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Proyecto Secreto: ¡Caos, desastre y muerte!

Es la hora de superar nuestra apatía y cobardía. ¿Qué esperamos para enfrentar los males que nos aplastan y cambiar de rumbo?

Morelia, Michoacán, 02 de junio de 2020.- La persona humana es grande más que las fuerzas desencadenadas del destino, tiene un ingenio y una libertad para enfrentar las situaciones adversas, imposibles. Es invencible.

Necesita levantar la cabeza y sacudirse el mareo de los bajos placeres, del fanatismo de falsos mesías y ceguera que la arrastran a donde no quiere. Necesita ser lúcida e inteligente para mirar con claridad la situación sombría e intrincada, con la mirada en lo por venir para salir de la tormenta hacia zonas de serenidad y de paz.

¡Qué dolorosa es la condición de los pobres que han perdido uno o varios familiares por el coronavirus, que no tienen dinero para la cremación, para protegerse y comer! ¡Qué perversa la actitud de los servidores públicos enajenados en sus líos y negocios perversos! Qué canallas son quienes “envuelven” a las multitudes humildes y los abandonan al fracaso, a una vida miserable, indigna, insoportable, injusta.

Muchos miembros de la clase dirigente, de los líderes se evaden y buscan bienes para ellos para aplicar sus ideologías buscando el bien de su facción, de sus amigotes. Finalmente persiguen su delirio de grandeza, quieren satisfacer su ambición de aplausos, poder y riquezas.

¡Cómo se sirven del pueblo humilde! Y los mantienen en la contingencia educativa, en su postración y no los hacen crecer y convertirse en personas conscientes de su dignidad y capaces de transformar su vida y dar progreso a su nación.

Quieren construir el cambio sobre el engaño, la vejación de los pobres y su miseria endémica.

El COVID 19, un flagelo implacable, mortal y galopante, incontenible. Y son muchos los monstruos feroces y poderosos que nos rondan en el país de convulsión y de hordas feroces buscan matarnos.

La Bestia del apocalipsis, Satán y sus sicarios andan sueltos. Es el terror, la impotencia, nos arrastra el pánico.

El mal ataca por todas partes, bajo todas las formas posibles. El pueblo está en el desamparo, entregada a sus enemigos que se burlan de los humildes, saquean, se engordan a sí mismos y se entregan a sus caprichos. Es el desastre económico y laboral, la miseria y la hambruna, la caída de la producción, los gobernantes ineptos, entregados a sus intereses mezquinos, ciegos y sordos y enajenados para no ver el dolor y la muerte del pueblo. Hay duelo, frustración y desconfianza en las multitudes que sufren.

Es escandaloso y horroroso el trato que se ha hecho de la pandemia. Los periodistas recuerdan con frecuencia las afirmaciones absurdas y las actitudes desesperantes del presidente y de muchos gobernantes que revelan una gran frivolidad, irresponsabilidad con que se ha manejado el flagelo. Cuanta mentira en la información de contagios y descensos se ha manejado por ventajas del dinero y ganancias políticas.

El país se cae en el hoyo negro, sin fondo porque no tienen los asideros, los cimientos que han sustentado las grandes civilizaciones: los valores universales, Dios, la ley que permiten a la persona realizar su destino y construir una sociedad sabia, honesta, progresista, digna,, exitosa.

¿Cuál es el terremoto que nos va a despertar para entender con lucidez la situación confusa, agitada, compleja que nos envuelve?

¿Vamos esperar sentados a que la Transformación de Cuarta nos lleve al paraíso hueco e irreal que ellos sueñan?

¿Vamos a dejar como criaturas indefensas y buenas para nada ser arrastrados en el torbellino tenebroso de tantos males?

¡Tenemos la dignidad, el coraje, las energías y la grandeza de alma para enfrentar la contingencia y vencer las fuerzas gigantes, implacables y despiadadas que vienen a aplastarnos!

Tenemos que despertar enfrentar a los gigantes quieren aplastar una raza de ratones. Tenemos que sacar fuerzas de la debilidad y despertar la grandeza de la raza de bronce y de los hijos de Dios que esperan en nosotros el momento de gloria.

La Iglesia de Jesucristo, este gran pueblo y familia de Dios que peregrina en México tiene una gran presencia y credibilidad y un mayor compromiso en la gran prueba.

Clamaba un joven sacerdote: urge la voz profética de la Iglesia para entender con claridad el marasmo catastrófico, para denunciar el poder de Satanás, de sus aliados y sicarios que buscan sembrar muerte para proteger sus imperios de dinero.

Hay que estar atentos a las señales de Dios. Los obispos de México afirman: “con firme convicción afirmamos que nuestra vocación de ser una Iglesia pobre y para los pobres significa estar disponibles… Para servir y manifestar su solidaridad a los más necesitados…” Descubrir a Cristo sobre todo en el rostro de ellos con los que él mismo ha querido identificarse (CEM, Proyecto Global de Pastoral, n. 150). 

Los que tienen miedo y van a morir por la infección, los que tienen luto por varios miembros de su familia, los que están expuestos al contagio y son sacrificados por la irresponsabilidad de sus autoridades, los que son entregados a la muerte por servir en las cadenas de producción y ser lanzados a la guerra sin armas como los trabajadores de la salud.

El Evangelio Hoy: El Espíritu Santo en la nueva era de salvación

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