Polarización y debate presidencial (Por Alejandra Ortega)

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La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

En un ambiente de polarización en nuestro país, se dará el primer debate de los candidatos presidenciales, que además de ser esperado por los indecisos, que siguen siendo un grupo importante, causa resquemor de quienes no quieren ver debatir a su candidato

Morelia, Michoacán, 22 de abril de 2018.- Estamos a unas horas de que se lleve a cabo el primer debate entre los candidatos presidenciales y ya hay diversas reacciones de los seguidores en las redes sociales y en la calle.

Para algunos, este debate será muy importante para definir su voto, para otros, es la oportunidad perfecta de contrastar ideas, propuestas y maneras de ser y conducirse, todo en un mismo espacio y evento.

Otros más, creen que esto es sólo un trámite que no cambiará en nada las preferencias y percepción de los mexicanos. De todo se oye y de todo se lee, pero lo cierto es que el debate causa expectativa y que todo mundo está hablando de ello.

Y queda clara la polarización que hay entre los mexicanos; una radicalización que asusta y que es muy palpable cuando se menciona y opina sobre alguna encuesta, cuando se critica alguna propuesta o cuando se habla de algún dato que afecte la imagen de nuestro favorito.

Esto, me parece sumamente peligroso, porque se trata de la exacerbación de un encono popular, de un sentimiento de frustración, pero en muchos casos de superioridad al creer que cada quién tenemos la verdad absoluta, y también de una gran ignorancia que impiden observar, de forma objetiva, las cualidades y defectos de los aspirantes presidenciales.

La defensa que se hace de los candidatos la mayoría de las veces es visceral, no se analiza, no se discierne y se busca a como dé lugar la justificación de todo, incuso de lo indefendible; así sea de una propuesta absurda, de un desliz, un desplante o de plano una “metida de pata”, cualquier cosa es justificada y explicada -como se pueda-, por los seguidores y fanáticos.

Y quien no esté de acuerdo, se ve de pronto inmerso en un mar de descalificaciones y agresiones de todo tipo, que en muchas ocasiones derivan en insultos por ambas partes.

El debate de este domingo causa expectativa pero también resquemor, cuando se sabe ya quiénes serán los periodistas moderadores, y a quienes los seguidores de López Obrador califican de cómodos al poder y ser parte de la mafia que quiere ver destruido a AMLO.

Y es que por primera vez el formato del debate cambia, ahora se incorporan los periodistas Azucena Uresti, Denise Maerker y Sergio Sarmiento, quienes cuestionarán a los candidatos. Además se incluyeron preguntas de los ciudadanos, las cuales se entregaron ya a los periodistas y quedará a su criterio si las hacen o no.

Por otro lado, el formato del debate será de tres bloques, con los temas de seguridad, combate a la corrupción, democracia y grupos vulnerables.

De igual forma, el INE definió, por medio de un sorteo, el lugar en el que responderán los candidatos. Así El Bronco será el que primero hable y al final lo hará Meade.

Esto no tiene contentos a todos, como era previsible, sobre todo en el ambiente tan dividido que tenemos hoy.

Y entre los seguidores de AMLO se han organizado en redes sociales para exigir que el INE incorpore a periodistas que van más en la línea del tabasqueño y que le puedan hacer preguntas a modo, como Carmen Aristegui, Genaro Villamil, Jorge Ramos, o incluso Alfredo Jalife.

Pero el debate también parece que mueve algo más que las emociones entre los mexicanos, casualidad o no, el peso bajó respecto al dólar y tuvo su peor día en el año cayendo a los $18.50 pesos.

Y la soberbia y falta de respeto de Obrador hacia los otros candidatos y su desdén por los debates, también contribuye a este clima de radicalización, que insisto es peligroso.

Así, el tabasqueño aseguró que no temía a debatir porque los otros candidatos son “muy limitados”; también ayer menospreció este ejercicio del INE al decir que no se preparará para el debate, sino que se quedará en su casa a pegar estampas de “Panini” con su hijo, en una actitud de tremenda arrogancia, misma que ya le costó una buena cantidad de votos las elecciones pasadas.

Este domingo será para muchos mexicanos importante, porque hay que recordar que el número de indecisos en el país es muy grande, aunque casi siempre no se tome en cuenta a este sector, que será el que defina la balanza hacia uno u otro lado.