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Proyecto Secreto: ¿Cuánto vale tu héroe?

Hay que reconocer a los grandes hombres que valen, distinguirlos de los héroes huecos, fifís que se recomiendan a sí mismos y hacen ruido.

Morelia, Michoacán, 20 de mayo de 2019.- Hay en la historia de México personalidades excepcionales, genios, santos, héroes.

Sus obras los recomienden, ellos nunca pretendieron “hacer historia”, recibir la admiración y el aplauso. Su sencillez y humildad son conmovedoras.

Pienso en el autor de una de las grandes transformaciones en Michoacán, el civilizador y obispo don Vasco de Quiroga.

Vino en la conquista, pero no se le puede reprochar nada a este santo varón. No se dedicaba a descalificar, a señalar los errores de los demás y echarle la culpa de todos los males. Su imagen es ya austera y humilde. Se dedicó a defender a los más humildes, a socorrerlos con su sueldo de obispo. Les entregó todo, hasta su vida.

Todo pueblo produce héroes verdaderos y genios, estadistas de gran sabiduría. Sólo que hay que reconocerlos porque el mismo tiempo vienen muchos tratando de deslumbrar al pueblo humilde y son moneda falsa, personas infladas, producto de los reflectores y del fanatismo e ignorancia de los ignorantes.

Es inaplazable que el pueblo mexicano, bueno y sabio del siglo de la tecnología sepa reconocer las joyas auténticas de las joyas de fantasía.

¿Qué criterios nos pueden ayudar?

Hay que corregir errores: no dejarse llevar por regalitos, por apoyos, pagados con dinero de los impuestos.

¿Todavía hay mexicanos que creen en los discursos, promesas que no se cumplen? ¿Otra vez vamos a tropezar con la misma piedra? ¿En cuántos sexenios hemos escuchado a los políticos nunca vistos, que traen los mejores proyectos y desprecian a los demás llamándolos fifís? Es la misma clase política, Manuel Andrés es hechura del PRI y del PRD. Como diría él, es la misma gata nomás que revolcada.

Hay que fijarse en las obras, calar en la persona del servidor público, para llegar a su naturaleza y detectar si vale verdaderamente. Eso que nos permite valorarlos.

Hay que ver sus virtudes: generosidad, humildad, servicio, desprendimiento, entrega de la propia vida por el pueblo.

Hay un personaje, aunque parezca increíble, más grande que Vasco de Quiroga por su amor a los pobres, su entrega valiente a la muerte, su obediencia al Padre hasta ser crucificado como el último de los criminales. El, inocente, muere por los criminales.

Jesucristo, en su testamento, en el momento supremo de su vida terrena deja el mandamiento que es corazón de la nueva ley y de su gran revelación: “les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros….”.

Mandamiento apreciado en los pueblos de oriente: la amistad y el servicio.

La originalidad de Jesús está en que hay que amar como el Hijo de Dios, el modelo  y la fuente del amor. Hay que amar “como yo los he amado”. Es el amor divino que se abaja al pobre para darle vida divina.

Es humilde, se despoja de todo, no busca fama, aplausos ni reflectores, está como el último de los criados. Lo entrega todo hasta la vida. Por amor y obediencia al Padre se entrega en manos de las autoridades corruptas y criminales que lo aplastan.

Este es un criterio para conocer a servidores públicos que vienen a ti tomando aires de mesías, que vienen con autosuficiencia, soberbia, pretendiendo tener una palabra todopoderosa que da órdenes a los procesos naturales, económicos, humanos y le obedecen. Que con su palabra acaba con la corrupción porque ordena a los políticos ya no ser corruptos, cuando él mismo no puede con la corrupción del poder porque no cumple su palabra ni aplica la ley.

Ser persona adulta que sabe distinguir entre los servidores que lo adulan y engañan y los que realmente  buscan su bien.

Debemos saber distinguir a los falsos profetas, aquellos que prometen muy bonito pero que mienten y engañan. Debemos reconocer a los buenos profetas que se preocupan por el pueblo humilde, que son virtuosos, tienen valores, no se creen mesías y trabajan con humildad.

Como alguien tal vez arengó: ¡mexicanos! Reconozcan su dignidad, no se dejen tratar como lelos e ignorantes. No se traguen a todos los jefes ni todos los discursos, guarden el trigo y manden la paja al fuego.

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