Michoacán bárbaro (Por: Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes)

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El autor, Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes, es licenciado en Derecho, especialista en Derecho Agrario; Maestro en Ciencias en Desarrollo Rural Regional; Maestro en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad; Diplomado en la Unión Europea

El autor, Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes, es licenciado en Derecho, especialista en Derecho Agrario; Maestro en Ciencias en Desarrollo Rural Regional; Maestro en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad; Diplomado en la Unión Europea

Es triste pero así lo es. Falto de cultura, de civilidad, de un orden elemental de convivencia entre las instituciones y sus ciudadanos y entre éstos con sus pares de a pie. Han logrado, todos los grupúsculos sociales, políticos y económicos meter a la sociedad michoacana, a los profesores, a los médicos, a los taxistas, a los burócratas, a los obreros en una olla de presión.

Madrid, España, 10 de noviembre de 2017.- The American Magazine publicó en el último trimestre del año 1909 varios artículos que tituló México Bárbaro, escritos por el periodista norteamericano J.K. Turner, que narraron las condiciones sociales del pueblo mexicano durante el porfiriato. Y a ciento diez años la situación sociopolítica de sometimiento del pueblo mexicano no ha variado mucho. Seguimos siendo esclavos, esclavos modernos, esclavos al fin.

Si antes se ejercía sólo la violencia desde una dictadura asociada a los poderosos y acaudalados ricos de la época; ahora la ejercen poderes institucionales y poderes fácticos asociados al crimen organizado y a los distintos círculos regionales, sindicales y políticos, que han aumentado en número y se han ido mimetizando y camuflando tanto como haga falta.

La ausencia de garantías y el ejercicio pleno de los derechos humanos, a la paz y a la felicidad, inclusive, se ven mermados por la voracidad de los intereses de los miembros de las “clases políticas” y de su asociación con los dueños de los dineros, bien o mal habidos, mezclándose hasta la médula y dando como resultado una percepción social, Silvano Aureoles dixit, de no saber quién realmente es el mando único de autoridad o sí realmente la ejercen los poderes del Estado o los criminales o ambos;  o las leyes están ya escritas sobre papel mojado y manchado de tanta sangre derramada. Resultado también, si nos apuramos un poco, a partir de una población que no puede satisfacer sus necesidades básicas. El hambre es cabrona y más el que la aguanta.

Michoacán bárbaro. Es triste pero así lo es. Falto de cultura, de civilidad, de un orden elemental de convivencia entre las instituciones y sus ciudadanos y entre éstos con sus pares de a pie. Han logrado, todos los grupúsculos sociales, políticos y económicos meter a la sociedad michoacana, a los profesores, a los médicos, a los taxistas, a los burócratas, a los obreros en una olla de presión; Todos los liderazgos luchando por conservar sus intereses particulares, familiares. Nadie, realmente nadie, preocupados por un desarrollo pleno de la sociedad.

Llegar a ejercer el poder al nivel que sea, desde comisariados ejidales, jefes de tenencia, presidentes municipales, regidores, diputados, senadores, gobernadores, presidente de la república; y demás cargos de elección popular, se ha convertido en un asunto aspiracional para clavarse el dinero público y vivir traicionando al pueblo, con sus raras excepciones que confirman la regla.

Michoacán bárbaro. Extraviado en un laberinto de descabezados, de viudas, de huérfanos, de menesterosos de libertad y de justicia. Extraviado y enfrentado por ansiosos de acumular poder, diezmos, emborracharse, curarse la cruda y volver a cobrar sin vergüenza sus emolumentos de los dineros públicos.

Poco, poquísimo ha cambiado desde 1909; quizás solo los nombres y los hombres que pueden ser más barbaros que los de antaño.

Michoacán bárbaro. De nota roja y netflix.

chaloes@hotmail.com