¿La peor crisis social nos hará despertar? (Por: Mateo Calvillo Paz)

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Los grandes golpes hacen despertar de la más pesada modorra. La devastadora tormenta deja el terreno limpio para una cosecha mejor. Estamos viviendo una situación de emergencia en todos los órdenes.

Morelia, Michoacán, 02 de julio de 2018.- Los grandes golpes hacen despertar de la más pesada modorra. La devastadora tormenta deja el terreno limpio para una cosecha mejor.

Estamos viviendo una situación de emergencia en todos los órdenes: se acabó el estado de derecho, estamos a merced de los criminales, es una situación sin salida.

Esta situación es obra nuestra, hasta ahí hemos llegado todos, por nuestra propia conducta inmoral, hemos llevado al país a este desastre social.

Hemos aceptado gobiernos corruptos e ineptos que han derrochado y saqueado la riqueza nacional lamentablemente. Hemos sido el pueblo que merece tal gobierno. Al menos hemos permitido llegar hasta ahí por nuestra indolencia y conducta inmadura.

Hemos permanecido en un infantilismo absurdo que espera que todos los problemas los resuelva papá gobierno y no ha asumido el protagonismo que supone la democracia.

¿Vamos a reaccionar ahora, vamos a despertar para ser grandes, protagónicos, para estar a la altura de los retos y aprender la lección de este fracaso nacional?

¿Vamos a cambiar ahora y vamos a asumir nuestro papel para darle a México el destino que se merece?

Hasta ahora hemos renegado de la corrupción y la burocracia cancerosa. Los últimos tiempos con más libertad de expresión hemos señalado los vicios de los gobernantes.

Ha llegado el momento de la autocrítica: ¿Cómo vamos a asumir la crisis del momento, para hacernos responsables y actuar como gigantes y héroes que buscan mover al país?

El primer paso es despertar del conformismo, apatía, ceguera para ver la solución, no desde el punto de vista del gobierno sino del pueblo y de cada ciudadano.

Hay que empezar a mirarnos a nosotros mismos, como individuo y sociedad y asumir de manera decidida el compromiso y sacar la casta de héroes y santos para dar la pelea. Para eso, hay que estar dispuestos a darlo todo.

No podemos seguir esperando que surja un caudillo para darle poderes mágicos y absolutos, que se eche a cuestas os problemas y los resuelva.

La tarea es de cada mexicano. Hemos cantado el himno nacional: “piensa, oh, patria querida que el cielo un soldado en cada hijo te dio”.

Desafortunadamente, hay que abrir los ojos a la realidad: por siglos no hemos crecido. Los gobiernos de la Revolución no educaron para la responsabilidad y la participación democrática.

Hemos perdido los valores espirituales y morales: ideal, virtudes heroicas, somos ninis, niños “fresas”, irresponsables, despreocupados del bien común, egoístas recalcitrantes y encerrados en la burbuja del propio bienestar.

Somos gente buena para flojear, divertirse y ganar mucho dinero. Somos una sociedad de individualistas, sin estructura social, que no nos hemos dado estructuras intermedias.

Las ONGs son contadas e insuficientes. La sociedad está desestructurada.

Hemos perdido la fe como una potencia transformadora del país, la fe que mostraron los héroes de la independencia como Morelos e Hidalgo y los grupos de la doctrina social católica que, con la doctrina del Papa León XIII, hicieron la Revolución Mexicana.

Ante este panorama intrincado y devastado de México, en el colapso, en el riesgo de caídas mayores, quedan sólo preguntas, la indignación y la rebeldía y la lucidez.

Queda el espíritu de lucha de quien no se dobla ante la crisis, la actitud vigilante y expectante.

Queda una fe inquebrantable en el futuro, en la victoria, la fe en el ser humano porque fuimos creados para grandes y heroicas tareas, de que el mal puede ser vencido.

La actitud de quien está atento y dispuesto a dar el esfuerzo el sacrificio que exige la magnitud de la crisis.

Queda la fe en la victoria, confiados en nuestro Creador bueno que nos hizo para el bien y es un poder omnímodo actuante en el mundo.