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Proyecto Secreto: El cambio de México razonable, coherente, para bien

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Todos los mexicanos sabios y honestos queremos el cambio: salir de la corrupción y la demagogia y dar vida digna, sobre todo de los pobres.

Morelia, Michoacán, 18 de marzo de 2019.- Manuel Andrés o su gobierno han hecho declaraciones falsas que después tienen que rectificar como la condena de las compañías de medicamentos o las acusaciones a los empresarios por la serie Populismo en América Latina. Los empresarios reaccionaron tachando la declaración de muy irresponsable.

México necesita un estadista para realizar un proyecto de gobierno. Necesita un gobernante sabio, maduro, virtuoso, que gobierne para todos.

Que hable con toda seriedad, sea serio, que prepare maduramente sus declaraciones.

Que tenga una comunicación eficaz y transparente con su equipo, que no se contradigan o se corrijan la plana ante la nación, que no hagan declaraciones ligeras e irresponsables.

Que construya en continuidad con el pasado de México. Que no se dedique a demoler y a llevar la contraria. que se acepte limitado y vea sus defectos que todo mundo ve.

Que sea positivo, que haga su tarea. Pierde demasiado tiempo en juzgar a sus adversarios, descalificarlos, realizar cacería de brujas. La reconstrucción de México es más urgente.

Que sea un estadista de gran estatura y no un tipo susceptible, al que no se la puede tocar porque chilla. Todo hombre de la vida pública está expuesto a las críticas, Manuel Andrés debe aceptar que es limitado, que tiene defectos y comete errores. Si lo llaman populista, debe examinarse, aceptarlo si es el caso y reconocerlo ante la nación, pedir disculpa y cambiar de actitudes.

Todo hombre es una criatura limitada, con cualidades y defectos. Es como el árbol con el sol del mediodía, cuanto mayor es la claridad, tanto más densa es la sombra que proyecta.

Es una verdad evidente que ningún hombre tiene sólo cualidades sin defectos. Así lo afirman los psicólogos, como aquel gran conocedor de los adolescentes Eduardo Levi.

Es elemental sabiduría reconocer sus propios defectos para ser una persona sabia, madura y con los pies bien puestos en la realidad. Así se afrontan los retos personales y sociales en su perspectiva adecuada y se hace la historia del país, que no es sólo blanca  o sólo negra, sino de claroscuros.

Los responsables de la gestión de la cosa pública en el país son con frecuencia buenos para manejar las masas y llevarnos a sus proyectos personales  o nacionales, para bien del país o para su desgracia.

Es delicada moralmente la conducción del pueblo. Es reprobable aprovecharse para manipularlo, hacerle creer, darle lo que el pueblo quiere. Es desastroso servirse de las masas ignorantes, débiles, aprovecharse de su postración para proyectos personales.

El pueblo de México, es un gran pueblo, debe ser tratado con absoluto respeto, darle mucho más que dinero gratuito. Es indignante querer mantenerlo controlado con pan y circo. El mexicano es cuerpo y espíritu, tiene una dignidad inviolable, divina. Es un crimen de lesa majestad no promover su dignidad integral por intenciones mezquinas.

La primera tarea es devolverle su dignidad, ningún bien se compara con la dignidad de la persona y su respeto.

Hay que educarlo, llevarlo a su estatura adulta, según la medida de Cristo, el único hombre perfecto, que todo lo hizo bien. Hay que darle criterio para distinguir lo bueno de lo  malo, formar su voluntad para que sea libre ante “huesos” o regalitos.

Que sepa reconocer a sus gobernantes, los que buscan su bien verdaderamente de los que se buscan a sí mismos y lo utilizan.

Se invierten los papeles no es más importante el presidente sino el mexicano humilde y el pueblo que en democracia es el soberano, el presidente es su mandatario, servidor humilde y solícito.

Sólo una educación seria, honesta, no la que se impone distinguirse de gobiernos pasados o por ideología de un grupo, el mexicano será redimido, llevarán una vida digna, sabia, sabrá distinguir a los buenos gobernantes con sus genialidades y vicios y a los malos que se creen intachables y sólo ven logros históricos, nunca antes vistos.

Será libre, sabrá valorar y quedarse con lo bueno y con los buenos.

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