Sectas, un fenómeno religioso y político (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

Toda persona puede ser captada por una secta destructiva en el “momento oportuno”. Toda sociedad con grandes frustraciones, puede ser presa de un líder mesiánico. Ejemplos históricos abundan. ¿Cuántos conoce usted?

Morelia, Michoacán, 24 de julio de 2018.- Al  buscar en diversas fuentes que  es lo que debemos entender por “secta”, vamos a encontrar múltiples definiciones, las más de ellas enfocándose al aspecto religioso, pero también encontraremos fuentes que usan la denominación “secta” para definir a un grupo con ideas que tienen que ver más con la política que con las religiones.

Una definición más o menos amplia nos indica que una secta es un grupo de personas que comparten una ideología o una creencia  y cuyos integrantes exhiben una extrema devoción a una persona y emplea técnicas de persuasión y control coercitivas, intensa presión grupal, manejo de la información, suspensión de la individualidad o juicio crítico  y fomento de la total dependencia del grupo.

Básicamente una secta tiene una estructura autoritaria, donde el líder tiene la decisión única y final sobre todos los asuntos, y por lo general suele poseer un sistema ético doble (uno para él y otro para los miembros) en otras palabras, usan un doble rasero.

Es un hecho que prácticamente cualquier persona puede ser captada por una secta, religiosa o política,  si es abordada en el momento oportuno. Y este “momento oportuno” es el resultado de una diversidad de elementos. Entre estos factores encontramos  sensación de inutilidad, frustración permanente, baja tolerancia a las presiones de la sociedad, desilusión respecto de la propia cultura,  insatisfacción a nivel educativo, profesional, laboral, emocional, una gran dosis de idealismo ingenuo y mucha, mucha ignorancia.

El ser humano, pobre  o rico, da igual, necesita creer, necesita compartir algo trascendental  y obtener atención; y eso de creer no se trata solamente de creer en un Dios, puede perfectamente tratarse de creer en un líder político mesiánico.

Líderes hay muchos, con la denominación que se les ocurra. El líder lo sabe todo y lo prevé todo. Nadie puede dudar de sus afirmaciones,  sería una herejía y eso es castigado severamente. Sus seguidores comparten una  fe fanática, muestran una gran intolerancia y no soportan que los contradigan. Si alguien tiene la osadía de contradecir o cuestionar al líder de manera personal  este primero se incomoda, pero rápidamente se excita y se enfurece. No soporta que alguien lo desafíe y menos que ponga en evidencia sus incongruencias.

Todas las sectas, especialmente las destructivas, tienen un líder, que es un personaje mesiánico, carismático, con un gran encanto personal y gran poder de atracción; lo que los psicólogos llaman paranoico expansivo,  que se convierte en dueño de cuerpo y alma del adepto.

Otra característica que poseen los líderes sectarios es que padecen de un “narcisismo maligno” (Trump); se caracterizan por un sentimiento extremo de ampulosidad, crueldad sádica, sospechas paranoicas y una carencia total de empatía y  sentido de culpabilidad.

Su  arrogancia viene de su firme creencia de que están destinados a algo grande en esta vida, lo que los hace especiales, únicos. Cualquier ocurrencia que tengan, por discutible o disparatada que sea, es justificada. Si se miente es por un bien superior. Dado que esto lideres carecen de todo sentido moral o conciencia, mienten, roban, desvían recursos, engañan y explotan a los demás sin remordimiento alguno. Sencillamente no sienten nada, carecen totalmente de empatía.

Concluyo: Toda persona puede ser captada por una secta destructiva en el “momento oportuno”. Toda sociedad con grandes frustraciones, puede ser presa de un líder mesiánico. Ejemplos históricos abundan. ¿Cuántos conoce Ud.?

Alejandro Vázquez Cárdenas