Norberto Rivera, sobrio festejo sacerdotal / Felipe Monroy

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Formado en la UNAM, tras colaborar con el Semanario Desde la Fe y contribuir a crear el sistema informativo de la Arquidiócesis de México, el autor es director de la revista Vida Nueva, que se publica con éxito desde hace más de 50 años en España

Formado en la UNAM, tras colaborar con el Semanario Desde la Fe y contribuir a crear el sistema informativo de la Arquidiócesis de México, el autor es director de la revista Vida Nueva, que se publica con éxito desde hace más de 50 años en España

El pasado 3 de julio, el cardenal arzobispo de México celebró su 50° aniversario de ordenación sacerdotal; una ordenación que vivió a sus 24 años en la Basílica de San Pedro, en Roma, de manos del papa Paulo VI en los albores del Concilio Vaticano II

México, D. F., 05 de julio de 2016.- El pasado 3 de julio, el cardenal arzobispo de México celebró su 50° aniversario de ordenación sacerdotal; una ordenación que vivió a sus 24 años en la Basílica de San Pedro, en Roma, de manos del papa Paulo VI en los albores del Concilio Vaticano II. El audaz pontífice consagraba en aquel entonces a 72 jóvenes como símbolo de los 72 discípulos que Jesús envío a dar paz, a asistir a los enfermos y principalmente ir a los hogares a llevar un mensaje de esperanza.

Medio siglo después, la ceremonia de festejos en la Catedral Metropolitana de México mantuvo un carácter sobrio, casi impersonal, pero no sorprende. Ese es el estilo que el cardenal prefiere en los actos litúrgicos y públicos; es lo esperado, lo propio y lo necesario para dignificar más al ministerio que al ministro, más al servicio que al servidor, más al pastor que a la persona, más al cardenal arzobispo que a Norberto, el padre Beto. Eso es lo que queda claro en la carta que le hizo llegar el papa Francisco y en los ministros que respondieron al llamado institucional del arzobispo: respeto a la investidura, a quien lleva el gobierno eclesial, a la figura que no sólo representa poder sino la última palabra en la decisión y conducción del horizonte de trabajo pastoral.

Entre 2007 y 2009, Rivera Carrera realizaba su segunda visita pastoral a la Arquidiócesis de México; durante una pausa en la apretada agenda en una visita parroquial me acerqué a preguntarle por qué había elegido la vocación sacerdotal. En pocas palabras explicó que quería seguir estudiando y que en su pueblo ya no había oportunidades, por lo que el seminario era la opción lógica. A partir de allí, no dejó de seguir los consejos y órdenes de sus mayores y de sus prefectos. Parece poco, pero eso puede sintetizar el caminar sacerdotal del arzobispo: Norberto ha optado por la lógica y por el respeto a la investidura de sus superiores. Y, al mismo tiempo, sintetiza su estilo de gobierno: que sus colaboradores obren con lógica y con respeto a su investidura, el resto es cursilería.

Hace años, una periodista del diario Reforma solicitó una entrevista con el cardenal, envió una batería de casi treinta preguntas, casi todas tenían un pie en la política pero me llamaron la atención dos de ellas: “Cuando duerme, ¿en qué sueña señor cardenal?, ¿Alguna vez ha soñado con Dios?”. La entrevista nunca se concretó pero me hubiera gustado conocer alguna de esas respuestas. Pasaba igual cuando en aquella visita pastoral yo le preguntaba qué sentía cuando entraba en la habitación de los enfermos, qué veía en la mirada de los niños y los jóvenes católicos, cómo intentaba ayudar a sus clérigos cuando éstos sentían desazón, tristeza, desesperanza, orfandad, soledad, miedo. Las respuestas fueron casi siempre las mismas: “Tenemos que…”, “Nuestro deber es…”, “La Iglesia nos pide…”.

Por ello, para Rivera, la joya del pastel en los festejos de la catedral de México –en Tehuacán también celebró, con un pequeño desaguisado en el que una asistente a la misa mostró la frase ‘Norberto protector de pederastas’- ha sido la carta recibida por el Papa, del único que le precede en dignidad jerárquica. Son muy elocuentes las palabras que recuerdan cada uno de los trabajos asumidos y las dignidades que ha acumulado por las responsabilidades. Es lo que importa; las opiniones y gustos se rompen en géneros. Las otras dos presencias de la ceremonia (ministros y la pintura del Papa) hablan de lo mismo: solidaridad institucional, respeto a la investidura.

Ahora, con la experiencia de estos 50 años de vida sacerdotal, a sus 74 años de vida, Rivera Carrera enfrenta su último año canónico de ministerio al frente de la Arquidiócesis de México. Incluso dentro de la Iglesia son pocos los que tienen preguntas sobre él, sus planes personales, sus sentimientos. En los corrillos políticos y eclesiales se preguntan si Francisco le dará o no algunos meses de gracia a su gobierno y ya se hacen especulaciones sobre su sucesor. Hay muchos deseos recurrentes entre la grey y los sacerdotes para el próximo arzobispo: “que sea más cercano con sus sacerdotes; más sensible con las realidades socio-culturales del país; menos gerente, más pastor; menos trabajo de oficina, más calle; menos traje talar, más mangas de camisa”. El proceso está en marcha y no es difícil predecir la actitud del arzobispo.

@monroyfelipe