Cartelera Retrospectiva: 120 latidos por minuto

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El pasado militante de su director le permite lograr el equilibrio entre la remembranza histórica y el amor que surge a pesar de la fatalidad

El pasado militante de su director le permite lograr el equilibrio entre la remembranza histórica y el amor que surge a pesar de la fatalidad

La película está ambientada en Francia, en los primeros años de la década de los noventa. La expansión del SIDA entre la comunidad homosexual y otros sectores vulnerables de la población, seguía cobrando vidas a pasos agigantados ante la indiferencia del gobierno y la opinión pública

Morelia, Michoacán, 02 de diciembre de 2017.- Aunque ya había debutado como director desde el 2004, Robin Campillo era más conocido por su trabajo como guionista y colaborador habitual de Laurent Cantet. Pero hace unos años, el cineasta francés nacido en Marruecos, sorprendió a propios y extraños cuando escribió y dirigió el ampliamente aclamado drama criminal Eastern Boys (2013). Es por ello que la presentación de 120 latidos por minuto (120 battements par minute, 2017), en la sección oficial del Festival de Cannes generó gran expectación entre la prensa francesa. Los comentarios fueron mayormente positivos y al final, el largometraje se alzó con el Gran Premio del Jurado, el segundo más importante del certamen.

La película pudo verse hace unas semanas en Morelia durante el FICM. De hecho, el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, acudió para presentar la obra que por estos días llega a la cartelera de la mano de la distribuidora Cine Caníbal.

La película está ambientada en Francia, en los primeros años de la década de los noventa. La expansión del SIDA entre la comunidad homosexual y otros sectores vulnerables de la población, seguía cobrando vidas a pasos agigantados ante la indiferencia del gobierno y la opinión pública. Apenas unos años atrás surgió en Nueva York ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power), un grupo activista que buscaba llamar la atención sobre el SIDA, la investigación médica y el tratamiento eficaz para las personas que padecían la enfermedad. La agrupación tuvo varias ramificaciones, una de ellas en con sede en París, lugar donde se desarrolla el relato.

Campillo junto a su colaborador Philippe Mangeot, escribieron el guion basándose en sus propias experiencias con el grupo activista. Es por ello que buena parte del metraje se desarrolla al interior de las asambleas del colectivo. La mayor parte de los miembros de ACT UP formaban parte de la comunidad homosexual, pero era posible encontrar al interior toda suerte de personalidades, tal como se muestra en el filme: madres de adolescentes seropositivos, lesbianas, prostitutas, transexuales, discapacitados, etc.

La cinta avanza al ritmo festivo de las discusiones del colectivo, las marchas del orgullo gay, así como de las manifestaciones dentro de instituciones de gobierno, escuelas y empresas farmacéuticas. Muestra también la intolerancia y la incomprensión de la sociedad de la época (como horarios especiales para los estudios de los pacientes con la enfermedad, las publicaciones homofóbicas y la pasividad del gobierno ante la pandemia).

Pero la obra de Campillo no es solo un recuento anecdótico del llamado a la acción, de la difusión de la escasa información disponible y de la irrupción social del colectivo. Es también un catálogo de relaciones azarosas, pugnas intestinas y retrospectivas melancólicas del momento del contagio.

120 latidos por minuto es un drama sólido, con grandes actuaciones y un ánimo contagioso. El pasado militante de su director le permite lograr el equilibrio entre la remembranza histórica y el amor que surge a pesar de la fatalidad. Campillo nos ofrece una mirada sincera y cercana al tema que aborda, con una narrativa convencional, eso sí, pero muy efectiva.