Luther King / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es Maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

El autor es Maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

Cincuenta y cuatro años han transcurrido ya desde que se pronunció el histórico discurso de Martin Luther King, Yo tengo un sueño, mismo que estaba lleno de las aspiraciones de la comunidad afroamericana, las cuales se pueden sintetizar en un objetivo fundamental. La libertad.

Morelia, Michoacán, 27 de agosto de 2017.- La utopía como motor, argumento y causa. Me pregunto cuál sería el rumbo o los pasos encaminados de cualquier sociedad desprovista de utopías, de lo que se puede apreciar como inalcanzable. Gracias a los sueños que se advierten imposibles la humanidad ha dado muchos saltos.

Cincuenta y cuatro años han transcurrido ya desde que se pronunció el histórico discurso de Martin Luther King, Yo tengo un sueño, mismo que estaba lleno de las aspiraciones de la comunidad afroamericana, las cuales se pueden sintetizar en un objetivo fundamental. La libertad.

Martin Luther King se encontró a la sombra de la estatua de aquel presidente que aboliera la esclavitud en el vecino país del norte, Abraham Lincoln, ante decenas de miles de simpatizantes que marcharon en Washington a favor de los derechos civiles. El sueño de la libertad, la unidad, en el mensaje Luther King señaló enfático que se rehusaba a creer que el banco de la justicia estuviera en quiebra. Actualmente no sabemos en qué estado se encuentra el referido banco porque la injusticia cabalga para expoliar a los más pobres.

A diferencia de muchos que protestan con o sin razón, el reverendo Luther pedía a la muchedumbre congregada en el Memorial Lincoln evitar cometer actos injustos, “no busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”.

El 28 de agosto de 1963 se efectuó la marcha por los derechos civiles, los antecedentes se ubicaban fácilmente en los abusos policiales, la discriminación inveterada, la exclusión como norma. En fin, los abusos contra la comunidad afroamericana fueron una deleznable constante en la tierra americana que postulaba el respeto a los derechos humanos pero al interior los liquidaba. En la actualidad llegó la nueva ola de racismo estimulada por el presidente Trump.

Me pregunto qué sería del mundo sin utopías, así se calificó a la praxis de Luther King al igual que Mahatma Gandhi o la madre Teresa de Calcuta, todos ellos dueños de historias edificantes que destacan en medio de los otros, aquellos que siembran metralla y muerte.

Resulta paradójico el que mucha gente luche por los derechos mientras otros asesinan, mienten o socavan, como lo ejemplifica en nuestros días el terrorismo Una eterna lucha, retazos de una historia sin fin.

Las injusticias no han terminado, digamos que el sueño de Martin Luther King es la aspiración, el ideal a favor de la unidad para que algún día, como lo dice en el epílogo de su pieza retórica pronunciada el 28 de agosto de 1963, se unan los cristianos, judíos, gentiles, blancos, negros, amarillos, ateos y todo el mundo para cantar aquel viejo canto espiritual somos libres al fin.

La utopía está viva, sin ella nos condenaríamos irremediablemente a la nada, al conformismo más patético, el sueño de Luther King aquí está a la espera de combatir a los molinos de viento que son los nuevos monstruos diseñados por los dueños del dinero y fabricadores de la injusticia más empoderados que nunca.