Los derechos de los niños (Por: Jorge Álvarez Banderas)

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El autor, Jorge Álvarez Banderas, es Profesor Investigador de la UMSNH adscrito a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales; Doctor en Derecho por la Universidad del País Vasco; especialista en Derecho Tributario por la Universidad de Salamanca, España; Certificado en la Especialidad en Fiscal por el IMCP, cuenta con perfil PROMEP; miembro del SNI CONACYT. @lvarezbanderas

El autor, Jorge Álvarez Banderas, es Profesor Investigador de la UMSNH adscrito a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales; Doctor en Derecho por la Universidad del País Vasco; especialista en Derecho Tributario por la Universidad de Salamanca, España; Certificado en la Especialidad en Fiscal por el IMCP, cuenta con perfil PROMEP; miembro del SNI CONACYT. @lvarezbanderas

A nivel convencional de manera general y específica, se reconocen derechos a los niños y constitucionalmente se especifica el deber del Estado para promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos, los niños son el futuro de México, no los olvidemos, formémoslos escuchándolos, sin transgredir, quebrantar o violentar sus derechos

Morelia, Michoacán, 03 de julio de 2018.- En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se contemplan una serie de derechos humanos y sus garantías dedicados a los niños, que aparecen por primera vez de manera general en 1980 al adicionar un párrafo al artículo 4º constitucional, el cual fue evolucionando con cambios en los años 2000 y 2011.

De forma particular es en 2001 cuando se le da un reconocimiento a la población indígena mexicana, reconociéndoles y garantizándoles la libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía para tomar diversas decisiones; debiendo la Federación, los Estados y Municipios, asegurar el acceso efectivo a los servicios de salud mediante la ampliación de la cobertura del sistema nacional, aprovechando debidamente la medicina tradicional, así como apoyar la nutrición de los indígenas mediante programas de alimentación, en especial para la población infantil; estableciendo políticas sociales para proteger a los migrantes de los pueblos indígenas, tanto en el territorio nacional como en el extranjero, mediante acciones para garantizar los derechos laborales de los jornaleros agrícolas; mejorar las condiciones de salud de las mujeres; apoyar con programas especiales de educación y nutrición a niños y jóvenes de familias migrantes; velar por el respeto de sus derechos humanos y promover la difusión de sus culturas.”

En 2013 se publican las llamadas “reformas constitucionales en materia de telecomunicaciones”, de donde sobresale en el segundo párrafo del artículo Undécimo Transitorio que “La ley deberá asegurar que la programación dirigida a la población infantil respete los valores y principios a que se refiere el artículo 3º de la Constitución, así como las normas en materia de salud y establecerá lineamientos específicos que regulen la publicidad pautada en la programación destinada al público infantil. El Instituto contará con facultades para supervisar su cumplimiento.”

A nivel convencional de manera general y específica, se reconocen derechos a los niños y constitucionalmente se especifica el deber del Estado para promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos, los niños son el futuro de México, no los olvidemos, formémoslos escuchándolos, sin transgredir, quebrantar o violentar sus derechos, un deber no solo del Estado Mexicano, sino especialmente de nosotros, como padres de ellos.

Hoy miles de niños se encuentran solos, nos hemos inventado la idea romántica -verdadera en muchos casos, por fortuna- de que los niños son todos felices, que viven en sus sueños y que no se enteran del dolor del mundo. Los vemos, en sus juegos, escondidos detrás de sus sonrisas, y ni podemos sospechar que puedan ocultar dolores vivísimos y soledades interminables.

Son pocos los adultos que reconocen que una de sus primerísimas obligaciones es hablar, sencillamente hablar, con sus hijos. No, pensamos, los niños son niños, no tienen nada que decir, nada que preguntar; que jueguen, que se distraigan, que nos dejen en paz. Es, ciertamente, más fácil encenderles el televisor y ponerles un vídeo de dibujos animados que sentarse a hablar con ellos, darles esa oportunidad, esa necesidad que tienen de charlar con nosotros. Al paso que vamos, acabarán un día hablando con una máquina, porque al menos “han hablado con alguien”.

Romain Rolland dice que “No hay dolor más cruel que el del niño que descubre por primera vez la perversidad de los demás. Entonces se cree perseguido por el mundo entero y no encuentra nada que lo sostenga; Dostoievsky llegó a escribir que “si toda la felicidad de los hombres, hubiera de lograrse al precio del dolor inmerecido de un niño, lo digno sería rechazarla”. Pero ¿quién vive hoy este dogma fundamental de toda ética humana? @lvarezbanderas