México, entre el odio y el rencor social (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

Un lugar común de esa falsa izquierda mexicana, que ahora pretende identificarse con MORENA, es afirmar, como dogma, que por su maldad intrínseca, la “derecha” no debe ganar ni mantenerse en el gobierno. Los ejemplos de cómo se atizó el odio y el rencor social en las anteriores campañas de López están documentados.

Morelia, Michoacán, 16 de octubre de 2018.- Vayamos con definiciones, el rencor es una emoción destructiva, demoledora e invasiva; puede considerarse hasta cierto punto normal por parte de quien experimenta lo que para él es, o cree que es, una injusticia, algo que no puede ni debe suceder. Se dirige a una persona, un partido político, una doctrina económica o religiosa etcétera.

El rencor social puede definirse como el resentimiento que nace en un individuo hacia aquellas personas que pertenecen a un grupo social que a su entender esta más favorecido. Al no tener lo que ve en otros y darse cuenta que tal y como están las cosas nunca lo logrará opta por el camino más fácil, culpa a aquellos individuos de los males propios Y si este rencor es hábilmente explotado por un demagogo el paso siguiente es el odio.

México, un país mal administrado y con aparato político medularmente corrupto, el rencor existe e innegablemente ha ido aumentando, con poca o mucha razón. El rencor en estos casos es alimentado prácticamente desde la cuna y se refuerza en la infancia y la adolescencia. Aquí juega un papel importante, aparte del medio familiar, la escuela y sus características. No es complicado llenar de ideas vindicativas a un niño a o un jovencito cuando recién se viene dando cuenta de los enormes contrastes de la vida, la coexistencia en un mismo espacio geográfico de una riqueza insultante con la miseria más lacerante.

Un fenómeno grave se da en México desde hace tres sexenios, es el discurso de odio, inicialmente de connotación racial, religiosa, étnica, sexual, ahora ha pasado a ser un discurso de odio ideológico y de clase. Un lugar común de esa falsa izquierda mexicana, que ahora pretende identificarse con MORENA, es afirmar, como dogma, que por su maldad intrínseca, la “derecha” no debe ganar ni mantenerse en el gobierno. Los ejemplos de cómo se atizó el odio y el rencor social en las anteriores campañas de López están documentados, tanto en hemerotecas, que pocos consultan, como en las ahora omnipresentes redes sociales.

El odio es una posibilidad siempre presente en el ser humano, ¿qué podemos hacer para evitarlo? Diversos estudios han demostrado que el rencor social se evita cuando la Constitución de un país incluye fuertes protecciones a los derechos civiles y políticos de las minorías. Tales protecciones evitan que los políticos manipulen a esas minorías y las conviertan en “tontos útiles”, que alimentan su odio con dogmas y mentiras sacadas del manual de Goebbels.

Una sociedad divida es terreno fértil para el crecimiento de opciones violentas o “revolucionarias”, de tentaciones de dictatoriales y “transformaciones”. Un sistema multipartidista sólido y fuerte, que oferte una amplia diversidad ideológica no ofrecerá mayor incentivo para la confrontación radical; un país con un partido dominante, como fue el caso del PRI en la segunda mitad del siglo pasado es garantía de intolerancia y avasallamiento. Y si este partido tiene un mando unipersonal el panorama será preocupante. Y si el que manda no se encuentra precisamente en las mejores condiciones físicas y mentales, como todo indica que es el caso en México, el futuro puede ser no solo complicado, sino verdaderamente aterrador.

Este próximo primero de diciembre preparémonos para ver en el Congreso hasta donde llega el rencor social. En un descuido veremos una reedición del “Ahora verán” del NSDAP cuando lograron el control del Congreso con todo y la creación de una variante de las “camisas pardas” (Sturmabteilung) región 4. Ojalá que no.

Alejandro Vázquez Cárdenas