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Proyecto Secreto: La lección de Bolivia

Bolivia es el espejo en que los otros países deben verse a sí mismos, sus gobernantes y su pueblo humilde y sufriente

Morelia, Michoacán, 12 de noviembre de 2019.- El tirano, Evo Morales renuncia a la presidencia contra sus planes.

El rechazo del pueblo boliviano hizo imposible que se saliera con la suya: manipuló la elección, propuso repetir la elección, finalmente renunció.

No renunció voluntariamente, sintió la fuerza del pueblo airado contra sus simpatizantes y contra él mismo. A él le gusta el poder y se siente único, encarnación de la perfección.

Se va sin asumir valiente y lúcidamente la realidad y presentándose como víctima inocente. Lee la realidad a su favor.

Imagínense el sentimiento de tranquilidad de los hermanos bolivianos, su gozo. Para el mundo civilizado, de libertades y derechos humanos, fue un  alivio indescriptible.

Fue una liberación, una salida que se veía imposible y muy lejana. Es cierto que costó vidas humanas, de cada una es culpable Evo.

Otros afines a los tiranos como el de Cuba, Venezuela, México y otros se lamentan del fin de Evo. Habían saludado su victoria.

La renuncia de Evo no fue voluntaria, generosa, el tirano no pensó en el bien de su pueblo, esa especie no piensa en eso. Se vio obligado por la acción decidida de un pueblo bravo que pasó a los hechos en La Paz, Cochabamba y en muchas otras partes.

Es de subrayar la actitud del pueblo humilde que defendió su libertad e instituciones, su dignidad. Su premio es una vida libre y soberana, digna.

¿Podemos estar de acuerdo con los bolivianos que se rebelan contra la dictadura, la opresión, la arbitrariedad?

Ellos se levantan contra la falsedad de un sujeto que se escuda en la democracia sólo de apariencia, en los hechos es un tirano, adicto al poder.

El tirano se engorda a sí mismo, no sólo con dinero y lujos, también con la vanagloria, el poder autoritario. También le fascina el culto a la personalidad y sentirse indispensable y grande más que todos sus semejantes. Casos como ése se ven en otros países, entre nosotros.

El tirano no busca el bien verdadero de los ciudadanos, su promoción, su vida digna y feliz. El centro de su acción no es la persona humana, su dignidad, todos sus derechos. Es esencialmente egoísta, se busca a sí mismo y aparenta desvivirse por los demás. Proyecta su falsa imagen de un santo, de un virtuoso, de un héroe.

El poder y la gloria le han hecho perder piso y vive en su burbuja de buenos deseos y de sueños, pero no hace contacto con la realidad. Todo es fantasía, falsedad en la mente de un mitómano.

¿Se puede experimentar en cabeza ajena, se puede hacer la proyección a los presidentes de otros países? Se debe.

Hay que detectar la falsedad y el engaño los verdaderos móviles de la clase dirigente.

Hay que detectarlo a tiempo. Hay que ver a través de la membrana el huevo de la serpiente de dónde aparecerá la bestia del Apocalipsis.

Tal vez no todos, pero muchos mexicanos como la elite que no quiere a Manuel Andrés deben estar despiertos y críticos de los gobernantes, no todo lo que dicen es lo máximo.

Hay que ver sus hechos, si muestran respeto por los humildes, si tienen como centro de su gestión la persona humana.

Hay que ver si son coherentes, si dan buenos resultados más allá de un discurso populista, sencillo y sabio, aparentemente. Si no están construyendo castillos en el aire y la República del engaño y la catástrofe.

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