Editoriales

Proyecto Secreto: Evo Morales, la raza de los dictadores

Atentos a la conducta dictatorial criminal de Evo Morales vemos las mismas actitudes y vicios en nuestro país.

Morelia, Michoacán, 29 de octubre de 2019.- Hay una raza de hombres dictadores, mareados por el poder, quieren quedarse con él para siempre. Los ha habido y los habrá siempre en la historia.

Uno de ellos es Evo Morales el presidente de Bolivia. Todo mundo percibe su obsesión por el poder, sólo ellos están en otra esfera, enajenados. Evo Morales, presidente de Bolivia está aferrado al poder y lo quiere para un cuarto mandato de cinco años.

Está enajenado, vive en su realidad político virtual y no ve nada más. Dice tener razón ¿no ve que está cometiendo graves crímenes? En momentos cruciales del conteo electoral se cae el sistema , lo mismo que hizo Manuel Barlett, de la 4T.

Están endiosados y no ven la realidad ni a sus hermanos, totalmente insensibles al sufrimiento de las multitudes, no ven su culpa de lesa humanidad por un solo ciudadano que muere.

Hay que analizar esta casta de dictadores. El poder los hace perder piso y quedarse sin sentido común. Están enfermos en su mente, de megalomanía es decir del delirio de grandeza, se creen únicos, más que los demás, creadores de la gran transformación de la historia. Son mitómanos, toman sus deseos y sus fantasías por la realidad, no ven las cosas con la lucidez y sencillez de los humildes.

Han perdido el sentido de la verdad y viven en un mundo de mentira. Así se explica las palabras absurdas de Diosdado Cabello profetizando el triunfo de la dictadura bolivariana para otros países, concretamente de América latina.

Los latinoamericanos somos pueblos con sentido común, sin embargo somos ignorantes y fácilmente nos manipulan los discursos fantasiosos y populistas. Los dictadores ganan apoyados criminalmente en las necesidades de los humildes, en su ignorancia y debilidad. López O. proclama que el pueblo bueno está con él pero no la elite.

Estos vivales se aprovechen de una situación triste y miserable que viven nuestros pueblos, señalan los obispos de México en su Proyecto Global de Pastoral. “Muchos pueblos de nuestro país experimentan constantemente la inseguridad, el miedo, el abandono de sus hogares y una completa orfandad de quienes tienen la obligación de proteger sus vidas y cuidar de sus bienes” (p. 20 ).

De su análisis se desprende una situación de postración. Viven en la indefensión, sin lo necesario para una vida digna, no son suficientes, según la expresión de don Vasco de Quiroga. Muestran estos defectos: son atenidos, apáticos, están desactivados en el fondo, su autoestima y sentido de la propia dignidad están por los suelos.

La solución de esta situación trágica está en manos de todos, no va venir del gobierno que se alimenta a sí mismo, se engorda, vienen para destruir y matar siguiendo las parábolas de Cristo.

La gran necesidad del momento: la gente necesita despertar, reaccionar como gente grande que no los vean como una borregada manipulable o cómo niños que aún se chupan el dedo.

Debemos contagiar en el hermano de al lado el sentido de la propia dignidad, que recuerde que es grande, más que hijo de príncipes, es hijo de Dios. Es el mensaje del Evangelio de Cristo. Urgentemente necesitamos convertirnos en personas de criterio. Si se puede, hay muchos caminos, podemos sacudir y elevar al hermano.

En un mundo intercomunicado, hay que usar positivamente las redes de la tecnología, poner ahí mensajes virales.

Allá van las campañas de las organizaciones sociales, este despertar de la dignidad de las personas es un componente esencial de la campaña de la Construcción de La Paz.

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