en la II Guerra Mundial.

Muchos regresaron cuando el Estado soviético les rehabilitó en 1989, mucho más tarde que otras etnias depuradas por el NKVD.

Actualmente, los Tártaros, de fe musulmana, representan una minoría de 12% de la población que tienen sus propias instituciones, entre ellas el Kurultai, organización sociopolítica que elige 250 delegados cada cinco años.

La importancia geoestratégica de la Peninsula de Crimea ha sido el motivo de varios enfrentamientos y de constantes movimientos diplomáticos. Importancia geoestratégica tanto para Moscú… como para Europa, razones que ya vislumbró William Howard Russell, el padre del periodismo de guerra, cuando narró en primera persona para el rotativo británico The Times la guerra de Crimea librada en 1854 entre el Imperio Ruso, por un lado, y el Reino Unido, Francia y el Imperio Otomano, por otro. La famosa escena de la «Carga de la Caballería Ligera» es icónica .

Fue, precisamente Russell que inmortalizó este conflicto decimonónico y en particular la Carga de la Brigada Ligera, una operación de caballería mezcla de valor y estupidez que dirigió lord Cardigan en el transcurso de la Batalla de Balaclava.

Actualmente, la verdadera importancia geoestratégica de Crimea, reside en el control de la base naval de Sebastopol, sede histórica de la Flota de la antigua Unión Soviética del Mar Negro y que Rusia mantuvo, por un Tratado bilateral al momento de la independencia de Ucrania en los 90’s..

Su privilegiada situación le confiere un valor inestimable para los almirantes de la Armada Rusa y, por ende, para el Kremlin. En su puerto, fundado por el general Potiomkin, el favorio de Catalina II, en el siglo XVIII, se asienta la base naval desde donde zarpan y recalan los acorazados y destructores que controlan los movimientos de la VI Flota de EEUU en el Mediterráneo.

Sin embargo, el regreso de Crimea a la esfera rusa, no significa que Occidente, en particular la Unión Europea (UE) deba abandonar a Ucrania y a las aspiraciones democráticas de los pueblos ucranianos.

Tanto la UE como Estados Unidos deberían pensar seriamente en como fortalecer el gobierno de Kiev y asegurar que la invasión rusa no se expanda para fuera de la península de Crimea. Y la arma es la económica. Primero, porque esa continúa siendo la grande debilidad rusa que no puede, en este momento aguantar, por ejemplo, un ataque del mercado sobre los precios del petróleo y del Gaz . Segundo, porque Ucrania está en quiebra y necesita de una inyección masiva de capital. Rusia lo sabe, por eso su oposición a la integración de Ucrania al acuerdo económico con la UE.

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