Para sobrevivir Israel debe… / Teresa Da Cunha Lopes

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Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

Para sobrevivir, Israel debe “bajar” las armas y transformarse en el “soft power regional”. El soft power (poder blando) es la única ventaja comparativa que posee y la pierde con cada gota de sangre derramada en los territorios ocupados

Morelia, Michoacán, 21 de julio de 2014.- Para sobrevivir debe abandonar la política de asentamientos en los territorios ocupados y crear las condiciones políticas para un acuerdo que permita el establecimiento de los dos estados previstos en los acuerdos de Oslo. Pero el actual gobierno de derecha israelí, ha secuestrado el país bajo la “visión apocalíptica” de que la sobrevivencia de Israel pasa por minar la solución de los dos estados.

Y, del otro lado, no es claro con quién firmar ese acuerdo. Hamás, para sobrevivir, NO LO PUEDE FIRMAR, toda su estrategia y retórica se reduce a la destrucción de Israel. La Autoridad Palestina y Al-Fatah se encuentran paralizados por la cuestión (importante) de la succesión de Abbas.

Bajo esta lógica disfuncional, todas las acciones del gabinete israelí van en el sentido de no dejar que el Hamás se alíe con Al Fatah en un gobierno de unidad palestina.

Tal transformaría a la Autoridad Palestina en un gobierno viable que aceleraría la solución de los “dos estados”. Esta solución, apoyada por la mayoría de los israelís, pero rechazada por Hamás, es contraria a la visión del Likud, el actual partido en el poder en Israel. Y, con la situación en Siria, la amenaza del califato en Irak y la posible transformación de Irán, arriba referida, en potencia nuclear, Netanyahu, puede “vender” el punto de vista de la necesidad de la Operación Margen Protector, bajo el argumento de que los tiempos no están para “jugar la seguridad de Israel a los dados”.

Sin embargo, los métodos usados para la contención de Hamas no son ni eficientes, bajo un punto de vista militar, ni bajo un punto de vista político. Es evidente, además que se colocan serias cuestiones éticas y jurídicas a la luz de los principios mínimos de humanidad y de la doctrina del derecho internacional de la guerra.

En la batalla por la opinión pública, Hamás se beneficia de las muertes de civiles causadas por los ataques del ejército israelí, Tsahal.

Lo que queda, tanto en la percepción de la opinión pública mundial como de los “resultados” mínimos militares, parece reducirse a una constatación formulada por Gideon Levy, columnista del Haaretz.com y que retomo: la operación “Margen Protector” sólo ha servido, hasta el momento, para matar palestinos. No para asegurar la seguridad de Israel.

Después de la Operación Plomo Fundido a principios de 2009, durante el cual cientos de civiles inocentes en la Franja de Gaza fueron asesinados, Israel pagó un alto precio en forma de censura internacional, que alcanzó su punto máximo en el informe Goldstone.

Israel debería haber aprendido la lección. Pero los primeros 9 días de la Operación “Margen Protector” nos hacen temer que el gobierno de derecha de Israel no ha aprendido nada. El creciente número de víctimas palestinas no sólo daña su reputación internacional, es, ante todo, una corrupción de su propio carácter moral.

Cuanto más tiempo durar la operación Margen Protector, más clara la naturaleza de los objetivos de la IAF. Esta vez, incluyen las casas de los operativos de Hamas y de la Jihad Islámica. La Organización de derechos humanos B’Tselem de Israel dijo ayer que esto viola el derecho internacional humanitario (y tiene razón), ya que las normas internacionales sólo permiten ataques contra objetivos que efectivamente ayudan las acciones militares. Los hogares de las personas que participan en los combates contra Israel no se ajustan a esta definición. Tampoco matar a sus parientes es una necesidad militar.

La semana pasada, según fuentes sanitarias palestinas, cuatro niños han muerto tras el impacto de un misil en la playa de Gaza. Testimonios citados por periodistas locales, en particular el de un corresponsal del rotativo británico “The Guardian”, testigo ocular de esta tragedia, afirman que el ataque procedió de la Fuerza Naval israelí.

Los niños se divertían al atardecer en la playa, cerca de donde se aloja la prensa internacional, cuando oyeron un primer disparo y echaron a correr. Un segundo proyectil, al parecer procedente de uno de los barcos que desde hace años patrullan frente a la costa de Gaza, impactó sobre ellos cuando trataban de huir.