Reformas a la Constitución, regresar al origen / Hugo Gama

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Hugo Gama es Maestro en Derecho por la Universidad La Salle México, así como abogado especialista en propiedad industrial; actualmente se desempeña como director del Registro Civil de Michoacán

Hugo Gama es Maestro en Derecho por la Universidad La Salle México, así como abogado especialista en propiedad industrial; actualmente se desempeña como director del Registro Civil de Michoacán

Personalmente considero que no se requiere una nueva Constitución como en diversos foros se ha planteado, sostengo la idea de revertir las reformas que han lastimado la soberanía alimentaria, la soberanía energética, la soberanía jurídica y la soberanía territorial

Morelia, Michoacán, 06 de febrero de 2017.- La Constitución deriva de un movimiento revolucionario que recoge las más sentidas demandas sociales, en lo político, social y económico, por ese motivo la oportunidad del momento de construir un nuevo estado no podía dejarse pasar, pues es de esa manera como se han construido la inmensa mayoría de las constituciones del mundo.

Las constituciones son el acuerdo por el que se estipulan las condiciones de organización política y el ejercicio del poder, es la determinación del cómo deben conducirse los anhelos y aspiraciones de la sociedad por medio de la estructura que se ha decidido tener.

Desde su nacimiento a la fecha, la Constitución ha sufrido centenares de modificaciones que han afectado el espíritu original. Las reformas en buena medida se han realizado sin considerar los anhelos y aspiraciones de la sociedad, incluso nos han regresado a la época del porfiriato, sobre todo en aquellas impulsadas por los grandes intereses económicos cuya visión se basa en el modelo económico mundial preponderante.

Las reformas que han trastocado y casi borrado el modelo económico mixto (público, social y privado), mudando paulatinamente al dominio privado resultan en su gran mayoría de los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto. Es en estos gobiernos dónde se desarticula y destroza la visión del constituyente y la otrora reformas de alto contenido social.

Las reformas que bien pudieran llamarse virtuosas, son las que los grupos sociales no económicos han impulsado, por mencionar algunas, nos encontramos las de derechos humanos que se han venido ampliando y buscando mayores mecanismos de protección y control; también tenemos la que reconoce la pluriculturalidad del país y reconoce la libre autodeterminación de los pueblos indígenas.

En el aspecto político, resultan relevantes las electorales que poco a poco han venido eliminando el sufragio presidencial, abriendo oportunidades para el acceso al poder a quienes no han formado parte de la hegemonía.

La era Trump ha regresado el nacionalismo desaparecido con las reformas de carácter económicas, es por una amenaza extranjera que regresa de manera efímera el espíritu revolucionario y nacionalista que dio origen a la Constitución. Es en estos momentos cuando queda evidenciado el error en el que se encontraban aquellos que acusaban de “nacionalistas trasnochados” a quienes se opusieron a reformas como la energética que dio al traste con la nacionalización de los hidrocarburos obtenida durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río.

Personalmente considero que no se requiere una nueva Constitución como en diversos foros se ha planteado, sostengo la idea de revertir las reformas que han lastimado la soberanía alimentaria, la soberanía energética, la soberanía jurídica y la soberanía territorial. El momento llama a todos a retomar el espíritu del contrato social original, lo que debe ser una oportunidad de lograr la plena constitucionalidad que tenga como consecuencia el progreso y el desarrollo.

Nota final

Es preciso que se tenga conciencia de la Constitución, por lo que debe ser materia de estudio desde la educación preescolar, tiene que ser parte de la formación de los mexicanos de manera obligatoria, ello para entender la construcción y evolución del estado mexicano, los derechos, y para no pasar ridículos como los que pasaron los diputados federales exhibidos recientemente por Imagen Televisión.