Religiones y sectas (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

A lo largo de la vida casi todos hemos tenido la mala suerte de toparnos con esos activos promotores de religiones, que con obstinación digna de mejor causa, llegan a la puerta de nuestro hogar a inopinadas horas, situación particularmente molesta cuando se les ocurre tocar el timbre un domingo temprano

Morelia, Michoacán, 28 de noviembre de 2017.- A lo largo de la vida casi todos hemos tenido la mala suerte de toparnos con esos activos promotores de religiones, que con obstinación digna de mejor causa, llegan a la puerta de nuestro hogar a inopinadas horas, situación particularmente molesta cuando se les ocurre tocar el timbre un domingo temprano.

El abanico de religiones que se promocionan es amplio; Testigos de Jehová; Adventistas, Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, largo título que la mayoría abreviamos a “mormones” en alguna de sus varias versiones como la llamada “Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Últimos días” y otras menos activas a nivel de promoción y propaganda. Todas con un denominador común, ser la religión “verdadera” según sus adeptos.

En los últimos decenios, en México las que más han crecido y por ello se han hecho más “famosas” son tres, los Mormones, los Adventistas y los Testigos de Jehová. Curiosamente las tres comparten características muy similares  y también es curioso el hecho de que los tres más grandes grupos de religiones cristianas, Catolicismo, Protestantismo y Ortodoxos condenan y desaprueban a estas sectas.

Estas tres religiones de rápido crecimiento comparten interesantes similitudes. Las tres nacieron en los EE UU en la primera mitad del siglo XIX. Las tres interpretan la Biblia de manera fundamentalista y según las enseñanzas de su fundador. Las tres creen que la Iglesia Católica es la Ramera del Apocalipsis o la Babilonia.  Creen en la Apostasía de la Iglesia de Cristo y que tenía que llegar su fundador para volver a restaurar las verdades perdidas; por ello se les conoce con el nombre de Sectas Restauracionistas.  Sus fundadores profetizaron sobre la fecha del fin mundo o la Segunda Venida del Señor y esas profecías nunca se cumplieron Las tres creen en el Armagedón y el Milenarismo con pequeñas variaciones. Las tres enseñaron doctrinas racistas en el pasado. Los mormones  no permitían a los negros ser Sacerdotes hasta 1978 creyendo que la raza negra era fruto de la maldición de Cam y de Caín. Los Adventistas  siguiendo las enseñanzas de su profeta Elena G. White creían que los negros provenían del cruce de hombre y animal (Doctrina de la Amalgamación). Los Testigos de Jehová coincidiendo con el mormonismo  y tuvieron algunas publicaciones donde enseñaron que la raza negra es inferior y dada al servilismo.

Finalmente lo más notorio, y molesto para el público en general, las tres hacen un proselitismo muy activo y francamente agresivo usando folletos, revistas, libros y visitas a domicilio con personal inmune a los rechazos e impermeable a todo razonamiento.

Inventar o reformar una religión a partir de una “religión primaria” es algo que históricamente hemos observado muchas veces. Pero inventar una de la nada es, curiosamente, relativamente sencillo. Tenemos los archiconocidos ejemplos de la parodia del Unicornio Rosa Invisible de Carl Sagan y la Religión del Monstruo de Espagueti Volador del físico norteamericano Booby Henderson; la Religión Presleyteriana (de Elvis) y la muy opaca y adinerada secta de la Cienciología, esa donde militan Tom Cruise y John Travolta, fundada por un imaginativo novelista de ciencia ficción, Ron L Hubbard en 1950 y que por cierto ya tiene unas enormes oficinas en la CDMX, Calle Balderas núm. 27. Por si les interesa.

Reflexionemos, el hombre no acepta su finitud, busca explicar lo que le es extraño y necesita creer en algo. No hacerlo lo llena de angustia. Y si una religión le sirve para ser una mejor persona está bien, si sirve para rechazar y discriminar, está mal.