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Ágora: La estrategia de politizar todo

Politizar el uso del cubrebocas, de los semáforos epidemiológicos, de los datos que suministran diariamente las autoridades de salud, sólo se puede entender desde la lógica de un presidente que cree que el ejercicio del gobierno es no perder votos

Morelia, Michoacán, 23 de diciembre de 2020.- Politizar el uso del cubrebocas, de los semáforos epidemiológicos, de los datos que suministran diariamente las autoridades de salud, sólo se puede entender desde la lógica de un presidente que cree que el ejercicio del gobierno es no perder votos.

Para AMLO ha quedado claro que su prioridad es minimizar hasta lo permitido los efectos económicos y de salud del Coronavirus. A partir de esta premisa, todo debe irse eslabonando en una estrategia oficial que intenta tapar con un dedo el desastre. De ahí que se desprecie el uso del cubrebocas, que se maquillen las cifras y que se rechace de facto todo aquello que pueda contradecir la visión única.

Esta actitud tiene un tinte claramente político, pero la paradoja está en que traiciona el espíritu de la política, que consiste, de acuerdo con los clásicos, en la búsqueda del bien común. Darle satisfacción al gobernado, a través de la implementación de políticas públicas (y no perorando sobre el bien y el mal desde las mañaneras) es la finalidad última del ejercicio del poder.

A contrapelo de sus dichos en contra del conservadurismo, el presidente se ha mostrado más como un gerente que administra su popularidad y los problemas del país, antes que como un estadista preocupado por el bienestar de toda la población.

Contradictoriamente, este afán de no perder la simpatía del elector ya le ha costado votos en varios estados, en los que su partido no pudo competir contra el PRI, que le dio un baño de realidad respecto a lo que puede ocurrir en las siguientes elecciones.

En efecto, el presidente puede presumir que el desplome de la economía no ha sido tan brutal, pero el hecho de que no haya un quebranto notorio, tampoco significa que hoy se esté mejor que hace dos años. De hecho, lo que se advierte es una línea de continuidad, por más que se presuma que ahora hay una mejor conducción de las riendas del país.

Para que todo cambie, para que tengamos un mejor país se requiere algo más que buena voluntad y vehemencia. Se requiere traducir en hechos concretos la transformación real y efectiva del gobierno y no sólo soltar largos discursos sobre lo que se pretende hacer.

Se requiere, en suma, dejar de politizar todo y asumir que el combate a los problemas se realiza atendiendo las causas que lo originan y no maquillando los datos para no perder votos y popularidad. Algo que, por desgracia, no hemos visto.

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