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COVID-19 desemplea a las mujeres (Por: Rubén Alcántar)

Una reciente publicación de la CEPAL, además de resultados que el INEGI ha venido presentando en las Encuestas Nacionales de Ocupación y Empleo, las cuales hacen imposible continuar ignorando estas problemáticas.

Morelia, Michoacán, 17 de febrero de 2021.- Desde hace ya casi un año con todo lo que ha venido ocurriendo nos hemos venido dando cuenta de un sinfín de verdades a voces que solo se ignoraban y que la situación que hoy afrontamos afortunadamente nos obliga a poner especial énfasis en ellas, hoy hablaremos con respecto a una reciente publicación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (la CEPAL), además de resultados que el INEGI ha venido presentando en las Encuestas Nacionales de Ocupación y Empleo, las cuales como mencionó hacen imposible continuar ignorando estas problemáticas.

Dentro de estos resultados nos damos cuenta de algo muy grave, la crisis ocasionada por el coronavirus afecta mayormente a las mujeres, y ello no es coincidencia, desde los mismos resultados de la ENOE y la ETOE en su momento, las tasas de desocupación de las mujeres siempre han sido mayores a las de los hombres, su integración laboral en pleno siglo XXI se continúa viendo relegada, la mayor parte de la Población No Económicamente Activa (PNEA) son mujeres.

Con la llegada del COVID-19 se vieron afectados para ellas 6 sectores económicos principalmente, dentro de los cuales la integración femenina es de vital importancia. Dentro del turismo como bien sabemos repercutió en el empleo de todas las trabajadoras de los servicios de alojamiento y comidas, por supuesto que afectó a las trabajadoras dentro del sector manufacturero, y las auto-empleadoras en el comercio al por mayor y por menor.

Un apartado en el que es innegable la afectación recae en el trabajo doméstico remunerado, el cual para quienes no perdieron su empleo igualmente continúa exponiendo a riesgo a tantas y tantas mujeres dentro de dichas tarea, en salud y educación es más que evidente la dura afectación para el sector femenino, en el primero por la sobreexposición al virus y en el segundo por la importancia de ellas en la labor educativa.

De acuerdo al análisis de la CEPAL en nuestro país sólo el 17.9% de las mujeres se encuentran en un riesgo bajo en materia económica, situándose el 66.2% en un riesgo alto, comparado con el 44.9% de los hombres que se encuentran en mismo riesgo alto, lo cual evidencia la ya muy evidente desigualdad laboral en materia de género dentro de nuestro país. Y las cifras de amenaza siguen, en nuestro país el 29.4% de las mujeres no cuentan con un ingreso propio, quedando rebasados por países como Bolivia, Chile, Paraguay o el mismo Ecuador.

Me quedo mucho con la cita que hacen por parte de la CEPAL en la cual se menciona que “Desde el punto de vista de la igualdad de género es imprescindible superar la segmentación en el mundo laboral y lograr que las nuevas posibilidades de la economía digital vayan acompañadas de la transformación de los roles de género para la efectiva autonomía económica de las mujeres.” Porque la realidad dista mucho de poder alcanzar dicho objetivo.

Nos hemos dado cuenta que la crisis del COVID-19 profundiza la desigualdad y atenta contra la autonomía de las mujeres; aumentando la desigualdad económica y la pobreza, esto se da por razones como su limitado acceso a servicios básicos, por la gran concentración de las mujeres dentro del sector informal y las pequeñas empresas, por como ya mencioné el mayor número de mujeres en desempleo, así como a la poca ayuda de los gobiernos en materia de genero para hacer frente a la crisis.

La división sexual del trabajo es un problema en el que debemos poner extensivo énfasis, dado que es de todos sabido y por la mayoría ignorado que las mujeres se concentran en los sectores con mayor riesgo de contracción como ya mencioné, las mujeres se ven sobre representadas en la primer línea de respuesta a la pandemia, y claro el hecho de que las mujeres se encuentran ocupadas en sectores de baja calificación con lo cual aumenta su probabilidad de pérdida del empleo, además del aumento en la de demanda de los cuidados en el hogar.

Sin lugar a dudas que estas evidentes desigualdades llevan a un problema de fondo más grande, nos llevan al notable aumento en los patrones culturales patriarcales y la concentración de poder masculina, esto tristemente evidencia la grave exposición de las mujeres a la convivencia con agresores o potenciales agresores y aumenta la menor participación de ellas en los procesos de toma de decisiones sobre las respuestas a la pandemia.

La tarea es muy grande y depende de todas y todos nosotros, urge reactivar los sectores gravemente afectados, promover medidas dirigidas al crecimiento en materia de género, debemos prevenir la precarización del empleo femenino, expandir la cobertura de los sistemas de protección social, garantizar el acceso y permanencia de las mujeres al sector laboral, entre otro sinfín de tarea prioritarias, es nuestro deber exigir que se tomen medidas en el asunto y no permitir que la pandemia continúe siendo una problemática de clase y ahora de género, la desigualdad laboral no debe ser parte de nuestra nueva normalidad.

El Censo en Michoacán 2020 (Por: Rubén Alcántar)

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