Indocumentados hondureños buscan el “sueño americano” desde Morelia

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Así es como Yasen Fabricio Herrera su prima y su sobrino, esperan ansiosos la llegada de la locomotora que los trasladará como "polizones", es decir, como viajeros clandestinos al municipio de Irapuato, Guanajuato, después a Torreón, Coahuila, para de ahí, alcanzar la frontera sur de los Estados Unidos

Así es como Yasen Fabricio Herrera su prima y su sobrino, esperan ansiosos la llegada de la locomotora que los trasladará como “polizones”, es decir, como viajeros clandestinos al municipio de Irapuato, Guanajuato, después a Torreón, Coahuila, para de ahí, alcanzar la frontera sur de los Estados Unidos

No saben cómo llegaron a Morelia, no conocen a nadie ni saben de domicilios, solo se guían por las vías del tren que son las que los hacen fuertes para continuar el intenso y a veces doloroso camino desde el país centroamericano de Honduras hacia los Estados Unidos

Morelia, Michoacán, 04 de junio de 2018.- No saben cómo llegaron a Morelia, no conocen a nadie ni saben de domicilios, solo se guían por las vías del tren que son las que los hacen fuertes para continuar el intenso y a veces doloroso camino desde el país centroamericano de Honduras hacia los Estados Unidos, hasta conseguir el ansiado “Sueño Americano” que cambiara su vida para siempre, aunque sea solo con una cobija, pasta y cepillo dental.

Así es como Yasen Fabricio Herrera su prima y su sobrino, esperan ansiosos la llegada de la locomotora que los trasladará como “polizones”, es decir, como viajeros clandestinos al municipio de Irapuato, Guanajuato, después a Torreón, Coahuila, para de ahí, alcanzar la frontera sur de los Estados Unidos.

El viajero explicó que salió de Honduras por las condiciones económicas que hay en aquel país y las amenazas de las pandillas y del gobierno hondureño representado por Juan Orlando Hernández Alvarado que apenas en enero pasado comenzó su segundo periodo de cuatro años al frente, gobierno que comenzó en el 2014 y culminará hasta enero del año 2022.

Explicó que debido a que trabajó como militar en el primer batallón de infantería con el rango de sargento razo, conoce perfectamente que prácticamente no existe seguridad en Honduras, “pero cuando a uno lo dan de baja en el Ejército, tiene que salir huyendo por que los grupos del crimen organizado nos obligan a ser sicarios o asesinos lo que no quiero hacer”.

“Yo preferí emigrar a tierra soñada que es Estados Unidos o a otro país donde se encuentre más seguro, más seguridad económica, pero sobre todo seguridad para la propia vida de uno y sus familiares, tengo dos hijos allá uno de 13 años y otra de nueve que tuve que abandonarlos para buscar mejores condiciones en las que puedan vivir”.

Mientras las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos, el indocumentado explicaba que, “mis padres eran cristianos y la educación que me dieron fue de trabajar honestamente y por eso yo no quisiera volver a agarrar una arma, entre los grupos que nos obligan a volvernos sicarios están los Mara Salvatrucha que ahora pareciera tienen más poderío debido a que los cárteles colombianos y mexicanos los surten de armas”.

Ante la pregunta de que su gobierno qué hace para ayudarlos, respondió que, “el gobierno sólo se dedica a hacer millonaria a su gente y tener su propia seguridad y el pueblo no les interesa nada lo que sufra y viva”.

Secándose el llanto recordó que tras salir del Ejército se dedicó a la pesca por seis meses con el fin de junta dinero y poder salir huyendo, “mi esposa lastimosamente falleció y a mis hijos los dejé con dos hermanas mías los cuales saben que voy rumbo a los estados unidos por que empezaron las amenazas”.

El rostro moreno de Fabricio se le iluminó por unos segundos cuando se le preguntó que en caso de conseguir llegar a los Estado Unidos qué haría, respondió que, “primeramente buscar una fuente de trabajo para apoyar y mandar dinero lo más pronto posible para que mis hijos también puedan llegar al país norte americano”.

De manera rápida y sin pensarlo siquiera, el joven moreno de aproximadamente 35 años, con gorra y temeroso incluso de cuando nos acercamos para regalarle unas monedas, dijo que sí tiene miedo de ser deportado por las autoridades mexicanas a su país de origen y provocó que la piel se enchinara al decir: “Prefiero huir aquí y hacer todo el esfuerzo de no regresar a mi país porque sé que si regreso, a las dos horas estoy muerto, estoy dispuesto a correr el riesgo, pero no regresar a Honduras, porque allá no tengo ni una hora de vida”.

Se le recordó lo difícil que es llegar a Estado Unidos por que el presidente ha dicho que va a construir un muro no solamente para que no ingresen los mexicanos a su tierra, sino los colombianos, los de Belice, los venezolanos y los hondureños a lo que respondió: “Yo creo que mientras haya vida hay esperanza y un sueño de estos se trata de vida o  muerte y si en Honduras no me han podido liquidar, con la voluntad de Dios me abrirá las puertas para llegar a Estado Unidos y yo estoy dispuesto a correr este riesgo”.

Finalmente, destacó que lo más importante en la vida es que hay que salir con la frente en alto y batallarle hasta llegar al sueño y nunca rendirse en el camino, “hay que llegar y si uno se propone una meta con la voluntad de Dios, la fuerza y la esperanza, uno llega y lo cumple, es difícil pero nunca hay imposibles”, y se fue por que ya llegaba el tren que marcará su destino.