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Simonía. Datos. (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

La palabra simonía deriva de un personaje que aparece en los Hechos de los Apóstoles; el personaje en cuestión es Simón el Mago, que en algún momento quiso comprarle al apóstol Pedro su poder para hacer milagros.

Morelia, Michoacán, 24 de marzo de 2020.- La palabra «simonía» significa concretamente la compra y venta de bienes de tipo espiritual por medio de bienes materiales. En el cristianismo la simonía incluye desde la compra de cargos y puestos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, promesas de oración, hasta el perdón de todos pecados etc. etc. Se define en la iglesia como: «una intención deliberada de comprar o vender por un precio temporal cosas que son en sí espirituales».

La palabra simonía deriva de un personaje que aparece en los Hechos de los Apóstoles; el personaje en cuestión es Simón el Mago, que en algún momento quiso comprarle al apóstol Pedro su poder para hacer milagros, lo que ocasionó una violenta reprobación por parte de Pedro, «Que tu dinero desaparezca contigo, dado que has creído que el don de Dios se adquiere a precio de oro».

A pesar de este antecedente la simonía era algo común entre los siglos IX y XI, pese a la legislación contra ella. Durante ese período la simonía impregnaba absolutamente la vida de la iglesia en todos los niveles, desde el más bajo clero hasta al papado. Una de las causas del origen de la Reforma fue precisamente la simonía centrada en la venta de indulgencias.

Fue hasta el reinado del papa Gregorio VII (1020-1085) cuando se acabó con la venta de cargos eclesiásticos durante la llamada «Querella de las investiduras».

El tema de la simonía tiene vigencia absoluta en México, solo que aquí es más conocido con la denominación de narcolimosnas. El tema es delicado pues toca fibras muy sensibles para buena parte de los católicos mexicanos. La posición de la Iglesia Católica por medio de su publicación oficial «Desde la fe», afirma que buena parte de los sectores sociales mexicanos estarían involucrados en el narcotráfico y el crimen organizado y hace un llamado a la conciencia de todos, para remediar esta situación.

Afirma esta publicación católica que gobernadores, militares, empresarios, “policías enteras”, periodistas y medios de comunicación estarían vinculados con las bandas del crimen y el narco. Y ya encarrerada, la Arquidiócesis afirma que es intolerable que en pueblos y comunidades enteras, las parroquias y los sacerdotes justifiquen a los narcotraficantes y a los criminales solo por el hecho de que son benefactores de los criminales.

Pero la otra cara de la moneda la encontramos en las declaraciones del que fuera Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Ramón Godínez Flores, el cual admitió que a la Iglesia Católica llegan limosnas del narcotráfico, pero que se purifican al entrar a ella, según declaró al periódico Reforma.

«No nos toca a nosotros investigar el origen del dinero». «Está el ejemplo de nuestro Señor cuando recibió el homenaje de aquella mujer (María Magdalena), cuando le ungió sus pies con un perfume muy costoso, y Jesús no investigó: ‘¿en dónde compraste ese perfume?’. No. ‘¿De dónde fue el dinero?’, él simplemente recibió el homenaje».

El que fuera también comisionado de la Conferencia del Episcopado Mexicano para asuntos educativos se le preguntó si la Iglesia no debería rechazar las limosnas de las que sospeche que provienen del narcotráfico: «No porque el origen del dinero sea malo hay que quemarlo. Hay que transformarlo, más bien. Todo dinero puede ser transformado, como una persona también que está corrompida se puede transformar», expresó. «Si una persona se puede transformar, cuanto más lo material».

Algo muy evidente podemos colegir de todo esto; si alguien en México conoce pelos y señales de los políticos, empresarios y gobernante que están involucrados con las bandas del crimen y el narco, son precisamente los ministros del culto católico pues por su misma profesión, y actividad en ciudades, pueblos, comunidades y rancherías están en posición de conocer, con detalle, vida y milagros del narco.

La pregunta obligada es ¿Y qué van a hacer los sacerdotes del rito católico con esa muy peligrosa información? ¿Será esa una de las razones por la cual muchos sacerdotes han sido asesinados en las áreas donde reina el narcotráfico? En el sexenio de Calderón fueron asesinados 17 sacerdotes, pero en el de Peña Nieto la cifra alcanzó los 26. Algo grave está pasando. Y considero que va a seguir pasando.

Alejandro Vázquez Cárdenas

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