Los suspirantes… El hilo se rompe por lo más delgado en el PRI

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Enrique Ochoa ha sido sustituido por el ex gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros, él sí con amplia trayectoria partidista y afín al ex secretario de Gobernación y ex aspirante presidencial, Miguel Ángel Osorio

Enrique Ochoa ha sido sustituido por el ex gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros, él sí con amplia trayectoria partidista y afín al ex secretario de Gobernación y ex aspirante presidencial, Miguel Ángel Osorio

Enrique Ochoa no tiene de qué quejarse. Es más, ahora tiene tiempo de sobra para dedicarlo a su próximo proyecto, que es buscar la candidatura a la gubernatura. Tal vez crea que en tres años los priistas michoacanos olvidarán su papel como presidente nacional y la forma en la cual los relegó y manipuló a su antojo.

Morelia, Michoacán, 03 de mayo de 2018.- Independientemente de los errores que tuvo Enrique Ochoa Reza –que fueron muchos-, el relevo en la dirigencia nacional del PRI, cuando el moreliano de nacimiento apenas empezaba a asentarse en el puesto, me recuerda a los cambios de técnico en los equipos de futbol.

Me permito esta analogía, porque cuando en un equipo profesional de balompié todo anda mal a los dueños del club les es más conveniente cambiar a un solo hombre, el técnico, en lugar de relevar jugadores a media temporada.

Ahora Enrique Ochoa ha sido sustituido por el ex gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros, él sí con amplia trayectoria partidista y afín al ex secretario de Gobernación y ex aspirante presidencial, Miguel Ángel Osorio Chong, porque era más fácil eso que reemplazar al candidato presidencial a la mitad de la campaña.

El moreliano no se puede quejar, pues para ser alguien que llegó sin conocer las entrañas del PRI, tuvo una gran oportunidad de aprendizaje y además salió premiado con la única diputación federal plurinominal que tendrán los priistas michoacanos en la próxima Legislatura federal.

Quienes sí tienen motivos de queja son los militantes del tricolor, sobre todo los de viejo cuño, quienes padecieron la inexperiencia y torpezas que Ochoa Reza estuvo cometiendo, más allá de que la baja calificación del tricolor entre el electoral pasa más por una serie de errores y escándalos protagonizados por diferentes actores del gobierno federal encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto.

Lo anterior también pega al candidato presidencia de la coalición “Todos por México” (PRI-PVEM-Nueva Alianza), José Antonio Meade, pero precisamente algo de lo que se esperaba del dirigente nacional era tener las tablas, la inteligencia y la eficacia para encauzar la elección presidencial.

El arribo de René Juárez a la dirigencia nacional del PRI equivale a una revaluación y un reposicionamiento del equipo de Miguel Ángel Osorio, que se mantenía trabajando por su cuenta y apartado del equipo central en la campaña por la Presidencia de México.

Recordemos que el presidente Peña Nieto se encuentra representado en ese grupo por el coordinador general de la campaña, Aurelio Nuño Mayer; mientras que Manlio Fabio Beltrones ya tiene tiempo sumado a ese esfuerzo, con una serie de candidaturas que le han otorgado; y, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso –la mano que mece la cuna- tiene como representante en esa mesa ni más ni menos que al propio candidato José Antonio Meade.

Pero insisto, Enrique Ochoa no tiene de qué quejarse. Es más, ahora tiene tiempo de sobra para dedicarlo a su próximo proyecto, que es buscar la candidatura a la gubernatura de Michoacán. Tal vez crea que en tres años los priistas michoacanos olvidarán su papel como presidente nacional y la forma en la cual los relegó y manipuló a su antojo.

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