Editoriales

Proyecto Secreto: Distingue las autoridades, hay buenas y malas

Elegimos representantes, no para reinar y servir a su ideología e intereses de clase y atender a la mínima (minoría) de ricos, sino puede servir a los millones de mexicanos.

Morelia, Michoacán, 01 de octubre de 2019.- Urge que los mexicanos despierten.

Sacarlos de su postración: ignorancia debilitada, inmadurez, indefensión, panorama triste y lastimero.

Y que levanten su autoestima, que recobren la conciencia de su dignidad de personas y de hijos de Dios.

Para que no cedan ante las presiones de los poderosos países, que no entreguen a los pobres en tratados desventajosos.

Como sucede en el Norte, los peores tiranos son los connacionales. Es muy doloroso contemplar cómo los vivales de las elites los desprecian y se sirven de ellos.

Es una humillación engañarlos con las promesas de siempre que no se cumplen, que por un paraíso imposible les compran su voto, les impongan autoridades ineptas y les arrebaten su felicidad y la de sus hijos y cierren el horizonte de una vida nueva digna.

La tarea fundamental e inaplazable es tratar la persona con todo respeto, como figura central de la democracia, fuente de derechos y de obligaciones.

Es ayudarla a que tenga todo lo necesario para una vida digna, para que realice su destino y alcance la plenitud de vida, de felicidad, el éxito, la gloria.

Hay que levantar los millones y millones de pobres de su miseria insultante, de su humillación, de su vida sin metas ni ilusiones.

Que tengan las mismas posibilidades de bienestar y de triunfo que los hijos del primer mundo, que se sientan iguales que todos, vayan con la frente en alto y no se ciudadanos del cuarto mundo caminan agachados bajo el peso de la miseria y de la humillación.

Que tengan la posibilidad de ser grandes triunfadores, que desbordan de felicidad y hagan felices los pobres y desdichados, personas maduras y felices.

Hay que educar a la sociedad para que viva en democracia, se defienda de los populistas y los agentes de la mafia del poder que sólo cambio de piel y continúa con otros jugadores.

Hay que educar al pueblo para que sea grande, obrando con inteligencia y libertad, iluminado con los más importantes códigos de la humanidad. Desde vivir bajo el imperio de la ley universal, no de la ley particular del presidente. El presidente está obligado a acatar la ley universal.

Para que la gente participe con fruto en los foros de consulta, hay que levantarlo primero con una educación integral, de avanzada, en proceso. De otra manera los foros de consulta son teatro malo y caro.

La fe de Cristo, revelada para quienes tenemos la fortuna de llevarla, es una potencia atómica para transformar la situación, salir de la corrupción y avanzar al verdadero cambio.

Dios ama su pueblo y no quiere la vida de humillaciones, explotación, trabajando como esclavos.

“He visto la humillación de mi pueblo…”

El sufrimiento lo hacen los mismos mexicanos:

Los ambiciosos del dinero en medio de un pueblo pobre, que se lo llevan en sueldos escandalosos, contra toda justicia. El presidente, abanderado de la austeridad, podría ganar dos salarios mínimos como el pueblo que dice amar.

Los prepotentes, que se creen de una raza superior, con sus aptitudes de tirano arbitrario, caprichoso, soberbio. Dejan al descubierto su inmadurez y su vacío de virtudes, como la humildad, el desprendimiento, el servicio gratuito, el sentido del respeto.

Ah, si entendieran que su primer deber es educar al pueblo, con infinitos respeto y amor para que se levante, se fortalezca y sea capaz de hacer el cambio que tanto querían y sólo existe en su retórica populista.

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