22 Tour de Cine Francés: Sin dejar huellas

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Sin dejar huellas retoma algunas características comunes en el cine policial: un misterio aparentemente insoluble, un detective con aires de antihéroe y un antagonista maquiavélicamente desquiciado

Sin dejar huellas retoma algunas características comunes en el cine policial: un misterio aparentemente insoluble, un detective con aires de antihéroe y un antagonista maquiavélicamente desquiciado

La historia se desarrolla en un suburbio parisino. La desaparición de un chico de dieciséis años es investigada por el comandante Visconti, un tipo rudo que arrastra sus propios problemas. Las únicas pistas para resolver el misterio no vienen de la compungida madre del adolescente, sino de un extraño profesor, vecino de la víctima, quien parece tener un mórbido interés en el caso.

Morelia, Michoacán, 09 de septiembre de 2018.- El Tour de Cine Francés cumple veintidós años ininterrumpidos de ofrecer una selección representativa de lo más reciente de la cinematografía gala. La edición 2018 de la muestra itinerante arrancó con el thriller Sin dejar huellas (Fleuve noir, 2018), cuarto largometraje que firma el director y guionista Erick Zonca, quien es conocido ante todo por su ópera prima La vida soñada de los ángeles (La vie rêvée des anges, 1998), la cual se llevó un par de reconocimientos para sus jóvenes protagonistas tras su destacada presentación en el Festival de Cannes.

A lo largo de su historia, el Tour ha ofrecido una buena cantidad de filmes policiales de notable factura, podemos citar por ejemplo Lee mis labios (Sur mes lévres, 2001), o más recientemente En el nombre de mi hija (Au nom de ma fille, 2016). El debut del cineasta Erick Zonca en este tradicional evento cinematográfico con su más reciente trabajo (de reciente estreno en las salas francesas), viene a engrosar la lista de thrillers que han formado parte de la variopinta selección.

La cinta se basa en la novela “Tik Ne’edar”, del escritor israelí Dror Mishani, publicada originalmente en 2011 (en español está editada por Destino, con el título “Expediente de desaparición”), con guion coescrito por el propio Zonca. La historia se desarrolla en un suburbio parisino. La desaparición de un chico de dieciséis años es investigada por el comandante Visconti, un tipo rudo que arrastra sus propios problemas: una mala relación con su hijo problemático y su marcado alcoholismo. Las únicas pistas para resolver el misterio no vienen de la compungida madre del adolescente, sino de un extraño profesor, vecino de la víctima, quien parece tener un mórbido interés en el caso.

La cinta gira en torno al personaje creado por Vincent Cassel, barbudo y sudoroso, de andar ondulante y cargando una gabardina en sus anchas espaldas. Incapaz de superar un amargo divorcio y siempre con una botella en las manos, el comandante Visconti centra su atención romántica en la madre del desaparecido, al mismo tiempo, refuerza sus sospechas en el excéntrico profesor de literatura interpretado por Romain Duris, quien al igual que Cassel, son de las caras más conocidas de la cinematografía francesa contemporánea.

Es justamente el choque de personalidades entre los contrincantes masculinos y no el misterio del adolescente desaparecido lo que hace avanzar una historia que parece un tanto confusa en los primeros minutos. Y aunque el guión de Zonca logra fluidez a partir del primer encuentro entre los oponentes, deja truncadas algunas subtramas, la más importante de ellas, la frustrante relación que sostiene el investigador con su único hijo, la cual nos enteraremos, no tiene peso alguno en el desenlace del relato.

Apunta en su favor su carácter impredecible. Un par de vueltas de tuerca pueden llegar a sorprender al espectador a pesar de estar rodeadas de ciertos detalles inverosímiles, los cuales probablemente tienen un mejor desarrollo en la versión literaria de la obra, la cual está compuesta de otros dos volúmenes.

Sin dejar huellas retoma algunas características comunes en el cine policial: un misterio aparentemente insoluble, un detective con aires de antihéroe y un antagonista maquiavélicamente desquiciado. Si bien Zonca deja algunos cabos sueltos que impiden conformar un relato de solidez incuestionable, su atmósfera asfixiante, un elenco de ensueño y una puesta en escena más oscura de lo que vemos habitualmente en el Tour, son los elementos que más pesan en este thriller cumplidor.