Editoriales

Proyecto Secreto: Gobernar para todos

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales
El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Todos deseamos el cambio para tener el país soñado. Pero seamos maduros, la empresa es difícil, no cualquier cambio es bueno.

Morelia, Michoacán, 26 de marzo de 2019.- Los mexicanos que conservan sabiduría y honestidad quieren el cambio: salir de la corrupción y la demagogia y dar vida digna a todos los mexicanos, sobre todo los pobres.

En un spot de MO..NA (la REgeneración no les importa y se abusa del término MORENA para inducir a la gente, es un abuso sacrílego por la evocación religiosa del término) se presenta este Movimiento como algo muy bello, dotado de todas las virtudes. El contenido no corresponde a la realidad, se da en un lenguaje populista, no corresponde a los hechos ni a las intenciones de la clase gobernante.

Se escucha con frecuencia a gente muy humilde comentar: si saben lo que hay que hacer, si tienen ideas geniales y tanto amor a los pobres, ¿por qué no lo hacen?

El spot mencionado proclama con voz melodramática:  MO..NA gobernará para todos. Es un imperativo categórico de la clase gobernante. Si lo están anunciando con bombo y platillo, que no hubiera necesidad, es porque no se da en los hechos ni en las intenciones.

De un gobierno para los PRIvilegiados hay manifestaciones realmente graves y perversas, igual que en tiempos del PRI, que es la matriz de la clase política, junto con el PRD, es la misma raza política.

Tal vez la manifestación más grave y perversa sea la polarización de los mexicanos que realiza el gobierno. Los ejemplos son incontables.

En los hechos, como en la cancelación del aeropuerto internacional, el presidente dio la espalda a las multitudes pobres y no tocó a la clase empresarial. La pérdida fue trágica, pero los empresarios no perdieron nada, se les va a pagar con el impuesto de aeropuertos. Ese dinero hace falta para un pueblo hambriento y enfermo y concretamente para promover el turismo una fuente preciosa, de las más importantes de ingresos.

El presidente pierde demasiado tiempo en denostar a quienes no pertenecen a su facción, los hechos están a la vista. Es violento y sarcástico el trato que da a quienes lo critican con razón. Es el caso en la prensa fifi, como él la llama, que tiene criterio y hace su papel de informar y dar su opinión, los condena por su conservadurismo. No es el caso de los aduladores, mercenarios, que quieren hallar gracia ante el poder.

Debe pensar en serio los problemas y su solución sabia, pero se pierde en descalificar y clasificar a quien difiere de las ideas y las preferencias de  su persona. Los problemas de México son complejos y profundos y requieren toda la tensión del primer mandatario, no puede estar perdiendo precioso tiempo ni energía.

El número de casos es incontable.

¿Qué puede hacer el pueblo democrático mexicano? Lo primero es crecer y tener criterio por bien de todos. Es insufrible y vergonzoso que se trate a un pueblo como un hato de borregos. No se puede abusar de la sencillez e ignorancia de la gente humilde no se le puede engañar como cuando se afirma que el pueblo es bueno. No se puede tolerar que se aprovechen del fanatismo de los débiles, de las emociones irracionales para hacerlo como al gobernante le place.

Es necesario que el pueblo reaccione. Para eso urge educarlo y devolverle su dignidad para que se convierta en un pueblo libre e inteligente, capaz de democracia y listo para construir un futuro diferente.

¡Qué difícil empresa de hacer reaccionar a las multitudes que están endiosadas con un líder o que se mueven por intereses banales, que caen ante la perfidia de algunos y cambian el oro de la libertad y de la dignidad por cuentistas de vidrio.

El gobernante legítimo, no sólo por una votación que puede ser viciada por compra de votos, como decía no recuerdo qué líder, no busca el poder para sí mismo, para satisfacer sus fantasías de dominio absoluto. Es el que piensa en los demás y gobierna para todos. No es autocrático, autoritario, déspota. El tirano utiliza a los demás para satisfacer sus ambiciones personales, tal vez él cree que está haciendo bien.

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