Morir sin que nadie se entere (Por: Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes)

Pin on PinterestShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn
El autor, Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes, es licenciado en Derecho, especialista en Derecho Agrario; Maestro en Ciencias en Desarrollo Rural Regional; Maestro en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad; Diplomado en la Unión Europea

El autor, Gonzalo Gabriel Estrada Cervantes, es licenciado en Derecho, especialista en Derecho Agrario; Maestro en Ciencias en Desarrollo Rural Regional; Maestro en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad; Diplomado en la Unión Europea

En fin, morir sin que nadie se entere, rodeado de vecinos y familiares, y que sólo se entere la hacienda pública o los juzgados, porque has dejado de cumplir tus obligaciones fiscales o mercantiles, ¡es un acto de deshumanización extrema en la era de las comunicaciones!

Madrid, España, 26 de noviembre de 2017.- Hay de muertes a muertes y de entierros a entierros, aunque ahora se lleva más la incineración. Pero sea cual sea la causa del deceso de inmediato nos llevan a los servicios funerarios y nos despiden con las oraciones y recuerdos de rigor. En teoría así debe de ocurrir más cuando uno ha pagado los gastos funerarios en vida o decidido donar su cuerpo a la ciencia o la fosa común, sin previo ni especial pronunciamiento.

Viene al caso lo anterior porque recientemente a un vecino de la capital española lo han encontrado momificado después de cuatro años que falleció; nadie lo echaba de menos, sólo un poco su casero que por haber ganado un juicio de lanzamiento por falta de pago de rentas, llegaron por él para desahuciarlo del domicilio y vaya sorpresa, el inquilino había pasado a mejor vida, libre de impuestos y desahucios y de las miradas de quienes ni le quieren ni le extrañan. ¡Es la vida!

El asombro no para ahí, los vecinos argumentaron que recuerdan que un día vino la ambulancia por él y que lo dieron ya por muerto desde entonces, sin preguntarse siquiera entre ellos y ni a una hija que vivía en el mismo barrio, si le habían dado ya cristiana sepultura. Y eso que vivía en un edificio con cientos de vecinos.

Si bien morir es un acto personalísimo, no lo es que los servicios sociales o los vecinos o algún familiar en el grado que sea, o amigo del difunto ayude a las labores de darle un último adiós en las mejores condiciones.

Hemos pasado de un proceso de vivir en comunidad a un proceso de individualismo deshumanizado y luego por otro lado en solitario vivir y morir. Individualmente queremos humanizar a los animales, perros o gatos por ejemplo, lo cual me parece bien, pero y los congéneres qué. A esos que se los coma el León que para eso somos iguales.

En fin, morir sin que nadie se entere, rodeado de vecinos y familiares, y que sólo se entere la hacienda pública o los juzgados, porque has dejado de cumplir tus obligaciones fiscales o mercantiles, ¡es un acto de deshumanización extrema en la era de las comunicaciones!

Seguramente que la soledad de este vecino invisible se agravó porque ¡no tenía Facebook, ni Instagram, ni WhatsApp!