La depresión y la vejez; un problema que se incrementa

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

La depresión en las personas de la tercera edad es  importante  no tan solo por su gravedad, sino también porque conlleva un mayor riesgo de suicidio, amén de que el anciano frecuentemente padece al mismo tiempo diversas patologías crónico degenerativas que le arruinan la vida como son la diabetes, la hipertensión arterial, Parkinson, enfermedad de Alzheimer o incluso un cáncer

Morelia, Michoacán, 09 de octubre de 2018.- Se dice que  la felicidad, así, en abstracto, es un sentimiento que cuanto se tiene  prolonga la vida y su calidad, y en contrapartida,  la tristeza, la acorta. Las evidencias muestran que efectivamente el estado de ánimo ciertamente  incide de manera directa en las posibilidades de  presentar diversos problemas no tan solo en la esfera neurológica y psiquiátrica, sino también  afecta  algunas capacidades tales como la memoria, concentración y raciocinio.

La depresión en las personas de la tercera edad es  importante  no tan solo por su gravedad, sino también porque conlleva un mayor riesgo de suicidio, amén de que el anciano frecuentemente padece al mismo tiempo diversas patologías  crónico degenerativas que le arruinan la vida como son la diabetes, la hipertensión arterial, Parkinson, enfermedad de Alzheimer o incluso un cáncer, mismo que invariablemente lo enviará a descansar eternamente.

Las estadísticas nos dice que en México el 12% de las personas mayores de 65 años, atendidos en  instituciones de salud  padecen un episodio depresivo mayor; mientras que 20% más muestra síntomas depresivos significativos que reducen en forma importante su calidad de vida.

El riesgo de suicidio que tiene la persona deprimida en esta edad es  cuatro veces mayor que los deprimidos de menor edad. Y también se debe tomar en cuenta que existen variables que se asocian con este riesgo, entre las que destacan, la ausencia de apoyo familiar, una mala salud física,  problemas de alcoholismo y sentimiento de culpa, entre otras.

La triste realidad es que la depresión senil no recibe la atención que merece y sólo un bajo porcentaje de ancianos con depresión recibe un tratamiento adecuado.

Al ser considerada la  depresión como una consecuencia inevitable del envejecimiento, su detección oportuna es deficiente.  El problema se agrava si consideramos que en la actualidad existe la tendencia demográfica a la inversión en la pirámide de la población, es decir que al aumentar la expectativa de vida de las personas, exista una representación cada vez mayor de la llamada tercera edad.

Para empeorar las cosas, muchos  ancianos no se dan cuenta de que padecen depresión, ya que el trastorno queda enmascarado por otras enfermedades, e incluso es asumido al haberse generalizado la idea de que la tristeza es una característica propia de esa etapa de la vida.

Entre los factores que favorecen la aparición de depresión en la tercera edad, tenemos los cambios bioquímico-cerebrales,  diversas enfermedades  las limitaciones psicofísicas, y diversos acontecimientos como la pérdida de familiares y amigos, una jubilación que implique pérdida económica y privación de status social y prestigio  y por si faltara algo el rechazo familiar.

La señal más temprana de depresión es la disminución de la capacidad para experimentar placer, felicidad o bienestar. El anciano ya no muestra interés alguno por sus ocupaciones favoritas, nada le ilusiona, nada le llama la atención, se torna irritable, o simplemente intolerante ante motivos mínimos, por lo general los hombres pueden perder peso mientras que en las mujeres se incrementa.

Es importante entender la diferencia de lo que es una depresión y una demencia, ya que en ocasiones se suele etiquetar al anciano como demente. Un dato curioso es que el paciente deprimido no intenta buscar excusas para justificar sus fracasos, sino que más bien exhibe una tendencia a contestar todas las cuestiones con un “no sé”

Es  imperativo  que el anciano deprimido  sea atendido y tratado por especialistas  para que reciban el tratamiento más adecuado de acuerdo con las características clínicas  del paciente. Un buen consejo es realizar ejercicio, el que sea, pues éste mejora la autoestima, el ánimo y reduce la ansiedad.

Es cuánto.

Alejandro Vázquez Cárdenas