Medicina y comercio / Alejandro Vázquez Cárdenas

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

Si bien existen excelentes médicos, competentes y humanitarios (lamentablemente no muchos), hay un gran número que pueden o no ser competentes, pero que definitivamente los podemos calificar como simples comerciantes

Morelia, Michoacán, 01 de agosto de 2017.- Camarada lector, si tú, como la gran mayoría  de los mexicanos, tienes que vigilar cuidadosamente tus gastos, si al fin de  quincena andas con apuros, o  si tienes un pequeño negocio  que apenas te da para irla pasando, si le sacas la vuelta al abonero y en cuanto a diversiones te conformas con ver  televisión y solo eventualmente vas al cine, entonces estás mejor que el promedio del mexicano, que ni para eso alcanza.

Si por tu trabajo estás dentro de un esquema de seguridad social, IMSS o ISSSTE te tocará renegar y discutir con su hostil burocracia, pero resolverás una parte de los mayores gastos médicos; los medicamentos  están no solo caros, sino carísimos. Si ocupas una cirugía tu problema será renegar por el retraso en la programación quirúrgica, pero la verdad es ni te enteras de lo que cuesta, en el medio privado, esa operación o el internamiento.

Cuando no se tiene  IMSS ni ISSSTE toca utilizar los servicios de la medicina privada, la cual puede ser muy buena, mediocre o pésima, dependiendo de  los profesionistas que veas. Aquí está el problema, pues si bien existen excelentes médicos, competentes y humanitarios (lamentablemente no muchos), hay un gran número que pueden o no ser competentes, pero que definitivamente los podemos calificar como simples comerciantes. Este tipo de médico ha desarrollado una gran habilidad para manipular la buena fe o la ignorancia del paciente para obtener un mayor e injustificado ingreso monetario.

¿Cómo detectar estos  médicos, mas discípulos de Hermes, dios del comercio que de Asclepio, dios de la medicina? Hábiles negociantes con una ética que haría vomitar a un buitre. Las más de las veces es relativamente fácil, en primer lugar suelen ser alarmistas, magnifican y pintan cuadros catastróficos, mencionando una gran cantidad de complicaciones, reales o inventadas y amenazando con una catálogo de desgracias si no se atienden pronto y con ellos. Muy útil les resulta la amenaza de que su enfermedad (real o supuesta,  les da igual), se complicará, el apéndice, la vesícula o lo que sea les reventará, o les “caerá cáncer”. La Cirugía Plástica, que ya no Reconstructiva,  ha transformado al médico en abonero al explotar la vanidad de las mujeres promocionando cirugías cosméticas en módicos pagos. Si se trata de una paciente en trabajo de parto sobran los “argumentos” para orillarlas a aceptar una cesárea aunque la paciente perfectamente pueda tener su parto normal. Estos mercaderes de la medicina apresuran y presionan obligando a decidir en los instantes en que paciente y familiares se encuentran bajo extrema tensión y por lo tanto son más sugestionables. Otros los explotan al pedirles una gran cantidad de costosos y no necesarios exámenes de laboratorio, un álbum completo de radiografías y ultrasonidos, mismos que deben de hacerse en determinado laboratorio u Hospital, pero no le informan  al paciente que ese laboratorio o ese Hospital lo están recomendando no por  confiable, sino porque les paga una comisión (billetes).

Por eso, estimado lector, búscate un médico de absoluta confianza, la pura certificación no es garantía de honestidad, un consultorio lujoso tampoco,  si te indica que acudas a un determinado laboratorio desconfía, pues lo más seguro es que reciba comisión, si intenta venderte la medicina es peor, pues eso ya es negocio. Si es médico general y te sugiere una operación pídele las referencias de cuando menos dos cirujanos y tu decide libremente con quién ir; si se trata de un ginecólogo investiga si sus pacientes son atendidas de parto o si casi todas terminan en cesárea (eso les deja más dinero). Si tienes dudas, pide una segunda opinión por otro médico de la misma especialidad.

Finalizo con una reflexión de Sir Robert Hutchinson sobre los médicos. “Permítasenos estar bien lejos de la incapacidad, del excesivo celo por lo nuevo y del desprecio por lo que es antiguo, de anteponer el conocimiento a la experiencia, la ciencia antes del arte y el ingenio antes del sentido común; de tratar a los pacientes como simples casos y de transformar la cura de la enfermedad en algo más penoso que la persistencia de la misma”.