La CNTE nos toma como rehenes / Mateo Calvillo Paz

Pin on PinterestShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

La CNTE  y otros  grupos deben tener razones graves y reales para tomar la ciudad y en ningún caso deben atentar contra el bien de las mayorías honestas

Morelia, Michoacán, 25 de agosto de 2017.- Los carros no avanzaban por el libramiento, al acercarse a la Casa de Gobierno era el caos. Los profes de la CNTE  tomaron la ciudad como rehén y yo me encontré en medio del caos vehicular.

Perdí mi trabajo de ese día. Hubo muchas personas perjudicadas que no pudieron sin duda atender a sus negocios, más importantes que las demandas de los manifestantes.

Si atendemos realmente a los intereses verdaderos de algunos profesores, más allá de sus peticiones parece un atropello, en acción motivada por intereses particulares, dudosos, plena de injusticia.

Los automotores estaban encendidos, emanando fuerte contaminación.

Sentí una gran indignación por el atentado contra mis derechos, y el respeto a tanta gente, en primer lugar contra la CNTE, porque su acción no se justifica, porque exigen sus derechos y no cumplen con sus obligaciones de enseñar, más aún de educar, porque han perdido el respeto por los cientos de miles que sufren las consecuencias.

Luego se viene vino la pregunta metódica, ¿dónde están las autoridades, dónde está el gobierno que tutela el orden, el Bien Común y los derechos de cada ciudadano?

No basta sólo con hacer desfilar el convoy de camionetas de la policía que no cambia nada a la situación, deben reglamentar las manifestaciones callejeras.

¿Qué hacen en el puesto si no cumplen con su tarea? Ellos deben devengar el salario, responder a los compromisos que contrajeron con la polis y que ellos aceptaron.

¿Vamos a dejar que reine la anarquía y que se deteriore aún más la vida digna? ¿Quién más va a venir a superar la crisis? ¿Qué les queda a las mayorías de ciudadanos honestos que quieren el orden por la justicia, que no andan en la calle para atentar contra los derechos de los demás, que quieren hacer su trabajo para remediar los males de los pobres?

Ciertamente debemos conservar el sentido común, lo mejor de nuestros valores, la dignidad y honestidad. No podemos perder el control y dejarnos llevar por las bajas tendencias que son ciegas y devastadoras y alimentan el caos.

Hay que tener bien claros los valores y principios de la convivencia social en la justicia, el derecho, el respeto a los demás, la obediencia a Dios. No podemos cometer atropellos a los demás en la familia, el trabajo, la colonia.

Hay que superar un defecto, quejarnos y vociferar casi en voz baja sin cambiar nada. Hay que proclamar el descontento e ira donde se puedan oír: escribir a los servidores públicos que se beneficiaron del voto, hacer oír la voz en los noticieros, en las redes sociales donde le piden tu opinión.

Este desorden a causa de la CNTE, es la punta del iceberg nos descubre la enorme mole de la emergencia educativa, la pérdida de cultura y moralidad del hombre, la inmensa descomposición social.

Otro aspecto del fenómeno es la crisis de la clase política y los servidores públicos. Muchos ciudadanos comentan estar hartos de tantos discursos halagüeños pero huecos, de tantas obras de relumbrón, del descuido de los grandes problemas que enfrentamos los michoacanos y los mexicanos. Son los gobernantes que muchos pusieron ahí por su voto, cuántas veces irresponsable y comprado.

Debemos educarnos para la democracia, no sólo hablar y pedir sino cumplir nuestras tareas de construir el progreso, como miembros de un pueblo que es el soberano y el constructor de tiempos mejores.

Un momento culminante del proceso político son las elecciones de presidente y otros. Ahí tenemos la oportunidad de enderezar el barco en las elecciones de servidores públicos. Debemos tomarlas con toda seriedad para darnos los gobernantes y servidores que nos merecemos y que puedan por fin enderezar la situación.

Debemos preocuparnos por elegir gobernantes competentes, honestos pero ¿de dónde? ¿Por quién cambiarlos ¿Y si los que vienen está peor a causa de la descomposición social?

Una cosa nos queda: ser ciudadanos honestos y hacer nuestra tarea hoy. Nuestro pequeño entorno será mejor… algo cambiará en el estado.