Hispanofobia e indianismo permean nuestra historia (Por: Alejandra Ortega)

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La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

Y aunque siga siendo políticamente incorrecto opinar sobre la gran herencia que nos dejó este encuentro de dos mundos completamente distintos, abundan las evidencias de que no se trató de una guerra, ni de una masacre, sino de un sincretismo y de crear una cultura nueva que incorpora ambas tradiciones.

Morelia, Michoacán, 16 de octubre de 2018.- El nacionalismo mexicano se ha construido a través de muchos mitos y de una historiografía que sólo muestra una de las caras de la Conquista de América.

Cabe resaltar que la historia cumple una función importante como socializadora y legitimadora de un régimen político. Así que no debe sorprendernos que esté manipulada y contenga elementos falsos, situación que pasa en todo el mundo, no es exclusividad nuestra.

Este pensamiento dicotómico nos muestra a los españoles como villanos, como los únicos genocidas, cuya herencia ha sido nuestra perdición y a los indígenas como el pueblo noble, de una riqueza cultural y científica incalculable, los eternos sometidos y despojados de su herencia milenaria.

Todo esto muy discutible y no difícil de desmentir. Siempre se habla de genocidio, pero el genocidio ya lo conocían los indígenas, lo vivían y padecían todos los días por medio de los sacrificios humanos de los que hay muchos relatos y también evidencias científicas de los restos de cuerpos encontrados en diversas zonas de Mesoamérica.

De igual forma, puede ser discutible aquello de la imposición de un Dios y una religión, sobre todo a los pueblos que pagaban tributo. La idea de un Dios que no exigía sacrificios humanos o torturas de hombres, mujeres, niños y ancianos, representaba para éstos su supervivencia.

Así lo que hoy se llama “hispanofobia”,  fueron ideas promovidas  por la necesidad de crear una historia que exacerbara cualidades de los grupos prehispánicos, ciertas o falsas, para minar la solidez de una sociedad que España había construido con reglas y un sistema de gobierno singulares que permitieron la convivencia de todos y que abonó mucho a engrandecer al imperio español que en aquél momento no tenía igual y que le generó suficientes enemigos.

Las guerras religiosas entre católicos y protestantes en Europa, provocaron que España perdiera su hegemonía y estos sucesos cambiaron al mundo para siempre. Franceses, ingleses y holandeses escribieron entonces la historia, a su modo y con ello da inicio la leyenda negra de España.

Sin embargo, en estas tierras, los reyes católicos ya se planteaban la cuestión ética de la conquista, lo que dio paso a que teólogos y juristas analizaran los problemas éticos y morales del Nuevo Mundo. Se ponía énfasis en la educación de la fe, medio por el que los indígenas abandonaron la antropofagia, los sacrificios humanos y otras prácticas como el esclavismo.

Así, en las Leyes de Indias, Isabel la Católica prohíbe la esclavitud en 1500, cuando en Estados Unidos se da hasta 1863. La prohibición era para españoles pero también para los indígenas.

Entre otras cosas, se decreta que las tierras que ya eran de los indígenas antes de llegar los españoles, sigan siendo suyas.

Las novedosas leyes veían por los derechos de los pobladores naturales, que eran incluidos en las actividades productivas y cotidianas que permitieron una vida en paz y un orden social.

¿Que hubo abusos? Sí los hubo, como los hay siempre entre gobierno y gobernados, pero nunca existió esa “guerra de exterminio” que a muchos les gusta creer y cuando se recurre a las fuentes, los números y censos de la época demuestran que no hubo tal exterminio o masacres masivas casi cotidianas.

La peor matanza de indígenas no la hicieron los españoles, sino el “cocoliztli” que provocó una epidemia que afectó a buena parte del territorio y mató entre el 50 y el 80% de la población. Según estudios recientes se identificó a esta bacteria como la salmonella.

¿Trabajos forzados? En la Nueva España todo era trabajo forzado, construir un nuevo virreinato no fue tarea sencilla y requirió de la mano de obra de todos los sectores, así trabajaban juntos españoles, mestizos, mulatos e indígenas, que cabe señalar, estaban protegidos por una ley que autorizaba el reclutamiento de sólo el 4% de ellos en cada pueblo en el periodo Borbónico.

Y los misioneros católicos que llegaron también tuvieron un papel muy importante en mantener el orden y evitar los abusos de los peninsulares. Fray Juan de Zumárraga fue protector de indios, Toribio de Benavente y otros clérigos, registraron las diferentes lenguas nativas y evitaron que estas se perdieran.

Prueba de todo esto es que hubo indígenas a los que la corona dio títulos nobiliarios y que pudieron hablar en nombre del rey.

Erasmus Darwin escribía: “En mis viajes por el inacabable imperio español, he quedado admirado de cómo los españoles tratan a los indios, como semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades. He conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares”.

Cuando España se va deja 25 universidades y 14 colegios mayores en América, la primer universidad se funda en 1538 cuando ni siquiera nacía Harvard. Ningún otro imperio había hecho tanto por la educación de su pueblo.

Y aunque siga siendo políticamente incorrecto opinar sobre la gran herencia que nos dejó este encuentro de dos mundos completamente distintos, abundan las evidencias de que no se trató de una guerra, ni de una masacre, sino de un sincretismo y de crear una cultura nueva que incorpora ambas tradiciones. Y negar nuestra historia es negar lo que los mexicanos somos, es negar nuestra sangre indígena y española.