Pena de muerte, ¿sirve o no? (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

La reciente ocurrencia, que no es otra cosa, del candidato presidencial Jaime Rodríguez Calderón de amputar la mano de los ladrones, castigo contemplado en la ley Sharia de algunos países islámicos, como Irán y Arabia Saudita, revive en algunos sectores el debate sobre los castigos físicos, siendo el mayor de ellos la pena de muerte

Morelia, Michoacán, 01 de mayo de 2018.- La reciente ocurrencia, que no es otra cosa, del candidato presidencial Jaime Rodríguez Calderón de amputar la mano de los ladrones, castigo contemplado en la ley Sharia de algunos países islámicos, como Irán y Arabia Saudita, revive en algunos sectores el debate sobre los castigos físicos, siendo el mayor de ellos la pena de muerte.

La pena de muerte, junto con el tema del aborto son dos asuntos que desatan opiniones encontradas destinadas a no terminar jamás. El tema, como casi todo en esta vida, no puede verse en un contexto de “blanco o negro”. No hay en este asunto dueños absolutos de “La Verdad”.

Existen los que rápidamente se quitan de encima este problema afirmando lo obvio, que la constitución mexicana la prohíbe; dándole a la Constitución la categoría de tablas de la ley bajadas del Sinaí en medio de rayos y truenos. Otros, quiero pensar que de buena fe, nos sueltan un catálogo de razones morales para condenarla, dando la impresión, cuando menos a mí me la dan, de que viven en un mundo idílico, rodeados de humanos sensatos y redimibles que solo por extrañas circunstancias han delinquido.

La discusión maneja dos puntos de vista: El primero analiza: ¿Sirve o no sirve como elemento de disuasión? Y el segundo sencillamente lo justifica como el castigo extremo para un crimen singularmente atroz.

La experiencia mundial tiene datos contradictorios, y sus cifras difícilmente pueden extrapolarse a todos los países ya que de ninguna manera es lo mismo la convivencia y la civilidad de una sociedad como la de Finlandia o Suiza comparadas con las de China, Yemen o Sudan (o México).

En 2016, al menos 1.032 personas fueron ejecutadas en 23 países. En 2015, Amnistía Internacional registró 1.634 ejecuciones en 25 países del mundo: un máximo histórico que no se había alcanzado desde 1989.

La mayoría de las ejecuciones tuvieron lugar en China, Irán, Arabia Saudí, Irak y Pakistán, por este orden.

China siguió siendo el mayor ejecutor del mundo, aunque se desconoce la verdadera magnitud del uso de la pena de muerte allí, pues los datos al respecto se consideran secreto de Estado. En la cifra global de al menos 1.032 no están incluidas los miles de ejecuciones que se cree se han llevado a cabo en China.

Por primera vez desde 2006, Estados Unidos no se encontraba entre los cinco países que más ejecuciones realizaban: había descendido al séptimo lugar, por detrás de Egipto. Las 20 ejecuciones llevadas a cabo en Estados Unidos fueron la cifra más baja en el país desde 1991.

Quienes apoyan la pena de muerte afirman que existe una relación negativa entre la aplicación de la pena de muerte y los asesinatos, cuando una sube, los otros bajan, y viceversa. Otros ven el castigo como prevención, Isaac Ehrlich de la Universidad de Búfalo reportó en el American Economic Review del ya lejano 1975: por cada pena de muerte ejecutada se evitaron ocho muertes de personas inocentes, sin embargo los investigadores Bowers y Pierce, también en 1975, usando la misma información que Ehrlich, contradicen la conclusión de este último.

El tema es interesante y su estudio nos muestra uno de los dilemas que el mundo ofrece a quienes se atreven a pensar más allá de lo visible en una primera impresión.

Frente a la pena de muerte, los argumentos van de un extremo a otro. Se dan argumentos racionales, pero también se usan los meramente emocionales. Hay quienes la aceptan en teoría pero la rechazan en la práctica por considerarla inútil. Históricamente el peso de esta discusión, en los últimos 200 años, radica en las refutaciones a dos de los grandes filósofos que ha tenido Occidente, Kant y Hegel, ambos partidarios de la pena de muerte. Kant, incluso, es talionista, o sea, sostiene en forma explícita la doctrina del Talión del “ojo por ojo, diente por diente”. Hegel, en cambio, al plantear que la libertad es el fundamento del derecho, afirma su famosa doctrina de la “Lesión”: el acto delincuencial, se entiende que grave, lesiona la estructura de la sociedad, la cual tiene derecho a mantenerse y, precisamente, a reparar el daño mediante la eliminación de su causante.

Si después de un análisis profundo y razonado se hace patente que la pena de muerte disminuye el número de asesinatos, el no aplicarla significa aceptar que en el futuro serán asesinadas personas inocentes… y que no hicimos nada por evitarlo.

P.S. Todos los argumentos anteriores aplican única y exclusivamente en un Estado de derecho, con un aparato de justicia honesto, funcional y eficiente. No es el caso de México.

Alejandro Vázquez Cárdenas

@alejandrovc48