Editoriales

Inglaterra “out” / Teresa Da Cunha Lopes

Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS
Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

La crisis abierta por el Brexit es un área de oportunidad para los euroidealistas. El Brexit es una llamada de atención. Es el momento de recordar a Nietzsche y las lecciones de otra crisis europea a finales del siglo XIX, tal como lo hace Hugo Drochon en la obra “Nietzsche’s Great Politics” y, colocar la verdadera pregunta a la que debemos responder como ciudadanos europeos: si apoyar políticas de poder mezquinas, neofascistas y xenófobas o la gran y noble política de la unificación.

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Morelia, Michoacán, 24 de junio de 2016.- La memoria histórica de los analistas que proclaman el “apocalipsis europeo” y gritan de horror ante la “caja de Pandora” abierta por la victoria del Brexit en el referendo del día 23, es corta o inexistente.

En la realidad la construcción europea es una lista de enfrentamientos, rupturas y crisis. De cada una de ellas ha surgido una negociación, seguida de un consenso y, por regla, de una extensión de las competencias comunitarias y del fortalecimiento de las instituciones centralizadoras.

A diferencia de otras formas de organización política, la pertenencia a la Comunidad Europea y, ahora a la Unión, es y siempre ha sido, siempre,  voluntaria y, como tal, tanto el proceso de entrada como el proceso de salida están inscritos en los Tratados. En este último caso, para la opción “out”, se aplicarán al Reino Unido las disposiciones del art. 50 del Tratado de Lisboa.

Pero, sí existe un peligro para Europa y para las democracias europeas, como consecuencia colateral del voto favorable al Brexit: la consolidación electoral de la extrema derecha y el resurgimiento de los nacionalismos-tribales, propulsados por una “opinión pública” formateada por periódicos – basura como los “tabloides” The Sun , Daily Mail, etc, que transformaron al elector promedio inglés en un clon del elector promedio “televisa”. Los argumentos de quienes hicieron campaña a favor de la salida fueron imprecisos, cuando no mentiras rotundas, rayando en lo absurdo.

brexit 160624La extrema – derecha en diversos países de la UE va intentar sacar adelante otros referendos…claro, con la complicidad de la extrema-izquierda porque cuando se trata de atacar cualquier sistema democrático que haya proporcionado resultados, las viejas “comadres” que casi destruyeran nuestra civilización  en el siglo pasado, se unen de inmediato en coaliciones “contra natura”.

En este sentido, la portada del “The Economist” sobre el Brexit lo dice todo. Inglaterra (no Escocia) optó, a través del voto en las urnas, por reducir su influencia internacional a un nivel cercano al peso-pluma en el boxeo y por entrar en la espiral de la implosión del Reino Unido. Y, la cara feliz de la victoria del Brexit, no son los conservadores ingleses euroescépticos, sí Nick Farage, el racista inglés.

Es verdad y, no lo niego que existe una deriva del proyecto inicial de Unión Europea, un proyecto para la Paz, la solidaridad europea, basado en las libertades democráticas, en el paradigma de los derechos humanos y en los principios de la justicia social que ha sido secuestrado por una visión de mercado neoliberal…introducida poco a poco por el chantaje continuo de Londres sobre las instituciones europeas.

También, no podemos negar que, tal como muy bien lo afirma Michael Spence (Premio Nobel de la Economía): “fuerzas poderosas que operan más allá del control de las autoridades electas están forjando las vidas de los ciudadanos, haciéndolos sentirse impotentes”. Como corolario la UE ha mantenido el crecimiento en niveles demasiado bajos y el desempleo -especialmente el desempleo juvenil- en niveles inaceptablemente altos. Algunos países miembros han sido obligados a pasar por “rescates” cuya filosofía económica es polémica y los costos sociales y humanos altísimos.

the-boss-of-lloyds-thinks-a-brexit-could-be-a-good-idea-for-britain 160624Poco a poco, la Unión Europea  se fue alejando de sus ciudadanos  y tiene problemas estructurales que están minando la compleja arquitectura jurídico-constitucional sobre la cual ha sido fundada. En consecuencia, los ciudadanos europeos, buscaron en sus procesos electorales internos, la respuesta natural en una democracia que consiste en reemplazar a los que tomaron las decisiones erróneas que nos llevaron a la crisis del euro e intentar algo diferente.

Es también verdad que (y esta característica fue más visible desde la crisis del euro) la Unión Europa, como organización, muestra claramente las insuficiencias de un sistema democrático, ya que su existencia y funcionamiento se apoyan, fundamentalmente sobre arreglos jurídicos-institucionales, que suelen ignorar otros aspectos sociales y estructurales más profundos y que no han aterrizado en una verdadera integración política.

Así, nos encontramos ante la paradoja  de que los ciudadanos de los países-miembro de la UE gozan de democracias desarrolladas y funcionales nacionales y, en contrapartida, en cuanto ciudadanos europeos, están sometidos a decisiones tomadas en el hermetismo cupular  operacional de las instituciones comunitarias o a referendos decididos por una minoría de los ciudadanos. El referendo sobre el Brexit es un caso ejemplar, ya que sólo los británicos (y de estos, dado que hubo una participación que ronda los 70%, solo 36% votaron la salida) decidieron sobre el futuro de la Gran Bretaña y de la Unión, decisión que nos impacta a todos y, sobre la cual ningún otro ciudadano europeo, de los restantes 27 países, pudo opinar.

Además, es evidente (y el voto victorioso, por un margen mínimo, del campo defensor del Brexit es la prueba), la ausencia de un intenso y compartido sentimiento de identidad que facilite el desarrollo de la solidaridad entre Estados o una autentica esfera pública paneuropea.

brexit-beckons-as-97-of-britons-think-david-cameron-cant-get-a-better-eu-deal1 160624Las carencias derivadas de la falta de medios de comunicación no mediados por el filtro nacional, o el escaso rendimiento representativo de los partidos y asociaciones en el ámbito europeo constituyen también obstáculos complementarios.

La expresión clave para reflejar esta situación es la de “déficit democrático”.

Y, este “déficit democrático, ha alejado a los ciudadanos comunitarios de Bruselas y ayudado a renacer los sentimientos “nacionalista -tribales” que han sido el combustible de los partidos euroescépticos de corte fascitoide. En suma, el Brexit tiene que ver esencialmente con la gobernancia y,  sólo en un segundo nivel con la economía.

En esta situación inédita producida por el Brexit es normal que, el día “after”, lo primero que intentamos hacer es contar el número de  “muertos y heridos”.

La primera “víctima” es Camerón que a partir de la noche del 23 de junio no es más que un muerto-vivo político. Pasará a la historia no sólo como el “ludopata político” que se puso a jugar “ruleta rusa” con Europa y, que  ahora se emociona y “llora” al anunciar su dimisión. Está acabado. Como dicen en inglés, es un “has been”. Es un muerto-vivo de la política.

La segunda “víctima” es otra “víctima” política: el Reino Unido quedó en el filo de la navaja. El Brexit es la antecámara de la desintegración de la Unión británica. Ahora vamos para el segundo referendo escocés sobre la independencia… y, esta vez, los escoceses no tienen ninguna ventaja en votar por la permanencia en el Reino Unido y todas en salir de la Unión británica.

97898601-vote-remain-brexit-placards-CULTURE-large_trans++eo_i_u9APj8RuoebjoAHt0k9u7HhRJvuo-ZLenGRumA 160624La tercera “víctima” es la libra esterlina, cuyo valor ha caído dramáticamente como resultado de la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea, un desarrollo político que, tal como lo  refieren CNN y la BBC” empieza a tener impacto en la economía mundial.”

Con efecto, la reacción de los mercados asiáticos durante la noche y del mercado de valores de Nueva York  (Wall Street) ha sido de pánico generalizado. La Libra esterlina se desplomó  en los primeros minutos de apertura del viernes a sus valores más bajos desde los años 90 del pasado siglo, aumentando las preocupaciones en torno al impacto económico global del resultado del referendo británico. El índice Dow Jones de la bolsa de Nueva York abrió con una caída de 2.8%.

Pero, los costos directos  económicos del Brexit estarán sobre las espaldas de los electores británicos. Para el Reino Unido, pertenecer a Europa era (es) rentable, según los resultados de los informes internos elaborados sobre el “equilibrio de competencias” en el mercado único, la política fiscal, la política exterior y de defensa, la seguridad alimentaria y el bienestar animal, la sanidad y el desarrollo. En general, todos  los informes enfatizan lo difícil y costoso que será para Gran Bretaña despojarse de lo que le aporta la interdependencia.

Cuarta ·”víctima” aparente, pero herido leve: la Unión Europea. Es bien verdad que entramos en un proceso de reorganización interna y de redefiniciones políticas. Pero este proceso era necesario y el Brexit tiene la ventaja de que nos obligar a enfrentarlo y colocar la cuestión: ¿qué tipo de reforma democrática, entonces, se podría concebir? Es problema real ya que no existen modelos obvios a los cuales recurrir.

Frente a la actual situación de crisis, tipo “winter is coming” introducida por la posibilidad del “Brexit” caben dos opciones: o bien proseguir en la democratización de las instituciones europeas, de forma que las que son representativas de la Unión cobren más fuerza que las que representan intereses nacionales; o bien concentrar los esfuerzos sobre el Estado-nación europeizando su misma política interna. El debate teórico ha estado abierto, por lo menos desde el 2005, y los politólogos han sugerido decenas de ideas, que van desde la re-introducción de dobles mandatos (dándoles a los parlamentarios nacionales una banca en el Parlamento Europeo) hasta la creación de un Senado de la UE en un sistema bicameral.

brexit-2 160624Pero, como lo comentó hace días Gilles Merrit, en una excelente columna de opinión: “los detalles de una UE más democrática, en la que la Comisión sea verdaderamente responsable ante la población, son menos importantes que la voluntad política de avanzar”.

Yo, que me defino como una “euroidealista” (el equivalente comunitario de los “Night Watchers” liderados por Jon Snow), soy feroz partidaria de la segunda opción que asume como hecho evidente la imposibilidad de trasladar hoy los presupuestos de la democracia nacional al ámbito europeo, y aboga por la necesidad de introducir más profundamente las cuestiones europeas en la política interna de cada país miembro.

Ello conduciría a una mayor participación de los ciudadanos en los temas que luego serán objeto de negociación en el ámbito superior. Pero también permitiría incorporar a la discusión pública la realidad de la interdependencia internacional y las posibilidades de la solución negociada cooperativa.

O sea, la crisis abierta por el Brexit es un área de oportunidad para los euroidealistas. El Brexit es una llamada de atención. Es el momento de regresar a los paradigmas fundadores, reforzar la integración política y hacer de la Unión Europea la muralla contra los neo-fascismos y los nacionalismos-tribales. En este sentido, les digo a los ingleses: gracias por salir. Finalmente podemos encontrar esa voluntad política de avanzar que el Reino Unido siempre vetó.

Es el momento de recordar a Nietzsche y las lecciones de otra crisis europea a finales del siglo XIX, tal como lo hace Hugo Drochon en la obra “Nietzsche’s Great Politics” y, colocar la verdadera pregunta a la que debemos responder como ciudadanos europeos: si apoyar políticas de poder mezquinas, neofascistas y xenófobas o la gran y noble política de la unificación.

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