Señales que se acercan (Por: Jorge Luis Hernández Altamirano)

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El autor, Jorge Luis Hernández Altamirano, es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México

El autor, Jorge Luis Hernández Altamirano, es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México

No han faltado en estos meses, escándalos y declaraciones confusas que han dado material a analistas y opinadores para imaginar y, desde que se instaló la nueva Legislatura, analizar cómo se comportará MORENA ahora que detenta los espacios de representación pública

Morelia, Michoacán, 08 de octubre de 2018.- Ha transcurrido ya más de la mitad del largo proceso de transición entre el gobierno que aún existe, el de Enrique Peña Nieto, y el que arrasó en las urnas el pasado 1° de julio. En parte por esa fuerza, y en parte por las señales confusas que Andrés Manuel López Obrador se empeñó en lanzar como candidato, ha habido mucha incertidumbre sobre qué puede esperarse sobre el nuevo gobierno.

No han faltado en estos meses, escándalos y declaraciones confusas que han dado material a analistas y opinadores para imaginar y, desde que se instaló la nueva Legislatura, analizar cómo se comportará MORENA ahora que detenta los espacios de representación pública.

Dos casos me parecen reveladores en torno al futuro de la administración que empezará el próximo 1° de diciembre. El primero, el de la futura directora del, hasta hoy, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), la Dra. María Elena Álvarez-Buylla quien, ante el temor de llegar  a una institución con recursos comprometidos, ordenó, basada en un artículo de decreto de proceso de transición que no le da facultades para ello, suspender contratos y convocatorias, incluidas las de becas, que son una herramienta de la institución para el cumplimiento de sus metas y de las que dependen centenas de investigadores de posgrado en México y en el mundo.

La petición, además de causar estupor entre los integrantes del CONACYT y evidentes risas, no sólo entre los expertos en derecho administrativo sino en todo aquel que ha tenido cierto contacto con la Administración Pública y que conoce la piedra angular sobre la que ésta descansa: “el servidor público sólo puede hacer lo que la ley dice”, sembró muchas dudas en torno al estilo y la capacidad de los nuevos funcionarios públicos; pues, si bien es cierto que muchos de ellos acumulan títulos e investigaciones valiosas, lo cierto es que la función pública exige el cumplimiento de ciertos mínimos y la asesoría de profesionales que eviten la pena de emitir una solicitud como esa.

Pero, el error no paró allí, ante la filtración del oficio, la futura funcionaria respondió con otro comunicado en el que, entre otras cosas, confirmaba la veracidad y el tono de su “solicitud” y por el que, además, se extrañaba de la publicación de documentos entre servidores públicos. Harán falta unas clases sobre tolerancia a los errores y sobre sensibilización en el tema de transparencia. Peor aún, para superar el escándalo aseguró que cambiaría el nombre la institución para incluir en él, la palabra “Humanidades”, cambiar para no cambiar nada.

Y es que, es conocido que, en materia presupuestal, buena parte de estos recursos suelen estar comprometidos desde la elaboración del presupuesto para el siguiente año fiscal: sueldos y salarios, gastos administrativos y un largo etcétera, dejan mucho menos recursos disponibles para que los nuevos secretarios o directores los reordenen y destinen a los campos que les interesan.

El error de Álvarez-Buylla hubiera sido suficiente para, en otras naciones democráticas, marginarle de su próximo cargo, pues la novatez no sólo refleja su desconocimiento del contexto legal en el que se desenvuelve todo acto administrativo, sino que deja ver una convicción arraigada de que la transformación del país de la cual participa no puede limitarse por nada, ni por nadie. Es la concreción del credo López Obradorista: el pueblo bueno no necesita regímenes y normas, porque la bondad de su misión le faculta para hacer lo que quiera.

El otro, y del que hablaré en próximas entregas, es la conformación del cuerpo de “Servidores de la Nación”, un grupo de militantes de MORENA listos para elaborar, casa por casa, un padrón de necesidades de las personas, que permita identificar a los beneficiarios de los programas sociales del nuevo gobierno. Como usted entenderá, hay muchas señales preocupantes. En primer lugar, que la formación de padrones únicos ya está en la Ley y es responsabilidad de agentes estatales; en segundo, que el control de programas sociales por un partido evidentemente implica un uso electoral; y, en tercero, que la diferenciación entre gobierno federal y MORENA parece ser, será inexistente.

Los cambios institucionales, a menos que sean a través de una revolución y este no es el caso, son reformas incrementales. Lo contrario, forzarlos, conduce a la ruptura institucional, ojalá comiencen a entenderlo los agentes de la cuarta transformación.

Al tiempo.

Jorge Luis Hernández Altamirano